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EDITORIAL

Pedro Sánchez impone en el PSOE el grito falangista "prietas las filas"

EL IMPARCIAL
viernes 26 de enero de 2024, 08:28h
Actualizado el: 26/01/2024 13:32h

La aprobación de la ley de amnistía y, en unos meses, la autorización para que se celebre un referéndum de autodeterminación en Cataluña son las principales exigencias de Puigdemont para mantener su apoyo a Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno seguirá en La Moncloa mientras cumpla sin pestañear con los requisitos del prófugo de Waterloo. Pero está cavando su tumba política. No saldrá indemne después de cometer tales tropelías.

En el PSOE se multiplican las críticas y se ha abierto una brecha entre los fieles que quieren seguir en el poder a cualquier precio y el resto de los socialistas. El rechazo rotundo va desde los históricos como Felipe González o Alfonso Guerra hasta los barones actuales como Lambán y, en especial, García Page. No sólo denuncian la deriva hacia el abismo del histórico Partido Socialista. También las consecuencias de estos pactos para el futuro de España y del propio partido. Porque después de Sánchez, al PSOE le costará recuperarse de la devastación que dejará.

Pero, como Stalin o como Franco, Pedro Sánchez no consiente las disidencias internas de los socialistas. El caso de García Page es el mejor ejemplo. Ante las críticas del presidente de Castilla La Mancha a sus pactos con los separatistas, el presidente del Gobierno ha encargado a sus ministros salir en tromba contra él con insultos. El propósito no es otro que achantarle con la amenaza de ser expulsado del partido como ya ocurrió con Nicolás Redondo. Porque en el PSOE actual se impone el grito falangista de “prietas las filas”, lo que ellos llaman “remar en la misma dirección”. La coartada es la de siempre: el enemigo es el PP y su deriva hacia la ultraderecha. Y con este falso argumento, todo está justificado. Como dicen los ministros, España ha votado un Gobierno progresista para que no gobernaran el PP y Vox. “Un gobierno progresista” formado con el respaldo del PNV y Junts, dos de los partidos más conservadores de España.

En efecto, gracias a sus pactos perversos, Pedro Sánchez sigue en La Moncloa. Pero, al tiempo, además de verse obligado a desguazar la Constitución y a triturar el estado de Derecho, va a destruir al PSOE. El precio de la gobernabilidad de Sánchez es máximo. Pero al presidente poco le importa. Porque tiene el poder, a pesar de lograr menos votos que el PP el 23-J. Por eso, todo vale en el seno del Gobierno. De momento, acosar a los jueces independientes como García Castellón y poner contra las cuerdas a García Page. Pero en ambos casos, sólo logra huir hacia delante. Falta saber cuándo se estrellará. Porque le costará aguantar la entera legislatura. Porque cuando Puigdemont logre la amnistía y el referéndum de autodeterminación no querrá saber nada más de Sánchez. Porque ya ha comenzado la cuenta atrás del más letal presidente de la democracia.

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