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DESDE ULTRAMAR

Para la Noche de Reyes, la Epifanía por guía

Marcos Marín Amezcua
jueves 04 de enero de 2024, 20:11h
Actualizado el: 01/04/2024 22:55h

Si el DLE define a la Epifanía como “Festividad que celebra la Iglesia católica el día 6 de enero, en conmemoración de la adoración de los Reyes Magos”, haciéndose eco del sentido de manifestación o revelación de su primera acepción, fiel a la tradición escolástica, e incorpora “Rey mago” entre las referencias de “rey”, apuntando: “en el cristianismo, cada uno de los magos que, guiados por una estrella, llegande Oriente para adorar al Niño Jesús”, no omite en la entrada “rey” inscribir “Epifanía” sin más, siendo una desilusión, también dígase, que no se incluya la expresión “Noche de Reyes” de toda la vida ni en ‘rey’ ni en ‘noche’, que no por ello mengua o se estropea la fascinación y expectación que rodean a tan singular y sin parigual ocasión que es la víspera de Reyes, aquella correspondiente a la noche del 5 de enero, ensoñación única a lo largo del prolijo calendario.

Y, pues, helos aquí de regreso como cada año, al ubicuo y unimismado trío de soberanos jinetes de luenga tradición, puntuales, sobresaliendo y enseñoreando su sinecura, dispuestos ya, aupados en sus alhameles de legendarias y características cabalgaduras enjaezadas, caparazonadas, revestidos de ricas y chispeantes gualdrapas y cuyas grupas espigadas y distintivas, aun si apareciese un robusto elefante, apuran pausadamente sus pasos poniendo fin a su periplo, aproximándose con su cauda de presentes y su estela de esperanza prodigada, mientras ellos derrochan su majestad atildada de ilusión y el ensueño propios de la temporada y exaltados por tantos y tantos creyentes, esparciendo los celebérrimos monarcas generosos su alegría y gratitud, rechazando demudar su quintaesencia, pues son lo que son y se espera de ellos lo que inequívocamente diseminan, acompasándolo con su silueteada percha mayestática de fulgurantes ropajes divisada en lontananza. He dicho alguna vez que es mi festividad favorita.

Así pues, para una Noche de Reyes, la Pascua de la Epifanía resplandece en su inquietante retorno anual, en su inmemorial exteriorización popular, manifestándose con su elocuente mezcla de misticismo y algarabía, su aparejado exotismo y su penetrante y aleccionadora significación, la más acendrada y profunda, proficua para el espíritu y la renovación de la fe. La Epifanía ha de ser altitronante, está bendecida, que nadie lo olvide ni la trivialice. No solo es la magia que encierra la esperada llegada de los 3 Reyes Magos y la resultante algazara que emana de los chiquillos, sino esa revelación a los paganos, o ya sea que rebosan los desfiles y cabalgatas en honor de sus Majestades de Oriente o cuando descubren en la ansiadísima jornada del 6 de enero, con solo romper el día, sus esperados obsequios y finezas junto al calzado colocado ad hoc, pues nadie pretende desubstanciar el ritual y usanza que reclaman su disposición receptora de tales dones.

Los Magos, que ya lo de reyes se verá…y su calidad y condición conferida de santos es lo que esclarece su sobrenatural poder y su prodigiosidad. Los Magos así son aludidos por San Mateo y, en general, por todas las traducciones revisadas por menda en plan recopilador y no de exegeta, y pienso si acaso podrían renombrarse como sabios, tal y como con aparente mayor acierto los retoma la lengua inglesa ([Three] Wise Men). Quizá. Y en esa danza de traducciones del arameo al hebrero pasando al griego y al latín y de allí saltando a las lenguas vernáculas con sus giros y matices, idiosincrasias e intereses a resaltar según cada una, me conducen este año a poner el acento en la variedad de intitulaciones del conocido pasaje bíblico y de los vocablos expresados para referirse al efecto que provocó su pregunta al indagar por el recién nacido rey de los judíos. A la frase que enuncia la Biblia Latinoamericana (católica) precediéndola el título “De Oriente vienen unos Magos”, y que apunta “Herodes y todo Jerusalén quedaron muy intranquilos con la noticia”, otras versiones le imprimen mucho más y adecuado dramatismo que no implica descartar un desbarajuste narrativo.

