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DESDE ULTRAMAR

México/España: Decolonizar, descolonizar y recuperar patrimonio

Marcos Marín Amezcua
jueves 01 de febrero de 2024, 19:47h

Alborotada la jicotera por las palabras de ministro de cultura de España, Ernest Urtsaun, que desde fuera de España, aquí en ultramar, no pasan inadvertidas para el suscrito, resultando interesante el consiguiente debate desatado en España sobre eso de descolonizar el marco colonial de los museos y tal, me condujeron a regresar a la nota original para sortear el ruido generado contra sus expresiones. Ya se sabe, en México las declaraciones oficiales son torcidas en muchos medios opositores y me obligan a remitirme al audio original para evitar tergiversaciones amañadas y que cualquier listillo. Es muy positivo hacerlo. Puede seguirlas aquí: https://www.youtube.com/watch?v=0MIgEV4xScY

En efecto, en las declaraciones del aludido –que interesan y ameritan atención advirtiendo la prensa que no detalló planes de acción– no veo per se ni considero que anticipen regresar objetos a países que se conozca que de ahí provienen, extraídos por diversas vías, ni tampoco explican para qué salió el extraño debate sobre si España tuvo o no colonias y, menos aún, eso de que el Imperio español no fue el Congo Belga o que alguien alguna vez en ambas orillas del Atlántico haya sostenido tal chifladura. Debates que se van por los cerros de Úbeda. Y como hay quienes niegan colonias, imperio, conquista y todo lo negable, yo paso entonces del tema, también; y para no caer en presunciones y elucubraciones estériles, tales expresiones del ministro implican muchas líneas de acción y no solo una remota devolución de piezas de museo. Sí, se reconoce que España ha suscrito compromisos de revisión museística y que, quizá, desemboquen en restituciones de patrimonio a terceros países y, tal vez, desate debates internos sobre tenencia de piezas aún entre museos españoles, como marcaba algún reportaje tiempo atrás, donde se reclamaba al Museo del Prado retornar ciertos cuadros a determinadas instituciones que consideran que no deberían de seguir en la afamada y maravillosa pinacoteca madrileña. Así que no necesariamente se alude a oro mexica o inca. No, puede haber variantes. Que todos se tranquilicen.

Es cierto que en Madrid y España toda, diría yo, no existen museos repletos de objetos coloniales. El Museo de América, de recomendable visita, es otra cosa. La batahola desatada contra el ministro la considero ociosa y fuera de toda justificación en lo tocante al tema de los museos. Y caben tres acotaciones: A) la lingüística. Descolonizar no está mal. Mentes y espacios físicos. Replantear narrativas, igual, sin borrar lo que hubo y sin prestarse a leyendas negras o rosas, tan dañinas, a conveniencia de todos. Nos merecemos una narrativa seria de ida y vuelta. B) Ya luego el usar decolonizar o descolonizar lo dejo para los lingüistas. Si con deconstruir me roban una “s”, con decolonizar me sucede igual.

C) Luego, advino el extraño (y muy recurrente) debate acerca de que España no tuvo colonias, sino virreinatos, tema a veces de solo semántica. La Guinea española entra en la primera categoría por etapas. No nos vamos a engañar. Ya que se invoca el tema, dígase que desde América siempre consideramos ambas posibilidades. Se colonizó con peninsulares y nativos, así que colonias, lo fueron y las hubo. Virreinatos, los hubo. Salvado el punto, anótese qué en 1808 al caer la monarquía, la Junta de Sevilla se arrogó el derecho sin poseerlo de representar a América. Sus credenciales valederas no eran suficientes. Pese a la hoy cacareada igualdad jurídica entre posesiones de la “monarquía hispánica” se oculta que arrogarse tal “derecho” implicó en los hechos tratar a los virreinatos americanos como simples colonias, nulificándoles cualquier iniciativa que choca con la supuesta igualdad alardeada hogaño. Son los riesgos de interpretar mal la Historia a conveniencia: que siempre se desentraña la verdad y ahí está verificable.

En medio de la polémica desatada, ha saltado el asunto del tesoro de los Quimbaya. Ya se sabe, en un momento de debilidad, los delegados colombianos a la Expo de 1892 obsequiaron tal a España. Lo que se da y quita... Queda solo la altura de miras de devolverlo, mas en justicia, considero que no corresponde ni tal.

