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LA PRESIDENCIA DE LAS CORTES EXIGE UNA IMAGEN IMPECABLE

jueves 29 de febrero de 2024, 14:08h
Actualizado el: 29/02/2024 14:18h
No sólo por ocupar el puesto tercero en la precedencia protocolaria del Estado...

No sólo por ocupar el puesto tercero en la precedencia protocolaria del Estado español. Es que la presidencia de las Cámaras que encarnan la soberanía nacional exige una imagen impecable. Conviene que acompañe además a la presidenta o al presidente un riguroso currículo profesional, así como experiencia probada en asuntos públicos. La presidenta o el presidente de las Cortes no preside sólo a su partido, sino a todos los diputados y a todos los senadores. Tiene la obligación de aplicar la ley y el reglamento de las Cortes de forma ejemplar.

A Francina Armengol se le han puesto las cosas muy difíciles. Le acompaña la presunción de inocencia, pero las especulaciones sobre su papel en relación a la trama Koldo la han colocado en una situación cuestionable. Y, salvo que se aclare su actividad como dirigente de la Autonomía balear de forma inmediata, la normalidad democrática exigiría que presentara su dimisión y se apartara de la alta representación que la presidencia de las Cortes supone.

No se trata, pues, de menoscabar a Francina Armengol ni de especular sobre su participación directa o indirecta en la trama Koldo, ni de lamentar los 10.000 millones de euros correspondientes a la ayuda europea que se pueden perder ni la devolución de los contratos. Se trata de preservar la imagen de la presidencia de las Cortes. Si las cosas no se aclaran debida y urgentemente, Francina Armengol, duramente cuestionada, no podrá continuar ejerciendo la presidencia de las Cortes, con la dignidad y la neutralidad que su alto cargo exige.

Parece claro que Pedro Sánchez defenderá a la presidenta cuestionada con uñas y dientes. Y hará bien el presidente. Pero el problema no está ahí. El problema reside en la imagen de la presidencia del Parlamento. Francina Armengol no puede continuar en su puesto, desde el punto de vista del condicionamiento democrático, si se mantiene el debate, con datos razonables, sobre su actuación como presidenta del Gobierno balear en un asunto de corrupción tan turbio como el llamado caso Koldo.