Así, las ramas protestantes, particularmente, apuntan de manera reiterada frases como esta: “Oyendo esto, el rey Herodes se turbó y toda Jerusalén con él” cual se lee en el fragmento intitulado “La visita de los Magos” en la versión de las Sociedades Bíblicas Latinoamericanas. Por la misma, idéntico lo anuncia la versión recogida en el llamado El Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo con Salmos y Proverbios, de los gedeones. Para la “Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras” conocida como la Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania, sin antecederla título a esa historia, optando por ‘homenajearle’ en vez de ‘adorar’ al Niño como fue la intención de aquella tríada, registra “Al oír esto, el rey Herodes se agitó, y toda Jerusalén junto a él”, mientras que la Biblia de Jerusalén (católica) precisa “el rey Herodes, al oírlo, se sobresaltó, y con él toda Jerusalén” como puede leerse en el apartado “Adoración de los Magos”. Y una Biblia adventista que remite a la afamada de Reina-Varela, que así también lo anota, escribe: “Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él”. Por su parte, un libro traducido al español y que describe los antiguos mosaicos de la Vida de Jesús en la llamada Biblia de Tbilisi, traduce: “al oír esto, el rey Herodes se inquietó y toda Jerusalén con él”. Acotemos que en la Biblia ortodoxa rumana se utiliza el mismo verbo, turbar, como me lo facilitó a pregunta expresa mi amiga Marcela Croitoru desde Bucarest, a quien se lo encarezco.

Nos resta aludir a expresiones y remembranzas valiosas alrededor de esta fecha tan señalada. La citada Biblia de Jerusalén pone al pie de página: “(en los dones) los Padres ven simbolizados en ellos la Realeza (oro), la Divinidad (incienso) y la Pasión (mirra) de Cristo. La adoración de los Magos da cumplimiento a los oráculos mesiánicos sobre el homenaje de las naciones al Dios de Israel”. En la misma tónica, el papa Francisco explica en su Carta Apostólica Admirabile Signum. El hermoso signo del pesebre: “Cuando se acerca la fiesta de la Epifanía, se colocan en el Nacimiento las tres figuras de los Reyes Magos. Observando la estrella, aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones: oro, incienso y mirra. También estos regalos tienen un significado alegórico: el oro honra la realeza de Jesús, el incienso su divinidad; la mirra su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura.” Y Añade: “Los Magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo […] No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo”, una idea que también otros remarcan acerca de que el Niño derrota al paganismo, a la magia, a la superchería en su irradiar la fe verdadera en el verdadero Dios, contrastando tales posturas con la opinión del teólogo católico Raymond E. Brown, quien en su obra El Nacimiento del Mesías, desmenuzando el evangelio mateano, asevera: “(de los magos) no se alude en absoluto a una conversión ni a prácticas falsas; son personas admirables. Representan lo mejor del saber y de la religiosidad pagana (sic), que los llevó a encontrar a Jesús a través de la revelación natural”.

Termino con los preciosos apuntamientos hacia los Magos, incorporados por San Efrén de Níbisis en el siglo IV en sus Himnos de Navidad y Epifanía, y particularmente en los de Navidad inscribió dentro del Himno VI: “obtuvo voz toda la Creación y lo anunció. Los [magos] aclaman con sus obsequios”. En su Himno XXII, testimonia: “(Tu rayo) le arrebató la adoración que el fuego tributó a tu nacimiento. Los magos que se prosternaron ante ti, abandonaron el [fuego] y adoraron a su Señor, cambiando el fuego por el Fuego. Bendito sea el que nos bautizó con su luz”. Y acota: “te ha adorado el oro de los ídolos [….] ese que no tenía utilidad alguna para los vivos […] el incienso que se ofreció a los demonios [te] adoró [en] tu nacimiento […] en lugar de [permanecer] en el incensario del error […]. La mirra te adora […] los ídolos impuros fabricaron aromas impuros […] por ti adquirieron […] su fragancia en el óleo en que María te ungió. Bendita sea tu fragancia que nos proporcionó bienestar”.

En el Himno XXIII, consignó: “se alegraron los magos desde lejos, lo anunciaron los escribas desde cerca […]. Los escribas mostraron la explicación, los magos enseñaron sus ofrendas. Es una maravilla cómo se apresuraban los más próximos hacia un solo niño con sus espadas, y los forasteros con sus obsequios. Bendito sea el niño que revolucionó a todo el mundo”. En el XXIV, dispuso: “cuando los magos recibieron el mandato de buscar al [Niño] escribieron que habían visto aquella estrella luminosa y se alegraron. Anunciaron que se había ocultado. Y por eso se alegraron por su visión. Se escondió de los impíos, se levantó y atrajo a los adoradores. Expulsó a unos y llamó a otros. Bendito sea el que venció a todos”. Y agrega: “Mientras los honrados magos dormían […] vieron al asesino y se asustaron, pues acechaba de cerca con su astucia y con su espada […] el [ángel] vigilante puso en guardia a los durmientes. Bendito sea el que hace sagaces a los sencillos”. Pues eso, interiorizado, disfrute usted de la Epifanía con otra mirada y con un corazón luminoso, esplendente, renovado.

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