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TRIBUNA

Golpear una piñata es una tradición y nunca un delito de odio

Guillermo Rocafort
lunes 08 de enero de 2024, 19:25h

En los cumpleaños de mi infancia se impuso una tradición mexicana consistente en moler a palos una piñata repleta de golosinas, hasta reventarla del todo. No basta con dañarla; a la Piñata hay que romperla, partirla, y sólo hasta que llega este momento, se para en dicha actividad.

Una familiar que estuvo muchos años en México viviendo era la que se encargaba de preparar la piñata de mis cumpleaños, un proceso artesanal y dilatado en el tiempo, donde todos los detalles giraban en la correcta preparación de la misma, al objeto de maximizar el disfrute del cumpleañero y de todos los participantes en el evento familiar.

Golpear una Piñata en sí es un acto que bajo una apariencia superficial de violencia esconde en su esencia un acto eminentemente estético, es decir, de gozo supremo que alcanza su éxtasis cuando la Piñata se rompe y caen de ella todo tipo de chucherías, juguetes y otras sorpresas a las que se lanzan con fruición todos.

No hay odio en golpear una piñata, sino esfuerzo, afán y habilidades de los que participan en el juego; y tanto es así que la piñata se convierte en el momento más álgido de los cumpleaños tradicionales, a la par que el momento de la entrega de los regalos al cumpleañero, y es precisamente el que consigue reventarla, el que se lleva gran cantidad de parabienes, porque no es nada fácil. Se podría decir que es una especie de deporte que se realiza en los cumpleaños, una actividad al aire libre que combina la pericia con la fuerza, y que, como los grandes triunfos, suele ser recordada año tras año.

En el país de México incluso está instalada en la arena política, y no es inusual las cenas de Navidad donde incluso representantes electos a nivel nacional lo usan para manifestar sobre todo su rechazo hacia figuras públicas con las que no están de acuerdo.

En ese ámbito de golpear a las piñatas de sus oponentes políticos se mueve como pez en el agua el aliado político del PSOE en México, el PRD (Partido de la Revolución Democrática), y entre sus piñatas más destacadas en sus cenas de Navidad se encuentran Donald Trump e incluso el actual presidente Andrés Manuel López Obrador, que son golpeadas con saña por senadores y congresistas de ese partido, como se puede ver en los enlaces.

Incluso en este país se realizan multitud de Concursos de Piñatas con el objeto de conservar y premiar estas tradiciones entre los más jóvenes.

Hay un elemento de sana crítica política en dicha actividad porque incluso hasta los indicados cargos electos, y los representados, saben discernir que dichos golpes se limitan única y exclusivamente a dicho acto festivo – navideño, algo que además se proyecta con fuerza al otro lado del Pacífico, como por ejemplo, el Japón, donde las empresas habilitan espacios para los trabajadores donde pueden relajarse lanzando dardos contra las imágenes de sus jefes, en aras de conseguir un equilibrio emocional que les permita soltar tensiones y recelos laborales, y todo ello sin que dicha actividad perjudique la relación empresario – trabajador.

Sin embargo, aquí en España, dándose los mismos supuestos de hecho o análogos que en los países descritos, el Gobierno de Pedro Sánchez, en su afán victimista, ha movilizado toda su estructura policía y de acusación pública en aras de señalar infinidad de delitos por dar unos palos a una Piñata en Ferraz.

Más les valdría mirar fuera de nuestras fronteras para darse cuenta del ridículo que están alcanzado para cesar ya en semejante disparate, hasta reconocer que la Piñata y objetos similares son una Tradición muy extendida en amplias zonas del Mundo.

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