www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Alta y rubia

Juan José Vijuesca
miércoles 24 de enero de 2024, 19:02h

La ministra María Jesús Montero, quizás llevada por la marea gallega en temporada electoral, ha cruzado la línea roja de lo recurrente. Ha destapado su ideal de figura femenina si la fuera posible de conseguir, pero claro, complicado empeño a menos que la lámpara de Aladino se cruce en la suerte de los inesperados y remotos encuentros. Lo digo desde el máximo respeto porque los sueños atávicos sobre el canon de belleza son algo muy personal y cada cual es libre de ordenar su propio cuerpo como mejor disponga.

El físico que viene de serie es el que es y aunque algunos vengan con falta de compás, hay quienes con su chasis serpentean como una anguila hasta conseguir una línea más o menos llevadera. Sin embargo, como la imagen reverbera con los años, conviene alabar las virtudes más que el talle o el rostro porque el tiempo, como digo, nos confirma en hora y gracia de las inevitables mermas.

Cierto que luego están esos otros detalles de la genética con la cosa de los parecidos, enojosas costumbres de siempre: “la nariz es toda de su padre” “la barbilla lo es de su madre” “los ojitos son iguales que los de su bisabuelo Arcadio, que en paz descanse” Y así hasta que el recién nacido coge un berrinche de espanto. Me contaron que en cierta ocasión le presentaron al conde de Ajonjolí a su último nieto recién nacido. El undécimo de la colección: -Señor Conde, tenemos el honor de mostrarle al nuevo vástago de la familia. Una guapura de niño. El conde miró de reojo y exclamó: -¡Por Dios, otra nueva derrama extraordinaria!-

Por eso digo que la belleza es sinónimo de complejos para muchas y muchos. Asunto que hoy en día está agravado por una cuestión de cánones que han asaltado tanto a jóvenes como a adultos, e incluso a miembros del gobierno que rivalizan con sus propios ideales agrietando hasta la doncellez del lenguaje inclusivo tan encopetado por el manual de Moncloa, como si la buena educación y el respeto hubiera sido inventado por los hoy llamados en nueva jerga: “iluminados para el bien de la humanidad”. Más he aquí que regreso a la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, pues se ha dado a la feria del vituperio burlándose del jefe de la oposición en modo de sufragio gallego: “Dice Feijóo que podría ser presidente si quisiera. Ya, claro, y yo podría ser alta y rubia” Y las risas pesebreras echaron el resto.

Más no se es bella por color de pelo ni estatura, pues el agravio comparativo de la señora ministra, aun siendo grave, lo es más por la desigualdad respecto al conjunto de mujeres, que siendo su pelo moreno o nívea su caballera, quedan excluidas de pureza de raza según el canon de su Señoría. Preocupa a su vez, también, el requisito de la altura para cuantas féminas, que no dando la talla mínima, se verán excluidas de la idealizada casta. Creo que el buen feminismo debería hacérselo mirar a la señora ministra cuanto antes por aquello del pensamiento y la obra, por si acaso.

Más su Señoría no ha dejado a los calvos sin su mejor pencazo al referirse en tono despectivo a Miguel Tellado, portavoz del PP en el Congreso: “…..ese hombre de gafas, el que tiene menos pelo”. Y claro, es inevitable el traer de nuevo a colación el menosprecio porque un servidor no es que se sienta calvo, es que mi calvicie limita al norte con el Mar Cantábrico y los pirineos que la separan de Francia; al Este con el Mar Mediterráneo, al Sur con el mismo mar; y al Oeste con Portugal y el Océano Atlántico. Es decir, que mi calva es ampliamente visible desde los cuatro puntos cardinales. Me siento honrado por ello y me alegro de que usted, doña María Jesús, no sea ni rubia ni alta, porque Hacienda no es lugar especialmente glamuroso, de hecho hay quien define a la institución como la casa del terror.

Resignación cristiana, señora ministra, no idealice a la mujer como antaño lo hacía el cine español con aquellas suecas altas y rubias marcando relieves por Benidorm junto a Alfredo Landa, José Luis López Vázquez, Mariano Ozores o Manolo Gómez Bur. Eran otros tiempos y también otros cuerpos. Un servidor, al menos, no aspira a ser Brad Pitt, aunque los calvos también tenemos nuestros días de buen hacer. Para que luego digan de igualdad.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (23)    No(0)

+
0 comentarios