Pues bien, hay caminos más certeros y eficaces para devolver patrimonio histórico expoliado, ese sí, y México es un país muy saqueado que sabe del tema, desafortunadamente. Pasaba y pasa todavía, con lo cual es loable recuperarlo. Para el caso mexicano, contamos con la plausible política de recuperación de patrimonio expoliado o que no pudo acreditarse su salida legal de México. Y es más plausible que sea una política de Estado su recuperación. En el actual sexenio del presidente López Obrador (2018-24) se han recuperado 13,435 piezas que significan restitución y cese del empobrecimiento de un legado cultural. No es cosa menor. Ahora mismo se muestra parte de tal caudal en el Museo de la Cancillería. Si se pone el huevo, hay que cacarearlo.

Se trata de piezas recuperadas, provenientes de devoluciones, reclamos y requerimientos, cooperación entre gobiernos con ánimo de entendimiento, o de suspender subastas de tenedores que no pueden acreditar cómo se hicieron de los objetos –y resultan tantos provenientes del robo, aunque le fastidie que se les eche en cara– de manera tal que, en efecto, más que exigir a los museos del mundo que se descolonicen y desclasifiquen devolviendo objetos, que es solo parte de un todo –es un tema abierto hace ya tiempo y está vigente– la repatriación de patrimonio expoliado es una tarea puntual que todos los países deben emprender, salvando argumentos falaces de que era simple coleccionismo romántico nacido en el siglo XIX. Por favor, no todos los casos lo fueron, lo sabemos bien. Y todos los países, todos, podrían tener sus reclamos, pues no solo es el expolio cometido sino el que les cometieron. Ameritan revisarse. Darle vuelta al tema, replanteándolo en aras de la colaboración, reiniciando el debate, reformulándolo si hiciera falta. Y sí, son acciones más provechosas que solo pitorrearse del ministro español de Cultura. Y sí, distinguiendo expolios de obsequios o compras y tal, que también los hubo.

Mención especial merece un caso que involucró a España recientemente, informado en la página de la Secretaría de Relaciones Exteriores en un acto en presencia del embajador de México en España, Quirino Ordaz, pudiendo consultarlo aquí, y la devolución a México amerita un ¡enhorabuena! pues eso honra a España y también debe decirse y subrayarse.

En la misma secuencia, si la revisión a museos propuesta conllevara algo qué devolver, se sumaría a gestos de otras expotencias coloniales con terceros países. Hasta el Vaticano ha devuelto el Códice De la Cruz-Badiano a México de manos de San Juan Pablo II en 1990. No tenía que hacerlo, es un ejemplar que no le llegó, verbigracia, por expolio y mucho se lo apreciamos entonces. Son gestos que, de producirse, loan y ennoblecen a quien los hace. Le pongo otro ejemplo.

Regreso a las palabras del ministro Urtsaun y supongo que a tono con ellas y la política que conllevan y con la reciente reforma constitucional española de eliminar la palabra “disminuido”, como daba cuenta un reportaje reciente modificando las cartelas en salas del Museo del Prado, omitiendo palabras o frases que hoy se consideran políticamente incorrectas –como enano– y habiendo mucho qué mejorar, es pertinente reflexionar esos vocablos. Tal vez, ese reescribir proceda sin caer en la tontería de los museos estatales mexicanos que ya no inscriben a.C. o d.C, para evadir a Cristo por laicos –el Estado mexicano lo es desde 1859– y evitar alusiones religiosas. Empero, hete aquí que utilizan la abreviatura a.d.n.e. O sea “antes de nuestra era”, que para más señas es la cristiana o que parte de Cristo. Son unos genios, no cabe la menor duda y aflora mi sarcasmo desbordado.

Solo quiero anotar algo acerca de la palabra “disminuido”. Tuve un familiar en silla de ruedas por 30 años. Como abogado llevo 30 años oyendo palabras que dan la vuelta a las de siempre para no decir paralítico, tullido, mudo, sordo y otras. Una más rocambolesca que la anterior para “evitar” herir, decimos desde nuestra condición carente de impedimentos y no planteadas desde la condición del destinatario. Disminuido, minusválido, capacidades distintas o diferentes y otras. Pues bien, él decía que eso no le ayudaba. Que le ayudaba más las políticas de movilidad incluyente: rampas, ascensores y más. Y tenía toda la razón, sin duda.

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