Noblesse obliga
jueves 06 de noviembre de 2008, 22:20h
La actual tormenta “de papel” desencadenada por el eco de unas afirmaciones de nuestra Reina no afecta lo más mínimo a una reputación consolidada largamente en nuestra sociedad. Todos sabemos y agradecemos la aportación de doña Sofía al éxito de una institución, la Monarquía, bien difícil de lograr en los tiempos que corren, pero que lejos de constituir un problema para el Estado, como ha ocurrido a veces en nuestra historia, está contribuyendo ahora decisivamente al buen resultado de la forma política española. Todos reconocemos la serenidad y la compasión con la que doña Sofía ha llevado a cabo el desempeño de su función. Serenidad imponiendo la contención y el buen juicio en situaciones en las que hay que dar ejemplo y mantener la calma. Compasión cuando se trata de simbolizar la ayuda de toda la sociedad a los más débiles o los desfavorecidos en algún trance fatal. No son momentos fáciles ni agradables; pero Ella nunca falta.
Cierto que en una sociedad democrática, la manifestación de las opiniones políticas así como la defensa de los intereses concretos o las lealtades territoriales, corren a cargo inmediata o directamente de aquellos a quienes elegimos para tales menesteres, que ocupan al respecto su sitio en el Parlamento o que con nuestro respaldo adoptan en el Gobierno las decisiones que la comunidad requiere. Hay con todo un cierto riesgo de dispersión y, hubiera dicho Ortega, de apartismo o señerismo, por lo que viene bien la compensación de alguien que encarne la unidad y que en un ámbito de integración simbólica o espiritual trascienda, sin negarlo, el nivel de la pertenencia política inmediata. Se necesita una representación viva del vínculo de todos a la realidad común nacional. Esta tarea de integración, difícil y operante en un sentido espiritual y social y no sólo político, le corresponde al monarca que, bien lo sabemos, ha contado siempre con la colaboración esencial de la Reina, que la ha dotado de sensibilidad y cordialidad profundas.
Sin duda debemos procurar no injerir en el desempeño de estas altas tareas a quienes constitucionalmente les corresponde. La Corona es una institución así configurada y cuyos integrantes, de modo conspicuo la Reina, se desenvuelven, la verdad es que modélicamente, según las atribuciones fijadas en la Norma fundamental. La Monarquía no está sobre el Estado, sino precisamente a su servicio. Y además mientras queramos; pero debemos garantizar las exigencias que su correcto funcionamiento requiere. Como la Corona no puede defenderse frente a abusos o tergiversaciones como podemos hacer los demás ciudadanos, ha de extremarse su consideración y respeto por parte de todos, también por supuesto de los periodistas. Noblesse obliga.
|
Catedrático
Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.
|
|