En efecto, el gobierno federal mexicano ha extinto la agencia de noticias Notimex, con arreglo al decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el pasado 21 de diciembre de 2023. Puede consultarlo aquí.
Es la consecuencia lógica de una mala gestión heredada –sí, priistas, ese pasado priista, aunque les fastidie recordárselos– que terminó como no podía ser de otra manera, anquilosada tal agencia por un sindicato de corte priista que, como suele pasar, pudre todo cuánto toca. Y conste que el sindicalismo es estupendo, pero no cuando está en manos del PRI que lo usaba para sostener su corporativismo y con líderes estúpidamente millonarios a costa delos agremiados y del erario, ubres que no se cansaron de mamar. Ahí están Elba Esther Gordillo o Carlos Romero Deschamps, eternizados en sus puestos, por si se atreven a negarlo. La titular de la agencia no se doblegó al sindicato que asfixió a la institución buscando prebendas indecibles, porque nunca quisieron limitar su voracidad.
Así, se puso fin a una situación que se volvió un callejón sin salida y qué si se mira con detenimiento y denuedo, supuso que el gobierno mexicano no se dejó doblegar. Preferible extinguir la agencia que entregar lo que el sindicato pedía, pues no tenía llenadera y Notimex fue desfalcada como todo el Estado mexicano en el sexenio priista 2012-18 y aún así, querían más. Sí, se pierde un activo, pero México no tiene porqué seguir alimentando cotos priistas y considero que el responsable final y directo del cierre es el PRI, que pudrió la agencia en sus sucesivos gobiernos y cobijado sindicato.
Surgió la susodicha agencia como una causa noble, necesaria de atenderse: cubrir los Juegos Olímpicos de México de 1968 bajo la certera lógica de que se difundiera la versión mexicana, aquella de los anfitriones y lo consiguieron, pues, además, atinaron en lo que sospecharon sus creadores: el mundo cubrió lo que quiso y como quiso de los aludidos JJ.OO. apartando a México, pero Notimex enriqueció la mirada con sus propias historias. Pasada la justa olímpica, la agencia prosiguió y bajo el priato fue caja de resonancia de estólidos discursos de ilustres priistas mediocres conocidos como presidentes de la República, de origen priista. Cuando el PRI privatizó medios públicos en los años noventa, perdonó a la vetusta Notimex, pues era el altavoz del gobierno priista hacia el mundo.
Nunca se negó que esta agencia de noticias era vocero oficial del gobierno mexicano. El reto hubiera sido deslindarla y eficientarla. Que se sepa, jamás se consiguió para dotarla de mayor credibilidad.
Sí, recuerdo sus despachos solo publicados en medios mexicanos, lanzando urbi et orbi que el presidente mexicano priista dio un discurso el día de la foca o que se asomó a un balcón, como si al mundo le importara lo que hacia un priista, bien conocidos por corruptos. Nunca supimos los ciudadanos de a pie que al mundo le importara de verdad lo que difundía la esforzada agencia. De ahí que, además, nunca cortó con el oficialismo de turno. Y eso siempre la desacreditó, cosa distinta a la agencia EFE, que se mantuvo, se deslindó y acrecentó y es lo que es, hoy. Sí, cuando México tuvo algunos momentos estelares –devaluaciones, nuevo presidente, el terremoto del 85 o mundiales como el de 1986, Notimex refulgía y se esmeraba. Pasaba el episodio fugaz y todo volvía a ser la soporífera caja de resonancia y de burda propaganda de los gobiernos priistas.
Se dice de ella que se llenó de gente nada profesional. No nos extrañe, todo lo que toca el PRI lo pudre, aunque ahora dice en comerciales que saben gobernar y nos aseguran que dan resultados. ¡Ja! Dan y dieron malos resultados, conviene apuntar, para enmendarles la plana, nuevamente.
La verdad es que bajo los gobiernos del PAN (2000-2012) no cambió demasiado su rol y cuando infortunadamente regresó el PRI con el impresentable de Peña Nieto, que nos salió carísimo semejante error, solo reacomodó las piezas para consagrar un priismo nato y la agencia informativa siguió jugando su papel tradicional.
Cuando la izquierda llegó al gobierno en 2018, colocó al frente de Notimex a la periodista Sanjuana Martínez, simpatizante del grupo en el poder. Para mí, ha tenido que bailar con la más fea: un sindicato de tradición priista al que se documentó sus excesos, sus trapacerías, los despilfarros brutales señalados aludiendo a ciertos corresponsales en el exterior que se la vivían plácidamente a costa del erario y con pírrica aportación. Su inaceptable vida de reyes o cobraban lo indecible para tan pobre resultado. Ya sabe, el amiguismo priista de siempre campeando a sus anchas, saqueando a México sin hartarse. Para presionar y que cesara ser exhibido tal sindicato, se fue a la huelga y la agencia tuvo que parar. La agencia improductiva se volvió doblemente cara, manteniendo un organismo que no aportaba. Ya extinta, su titular acusa sin pruebas, que se la presionó para desviar dinero a la campaña presidencial de la morenista Sheinbaum. Aunque sea apetitosa la nota, las pruebas no aparecen.
Sanjuana Martínez resistió todos estos años el embate de medios y periodistas priistas que no le perdonaron haberse enfrentado a sus tentáculos sindicales. Para ella, mi absoluto reconocimiento por ese rubro. Todavía que el putrefacto PRI se acabó y heredó ese cascarón, se ponía retobón. Es normal su visceral desvergüenza.
Ni hablar, se acabó la mentada agencia que ya el PAN había planteado extinguir en su oportunidad. Dudosamente, las demás agencias informativas la extrañarán. A todo esto, recuerde que ese mismo PRI es el que apoya a Gálvez y quiere regresar de su mano. Tómelo en cuenta. A mí no me hace falta que regrese.