Año nuevo, vida nueva. Una libretita para apuntar cosas, un diario estoico para todos los días tener una frase para reflexionar, una pesa rusa de diez kilos para todos los días antes de ir al trabajo hacer unos cuantos squatjamps, un reto de treinta libros anuales en Goodreads…
Veinte veinticuatro empieza bien hasta que ejercito el pulgar bajando vídeos absurdos en el móvil. Hay uno en concreto en el que me paro. Es un chico como de unos dieciséis años vestido de media etiqueta típica de nochevieja. Es de noche. Mira a la cámara y dice: “este vídeo va para cabezazos.dar”. El chaval toma carrerilla, da un salto y ¡zas! Golpe con una señal de tráfico. Obviamente le doy a seguir y ante mí pasan decenas de vídeos de gente repitiendo la misma fórmula. Contra una nevera, contra la mesa, contra una pared de ladrillo de piedra, contra un caldero de metal que queda totalmente aplastado… Leches con más o menos carrerilla, con más o menos ímpetu. Zambombazos plásticamente hablando impecables. Algunos inesperados, todos sonoros, reverberantes. Chicos y chicas, niños y niñas, alguna cabeza peinando canas antes de darse el golpetazo contra una puerta metálica. Golpes y más golpes, hipnóticos, magnéticos, sugestivos. ¿Ha vuelto el poder del absurdo con fuerza y está ante nuestros ojos, en nuestros dispositivos?, ¿surge este movimiento como reacción a los horrores de las guerras de nuestros días, tal y como sucedió con el dadaísmo? ¿Hay sátira y crítica social detrás de cada uno de esos golpes?
La respuesta es no.Nada. El vacío.
No hay en nuestros tiempos Hugos Ball ni Tristanes Tzara. La disrupción aburre y exige un compromiso que va más allá del minuto escaso que dura la preparación, la grabación, el golpe y la subida del vídeo a la plataforma. Los anónimos organizadores envían comunicados en los que afirman estar saturados de tantas colaboraciones. Hay gente que se golpea y lo considera un logro, algo por lo que presumir. Se presentan orgullosas de que su short storie sea el más bestia, el más visto, el más viral. Y luego, por supuesto, a reproducirlo porque mola y ya está. Busquemos una persiana metálica y esperemos a que se haga de noche. Tú grabas y yo hablo y luego me golpeo. El primer paso hacia la inmortalidad; a besar las alas de los dioses de la confusión. Hemos nacido para esto, ¡golpeémonos más y más fuerte!
¿No, nada, el vacío? Relativicemos.
No hay un giro hacia la negación, sino que la negación también se niega, sin embargo, puede que no haya tanto vacío en esto que les cuento. Pienso en Aristóteles: «las virtudes no son ni pasiones ni facultades, son modos de ser». La razón frente a la moderación de la conducta. El no poder moderarla hace perder la razón según lo que entendemos como ética.
Libertad personal. Sartre ha explorado la idea de la libertad individual y de la responsabilidad de nuestras elecciones, aunque no necesariamente abogando por la violencia intrínseca que dar cabezazos a un portón metálico de madrugada en un pueblo de Ávila conlleva.Estos individuos existen y se definen por sus acciones, elecciones y experiencias. Son diferentes antes del golpe que después, y usted y yo tampoco somos los mismos antes que después de verlos y ser conscientes de la ansiedad e incertidumbres inherentes a la libertad de elección, y, por tanto, de elegir darse un cabezazo contra algo duro en público mientras es retransmitido sin tener, aparentemente, contraprestación por ello. Kant también tendría algo que decir al respecto cuando aborda la cuestión del libre albedrío en su "Crítica de la razón pura". Argumentó que la libertad es una condición necesaria para la moralidad y la responsabilidad moral, y que la reflexión sobre las opciones es central para la autonomía.
Factor psicológico: James abordó el libre albedrío en el contexto de la psicología de la voluntad. Él argumentaba que la experiencia subjetiva de tener opciones y tomar decisiones es fundamental para comprender la libertad de elección. Golpearse la cabeza y compartirlo no deja de conllevar cierto proceso psicológico complejo. ¿Es la sociedad culpable? ¿Ha educado la sociedad para ello? La sociedad si lo ha hecho, teóricamente mediante el sistema educativo, en cuanto a fomentar la lectura, el gusto por el arte, la convivencia, el rechazo a la violencia, la autoestima y el bienestar emocional… sin embargo todos estos aspectos saltan por los aires en cada cabezazo consecuentemente ejecutado y compartido. Edward L. Deci y Richard M. Ryan sostienen en la Teoría de la Autodeterminación que las personas tienen una necesidad intrínseca de autonomía y autodeterminación en sus acciones. La autonomía implica la capacidad de elegir y tomar decisiones de acuerdo con las propias metas y valores. La satisfacción de esta necesidad intrínseca contribuye a la motivación y al bienestar psicológico. El golpe satisface en cuanto a meta y valor; pero también entra en juego la Teoría de la Racionalidad Limitada, la cual argumenta que, debido a las limitaciones cognitivas y de información, las personas no siempre pueden tomar decisiones completamente racionales. La libertad de elección se ve influenciada por factores externos y las capacidades cognitivas limitadas del individuo. ¿esa limitación cognitiva y de información es también a causa de las deficiencias del sistema educativo y de la escala de valores construida por cada individuo a causa de su educación? Yo digo que sí.
Me quedan en el tintero varias ideas. No sé si la Psicología Existencial de Víctor Frankl y su logoterapia podrían esgrimirse aquí o ser comparadas con sus dificultades vividas y narradas en El hombre en busca de sentido. Desconozco si la Psicología Humanista podría hacernos callar indicándonos que no tenemos nada que reprochar si estos individuos se autorrealizan golpeándose la cabeza, encontrando así su “yo verdadero” o si, según la Psicología Cognitiva y los enunciados de Kahneman y Tversky, en realidad todo se debe a un error de juicio y a un conjunto de decisiones irracionales llevadas a cabo por el deseo de pertenencia a un grupo en concreto en un momento determinado. Nos sentimos solos y hacer el pijo crea comunidad. Bienvenidos a dos mil veinticuatro… perdón, a veinte veinticuatro.
Reflexionen sobre todo esto. Busquen el reto viral del momento y sorpréndanse o no, asúmanlo. Yo me voy a hacer unos cuantos squadjamps, a leer mi reflexión estoica del día y a ponerme un poco de hielo en la frente, porque, aunque parecía que no había sido muy fuerte,esto duele.