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El hombre 2000

Laila Escartín Hamarinen
miércoles 05 de noviembre de 2008, 21:12h
Esta noche, en Rochester, NY, mi amigo Diallo Sakuu celebra con el corazón lleno de alegría y esperanza la victoria del primer presidente negro jamás elegido en los EE.UU. Hasta aquí hemos llegado. Algo ha cambiado en ese enorme país, donde el racismo –pesada herencia de los ingleses – ha sido y realmente sigue siendo doloroso para los que tienen la piel de un color más oscuro que los ‘caucasianos’ –como nos llaman a los europeos y a nuestros descendientes–. Una vez me dijo un amigo judío neoyorquino que estaba seguro de que un judío jamás llegará a ser presidente de los EE.UU. Una mujer extraordinaria –catedrática de Derecho en la Universidad de Columbia ¡y afroamericana!– a la que tuve la suerte de conocer en NYC años ha, me contaba que en sus 30 y tantos años de vida adulta, nunca un hombre blanco le había hecho la corte en su país porque ella era negra (aunque de un tono café con leche); yo no daba crédito a mis oídos. Luego, conocí a Diallo Sakuu volando a NYC, y después del susto inicial y el automático deseo de ponerme a la defensiva (yo soy blanca) al recibir el bombardeo furioso de su discurso sobre el trato insoportablemente racista que sufren sobre todo los hombres jóvenes negros, decidí escucharlo atentamente, y cuando expresó su creencia de que jamás un hombre negro llegaría a ser presidente de los EE.UU., recordé lo que me había dicho mi amigo judío años antes. Pero Diallo se equivocaba, ¡qué afortunada equivocación! ¡Oh, papá, orgulloso de tu planeta! ¡Oh, mamá, orgullosa de tu sol! Algo parece realmente haber cambiado en ese gigante que siempre ha llevado el racismo como una verruga de profundas raíces en plena nariz; y aunque es poco probable que a nivel de calle las actitudes lleguen a cambiar en el futuro próximo, este sorprendente presidente trae una nueva esperanza a la minoría discriminada afroamericana. Por otra parte, el problema es complejo, y entre los líderes negros, desde hace décadas, se alzan voces contra las actitudes victimistas de los mismos negros, que los paralizan en su lucha por su dignidad. Quizás ahora les haya llegado el momento de dejar para siempre el rol de eterno ex-esclavo, y tomar las riendas de su destino. Esta noche, alzo mi copa con Diallo (a 8000 km. de mí) por que el cambio eche raíces largas y poderosas y florezca en las décadas venideras.
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