Pedro Sánchez está dispuesto a adueñarse de todo. Acaba de crear una empresa...
Pedro Sánchez está dispuesto a adueñarse de todo. Acaba de crear una empresa pública dotada con la abrumadora cantidad de 20.000 millones de euros, enmascarada tras la verborrea presidencial de defender los intereses del Estado. Con una deuda pública creciente, un déficit que alarma y una subida de impuestos casi confiscatorios, el sanchismo pretende adueñarse de empresas que le permitan seguir colocando a parientes, amiguetes y paniaguados. Las Administraciones públicas están exhaustas, las empresas públicas actuales, desbordadas por el exceso de puestos innecesarios y por las pérdidas. Se trata de apropiarse de organizaciones empresariales de envergadura para continuar con la política económicamente demencial de colocar a los sanchistas en el control de la economía española.
No se trata de nada nuevo. La estrategia es puramente marxista y se emplea en varios países americanos de nuestra lengua y nuestra cultura. Las zonas de pobreza que ocasiona el disparate se solucionan con el exilio, a veces de millones de personas como en Venezuela, o sumiendo a la población por debajo de los índices internacionales de la miseria.
Parece obligado que la sociedad española reaccione ante la tropelía. La nueva empresa pública creada es, a juicio de los economistas serios y los analistas sagaces, un despropósito. Pedro Sánchez ha meditado cuidadosamente sobre lo que le conviene hacer y, respaldado por su Gobierno de Frente Popular, ha decidido poner las manos sobre empresas serias y organizaciones empresariales de influencia en la vida nacional. Tal vez no estaría de más que Alberto Núñez Feijóo se dedicara a combatir estas operaciones de envergadura y consecuencias alarmantes en lugar de emplear demasiado tiempo en atizar las diferencias internas del partido socialista.