www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Socías Humbert y la memoria catalana

Ángel Duarte
x
aduarteelimparciales/8/1/8/20
martes 04 de noviembre de 2008, 20:21h
La sociedad catalana, esa entidad a la que se le atribuye la perplejidad como rasgo definidor, está dando sepultura, mientras escribo estas líneas, a uno de los hombres que hizo posible la Transición desde Barcelona. Nacido en 1937, José María Socías Humbert llegaba a la alcaldía de la ciudad condal en 1976. El momento era apasionante. Sucedía en el cargo a Joaquín Viola Sauret y lo hacía tras la muerte de Franco. Era, dicen las crónicas, un hombre de Rodolfo Martín Villa. Lo venía siendo desde los tiempos en los que, siendo procurador sindical en las Cortes franquistas y desde su cargo de responsabilidad en la Central Nacional Sindicalista de la capital catalana, tuvo que hacer frente a la movilización sindical en el tardofranquismo. Como pueden imaginarse, desde el momento en que empuñó la vara municipal no lo tuvo fácil. Tenía, como casi todo el mundo en esos momentos, un problema de legitimidades. Había una que se diluía lentamente y otra que emergía con dificultades. Bien, no es un mal momento para recordar que algunos pagaron esa circunstancia con su vida, para constatar que la sociedad catalana estuvo en el borde del precipicio.

El citado Viola y su señora serían asesinados, en enero de 1978, por militantes independentistas que querían crear algo equivalente a una ETA catalana. Antes, en mayo de 1977, había caído por el mismo brutal procedimiento, el de la bomba adosada al pecho, el industrial José María Bultó. A pesar del talante conciliador que mostraba, Socías fue zaherido en la época por la oposición democrática. Entraba dentro de lo lógico; incluso, diría, de lo necesario. Lo que era una anomalía, y un riesgo del que la sociedad catalana se salvó por los pelos era lo otro, la brutalidad terrorista. En 1979 surgía, de esos materiales, Terra Lliure. A renglón seguido, el tiro en la rodilla ponía al corriente, en la persona de Federico Jiménez Losantos, a quienes ponían en cuestión la política cultural y lingüística de los nuevos tiempos.

Ha transcurrido el tiempo. Socías fue senador por designación real entre 1977 y 1979 y, a renglón seguido, tuvo la oportunidad de aproximarse a los medios socialistas catalanes y de recibir, este mismo año de 2008, el reconocimiento público de la Generalitat. Se le concedió la Cruz de Sant Jordi por el impulso urbanístico que propició el desarrollo de la ciudad, así como por la introducción de un estilo de gobierno municipal próximo a la ciudadanía. Bien está. Menos decente, me refiero para la sociedad catalana, resulta que otros protagonistas de esos años no tuviesen ocasión de repensarse. Viola se definía en una entrevista, poco antes de su muerte, en términos de demócrata cristiano y de personaje honesto que no se benefició, patrimonialmente, de su paso por las instituciones. Bueno, como todo en este mundo sería discutible. Si no fuera porque dejó de serlo una fría mañana de invierno de hace más de treinta años.

¿En qué punto estamos en el momento de las exequias de Socías? La Generalitat concede la Cruz a Socías. Excelente. Ahora bien, al mismo tiempo se cuela en la programación de la televisión autonómica algún canto a los viejos militantes de Terra Lliure, o algún ayuntamiento catalán no duda en dedicar alguna de sus calles a cómplices en el asesinato de Bulto o del matrimonio Viola. Mientras tanto, Jiménez Losantos sigue a lo suyo, y, me han asegurado, un nada despreciable número de oyentes por estas tierras.

Ángel Duarte

Catedrático de Universidad de Gerona

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios