Francisco Sosa Wagner, catedrático y escritor, en 2019 publicó Novela ácida universitaria, un retrato demoledor de la universidad española. Ha recibido varios premios literarios, entre ellos, el Miguel Delibes en 1992 por la novela Es indiferente llamarse Ernesto. Es común encontrar en todas sus novelas consideraciones políticas combinadas con la cultura, los libros, el arte, etc.
En esta ocasión, Sosa Wagner traslada al lector al siglo XX, a la visión de dos imperios en decadencia, avocados al terrible desenlace culminado en el estallido de la II Guerra mundial y que, en definitiva, marcarían el final de una época. El comienzo denota la trascendencia de la misma: “Siempre he creído que era un privilegio vivir, como vivo, en el corazón de Viena. Hasta hoy…, cuando me veo obligado a oír desde mi salón los gruñidos descompuestos de un delincuente llamado Adolf Hitler celebrando la invasión de Austria…” (pág. 9).
El relato se centra la memoria autobiográfica del personaje principal y narrador,Volker Schulze, doctor en Derecho y quien, en el seno de una familia acomodada de la sociedad austriaca, disfruta de sus pasiones por la literatura y el arte.
La obra está dividida en dos capítulos, coincidentes estos con los dos escenarios principales en los que se desarrollan los acontecimientos. El primero de ellos, en Múnich (pág. 9 y ss.), el barrio bohemio de Schwabing y el ambiente animado de cafés, teatros, cabarés y tertulias, todos ellos animados por los hombres bohemios del momento. Junto con el periodista belga Moreau -a quien conoce en la pensión en la que se hospeda-, divaga sobre cómo es un bohemio, y recurre aquí el autor magistralmente a Freud a la hora de hablar del “narcisismo de la pequeña diferencia” una expresión apropiada para entender qué es un bohemio (pág. 30).
El recorrido de este capítulo nos enseña cómo Volker en su discurrir diario, se encuentra con decenas de personajes, quienes, sin ser principales, armonizan y construyen sus vivencias en Múnich. Artistas como Stefan George, el premio Nobel Thomas Mann, el dramaturgo Frank Wedekind, la condesa bohemia Franziska zu Reventlow o Kathi Kobus, en cuyo local se reunían los más importantes representantes de la “bohemia alemana”. Se entrecruzan decenas de personajes intelectuales y artistas tan conocidos como los pintores Kandisky, Klimt, el poeta George Stephan o el compositor Gustav Mahler.
Todos ellos, son el epicentro de la cultura europea del momento, pero a su vez, marcan la dirección que tomaban los nazis con la invasión de Polonia. Será Múnich el lugar donde Volker encuentre el amor en la figura de Angelika. El segundo capítulo (pág. 147 y ss.), se desarrolla en la ciudad natal del protagonista, Viena, a la que vuelve tras el fallecimiento de su padre, convirtiéndose en la cabeza al frente de la empresa familiar. Movilizado por el conflicto bélico, coincide con uno de los juristas más importantes, Hans Kelsen, autor de la Constitución austriaca, ambos destinados a servicios burocráticos en un tribunal militar, intercambian impresiones sobre las circunstancias que les han tocado.
Nos ofrece el autor en un capítulo final en forma de epílogo, el análisis de “los bohemios, una especie en extinción” (pág. 263 y ss.), a modo de conclusión trae a la actualidad los acontecimientos y siempre en palabras de Volker, la vida de sus amigos, esos personajes singulares que marcan su propio crecimiento a lo largo de la historia.
Francisco Sosa Wagner demuestra su maestría habitual para trasladarnos a un momento de la Historia esencial, contemplada desde dos polos opuestos, la cultura, el conocimiento y el saber y la melancolía de los tiempos pasados que, en este caso y más que nunca, habían sido mejores para su protagonista.