En el caso de México, los años recientes hemos tenido veranos calurosos y escasos de lluvias. El año pasado fue bastante similar al verano español, lloviendo más en diciembre que en julio, además. Las presas están al 50 % de su capacidad y reduciéndose, el estiaje amenaza con ser brutal y la situación no adelanta mejorar.
Tan solo el año pasado, la UNAM informó que el 60 % de los cuerpos de agua presentan un grado de contaminación, 157 acuíferos están sobreexplotados y el territorio mexicano ha perdido el 67% de su cubierta vegetal.
En ese contexto, nadie puede alzarse con una verdad diferente porque, como en otros tantos temas tales como la pandemia, todos lo vivimos, así que los cuentos chinos no cuelan. Llévenselos a otra parte. Nadie puede pretender vernos la cara contando el estado actual del agua en México, y salir airoso en su intentona de mentirnos.
Pese al escenario del que, nos guste o no, somos responsables solo en parte y quizá la menos de forma directa, no faltan opositores al gobierno federal mexicano, presidido por el partido Morena, que desde sus tres niveles de gobierno lancen gracejadas a diario exigiendo agua y asuman necedades deplorables exigiéndola, recordándonos el chiste aquel del sujeto que llega a una tortería a pedir una torta (bollo) con jamón. Le contesta el tendero: no hay pan. El sujeto necea y le increpa pidiéndose una torta de queso. El tendero responde: no hay pan. El sujeto insiste y reclama que le prepare una torta de chorizo. ¡Qué no hay pan! resuelve el tendero ya exasperado. Y el fallido cliente remata diciendo: entonces deme un pan solo. Así los opositores neceando al pedir agua. Los opositores podrán lucrar con el agua como tema político, pero se están haciendo fuera de la bacinica en su alucinante e irresponsable conducta. Normal.
Si no hay agua, es culpa de López Obrador, tal parecen decir los opositores. Están ya tan enajenados, tan embebidos de odio que no distinguen la realidad de la ficción. Son unos irresponsables, alienados a la realidad.
Hay intentos que han llegado a nada como la propuesta de Monterrey de reencausar el río Pánuco hacia ella. Tamaulipas y Veracruz se niegan. Y no les falta razón. Los regios aún no explican cómo garatizarían el no despedicio agua, si recibieran más, por ejemplo.
Todos conocemos la realidad hídrica de México, el gobierno lo ha comunicado por activa y por pasiva y ni por esas la oposición ceja en su obtusa postura de exigir lo inexistente y de enmendar su desparpajo mental. Firman desplegados y lanzan proclamas amañadas para engañar incautos exigiendo que el gobierno tome medidas para que no les falte el agua a sus demarcaciones, arguyendo tontamente que el gobierno les cierra el grifo por ser opositores. Tamaña idiotez sostienen los opositores. ¿Sabe qué sucede? Que les pasa igual que con el COVID-19 y la vacuna: estaban sordos y no oían instrucciones. Así les fue. Sus entidades eran las que más reportaban muertos. Así con el agua: ni oyen ni entienden.
La verdad es que México, así como tantos países más, también esta padeciendo el cambio climático y se refleja en su escasez de agua. Sumemos la falta de mantenimiento a pozos cárcamos y cañerías, el desperdicio del cual culturalmente hacemos gala y que, además, se ha permitido construir donde no hay suficiente recurso – ¿verdad, priistas y panistas? que lo hicieron por décadas permitiendo edificar en la punta del cerro por ejemplo, gracias a su corrupción– y muchas empresas acaparan ingentes cantidades del vital líquido para su emprendimiento y el panorama pinta atroz. Hay muchos, muchos responsables más. Que nadie se evada como lo pretende.
En su reciente y deslucido viaje a España, la candidata opositora Xóchitl Gálvez –no he conocido candidata más improvisada e inculta que ella– recibió del empresariado español que la atendió, el señalamiento de que le preocupa la inseguridad y, desde luego, atentos a esto, los problemas hídricos del país, que resultan ya inocultables, por lo visto. Eso sí, le dijeron que se pensarían dos veces invertir si en materia de agua no se garantizaba su acceso o se irían a otras partes a donde sí. Bueno, están viendo la tempestad...pero, vale, la verdad es que no se me ocurren muchas partes diferentes, pues todo el mundo afronta problemas hídricos, pero no todo mundo es un mercado jugoso como el mexicano, dígase también. Lo dejaré en que se lo pensarán y no les falta razón en estar preocupados. Nosotros también lo estamos en México. Si este año es de sequía, se incrementará el problema y los calores prometen ser notabilísimos. Por cierto, la candidata no conforme, se pasó a quitarle el tiempo al Santo Padre en visita privada. Como si el buen hombre no tuviera cosas más importantes qué atender.
Mientras, cada vez más en México se denuncia en los medios a empresas acaparadoras de agua y se acrecienta la lucha por defender el agua como bien público y como derecho humano. Hay la tentación de privatizar su distribución desde partidos opositores a Morena y la gente está alerta de que no suceda.
Desde esta columna no podemos sino llamar a que cuidemos el agua, a ser sensatos con su uso, responsables y, desde luego, a denunciar el despilfarro y a mejorar las acciones y protocolos para optimizar su distribución. México tiene sed y es preocupante el panorama. Mientras la gente sensata sabe que hay problemas hídricos, la candidata opositora referida, a quien no pienso darle mi voto, pues eso implicaría que regrese el PRI, sale con una batea de babas diciendo que tiene hambre de sed. Así dijo, tan "inteligentiosa". Cabe responder, clamando al Cielo y llevándonos las manos a la frente: Dios, porqué nos has abandonado.
Hasta no hace mucho nos decían que la próxima guerra mundial sería por el litio. Sospecho que antes, se nos atravesará el agua. Total, motivos para la gresca nunca nos han faltado como Humanidad. Ahí tiene a Etiopía alzando una presa en el Nilo, cosa que preocupa a Egipto. O a México, que incumple el tratado de aguas con Estados Unidos desde 1992, con el aprovechamiento proporcional del cause de los ríos Colorado y Bravo sin repartir la cuota del elemento según lo acordado.
Post scriptum: externé mi firme compromiso de avisarle a usted en esta columna, amable lector en ambos hemisferios, si México se volvía dictadura o si se reanudaban las corridas de toros en la Plaza México. Lo primero no ha ocurrido, aunque en la mente obtusa de los opositores, sí. Pobrecitos. Yo rezó mucho por ellos a diario. Lo segundo, ya sucedió. Situada en la Ciudad de México y siendo la más grande del mundo, la respuesta del público fue monumental llenando el coso, no sin rencillas judiciales, dimes y diretes entre detractores y aficionados, con el debate no resuelto, innagotado, de si es asesinato o si es derecho de la gente a acudir, mientras se permita y con 15 mil empleos ligados a tal industria. La temporada en la Plaza México va y se produjo la despedida del rejoneador español Pablo Hermoso de Mendoza. Por cierto, no tengo claro que sus defensores sean antimorenistas y sus detractores, morenistas. El debate es mucho más antiguo que tal posicionamiento político y conozco a gente en ambos bandos políticos exactamente situados en la bandería contraria tratándose de la Fiesta Brava. No secundo la virulenta reacción de los antitaurinos el pasado 28 de enero. Y en, efecto: si me preguntan tales si me gustan los toros, respondo: bueno, yo no saldría con uno. Servidos.