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Una broma de la historia

jueves 06 de noviembre de 2008, 22:15h
Han trascurrido un par de semanas sin novedades sobre el caso Kundera, lo que significa que podemos dar por amortizado el escándalo. El escritor checo de apariencia moral intachable, fue hace muchos años un delator, un sucio chivato de la policía secreta que arruinó la vida de un joven compatriota. Vale. Pero las cosas no son tan fáciles ni la superioridad moral debería salir tan barata.

Algunos amigos del escritor han publicado artículos en su defensa. En mi opinión, Kundera no necesita que nadie le redima. Si cometió el acto imperdonable que ahora se le atribuye, cualquiera que conozca sus novelas y ensayos puede esperar razonablemente que el hombre que escribió esos libros fue, para sí mismo, un juez duro e inflexible. Esperemos que se haya perdonado. Sin duda que el acto de la delación es indigno desde cualquier punto de vista, excepto, curiosamente, desde la ideología totalitaria que Kundera profesaba en su juventud (en 1951, fecha en que se localiza el affaire, tenía veintiún años). Denunciar entonces a un enemigo de la Revolución era acaso el acto de máxima virtud que un joven comunista podía hacer. Estimado lector post-marxista, Milan Kundera cumplió con su deber ?en el supuesto de que hubiera ejecutado la delación que la revista Respekt le atribuye? al denunciar a un posible espía que llegaba de los países capitalistas y más concretamente de la Alemania capital-fascista (en el lenguaje de una época que estrenaba la guerra fría). De estas consideraciones sobre el perspectivismo histórico, del que deberían tomar nota muchos de los que se han apresurado a condenar a Kundera, se sigue la vieja sabiduría evangélica del “no juzguéis y no seréis juzgados”.

No sabemos ni sabremos lo que ocurrió en realidad porque la situación que vivieron aquellos tres hombres y una mujer, —que terminó trágicamente para uno de ellos, el piloto regresado a Praga, condenado a veintidós años de trabajos forzados, de los que cumplió catorce—, no puede ser recuperada. Un papel de un archivo policial que aparece ahora no es más que un indicio. Ni siquiera una prueba. Reparemos, evitando arrellanarnos en el lugar común de la condena, en la energía creadora ?en sentido ético y estético? que es capaz de desencadenar el verdadero arrepentimiento.

En su último libro, El telón, Kundera cita a otro expatriado, el novelista polaco Gombrowicz: “Sólo oponiéndonos a la Historia como tal podemos oponernos a la de hoy” (la mayúscula es de Kundera). Este reclamarse intempestivo contra una Historia que costó solo en Europa decenas de millones de víctimas no ha sido una pose del escritor sino el nervio moral que recorre su obra. Quizá la Historia ?dicen que es una Musa, pero lo mismo tiene algo de Parca?, ofendida por las ironías que le dedica Kundera en la citada obra, hubiera decidido tomar venganza.

José Lasaga

Doctor en Filosofía

José Lasaga Medina es Catedrático de Filosofía.

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