De cómo la estrella de turno del Real Madrid está en el punto de mira para ser blanco de las iras y frustraciones de sus rivales.
Esta semana en nuestro querido, y por qué no decirlo, cada vez más exitoso programa de deportes nocturno en Radio Intereconomía, Disidencia Deportiva, uno de nuestros colaboradores ha ocasionado un gran revuelo en redes sociales al tildar al delantero del Real Madrid como el jugador “más asqueroso”, “para sus rivales” matizó, que había visto en sus 50 años como aficionado…del Barcelona, eso sí.
Las reacciones, algunas muy críticas con el programa, otras muy positivas, se cuentan por varios cientos de miles. Tanto la personas que apoyan sin ambages el adjetivo vertido como las personas que, acaso sin llegar a tanto, tienen un mal concepto del jugador brasileño, centran su crítica en dos aspectos: por un lado su juego y por otro su personalidad y reacciones.
Voy a tratar de explicar por qué creo que están equivocados en su idea y en la forma de expresarla. Respecto a su juego le afean, unos con más educación y/o criterio que otros, fingimiento de caídas, provocaciones y hasta insultos. En cuanto a su personalidad, protestas, chulería, falta de humildad... En mi opinión, y la hago extensiva corporativamente al programa, cada uno de esos defectos es más que rebatible y en muchas ocasiones, utilizando un símil jurídico, susceptible de reconvención.
Me explico punto por punto: no es un jugador que finja caídas continuamente, de hecho hay pocas polémicas por ello, aunque a la velocidad y en la zona del campo que realiza sus acciones, es muy sencillo desequilibrarle, y en ocasiones no lo es tanto distinguir si es por la inercia de su acción o por la obstaculización del contrario. Respecto a las provocaciones, por más que intento ponerme en la piel de los que lo denuestan, no acierto a verlas, salvo que así se consideren algunos regates o taconazos que, por más que puedan verse innecesarios, son parte del juego.
Lo que sí veo de manera habitual, quizás demasiado, es su respuesta a las provocaciones que recibe. Este sí es un aspecto que debe mejorar, y me consta que el staff del Real Madrid está en ello; no hay más que ver las declaraciones públicas de su entrenador, Carlo Ancelotti, que lejos de obviar o justificar algunos detalles, le ha reprendido públicamente. Respecto a los insultos, y siendo observado con la lupa pública e infinidad de cámaras de seguimiento, no le he visto emitirlos: imaginad el escándalo… y la sanción que habría recibido (más con la estructura arbitral contaminada que pervive).
En lo referido a su personalidad también diferenciaré: su forma de ser es locuaz, dicharachera… característica que en el nivel en que desarrolla su profesión no es fácilmente aceptada, muy especialmente por sus rivales y por los irreconciliables de la institución a que pertenece (“antimadridistas”). Es protestón, sí, es su personalidad, diría que muy potenciada por su estilo de juego: recibe habitualmente muchas patadas (la pasada temporada fue el jugador de las 5 grandes ligas que más faltas recibió), puntualmente agresiones y, lo que es más importante, al ser, al menos hasta la llegada de Bellingham, el referente en el campo del Real Madrid es el blanco (nunca mejor o peor dicho), de todas las animadversiones. Este es realmente el motivo subyacente a la inquina que genera y el acecho del que es objeto: no el pretendido racismo, sino su forma de ser o de hacer en el campo y el club al que pertenece. Que se considere chulería o falta de humildad besar el escudo de su equipo parece un tanto excesivo, muchos lo hacen y nadie lo afea. Dicho esto, en su nivel mediático yo le recomendaría que redujera al mínimo la interlocución con rivales y árbitros, e incluso esos gestos, por más que sean positivos en sí: el mundo reaccionario los va a convertir en malignos.
Puedo comprender que caiga mal, las referidas inquina y animadversión, rabia, incluso envidia, ese pecado tan español, por parte de los aficionados e incluso jugadores y técnicos rivales, pero tildar de “asqueroso”, con los apellidos que sea, me parece, además de insultante y exagerado, irreal, incorrecto e inmerecido, por muy rival (deportivo) que sea. Es lo que tiene la “cultura” anti, lo distorsiona todo hasta el punto de perder la perspectiva y por supuesto el punto de razón que se pueda tener...
Otro día hablaremos de los jugadores más desagradables en su comportamiento en los últimos 50 años, hay fantásticos y variados ejemplos, pero ninguno de ellos merece ser considerado, y menos denominado, “asqueroso”, amén del resto de “lindezas” irreproducibles que encaja cada día el bueno de Vini.
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