los gobiernos consiguieron 15 millones de dólares
La subasta legal de marfil recauda menos que el mercado negro
viernes 07 de noviembre de 2008, 18:12h
Sudáfrica, Zimbabue, Namibia y Botsuana vendieron durante la última semana los colmillos de origen legal a comerciantes de China y Japón, países que han adoptado normas de control para evitar que esas piezas sean re-exportadas o lleguen al mercado otros lotes traficados. Bajo esas condiciones, la Secretaría de la Convención Internacional sobre el Comercio de Especies de Flora y Fauna en Peligro (CITES) autorizó las subastas, en las que se pagó una media de 152 dólares por kilo de marfil.
Esta es la primera transacción comercial legal de marfil que se realiza en nueve años. A ese respecto, el jefe de la Unidad de Apoyo a la Convención, Jonathan Barzdo, dijo que investigaciones realizadas por la CITES desmienten las críticas sobre que las ventas legales de marfil estimulan su comercio ilegal.
Por el contrario, "el comercio ilegal bajó desde la última venta realizada en 1999", dijo el experto en una conferencia de prensa. El precio de 152 dólares por kilo de marfil alcanzado en las subastas "contrasta fuertemente con los 750 a 850 dólares por kilo que hubiese alcanzado si se hubiese colocado ilegalmente en el mercado el año pasado", precisó el supervisor del Convenio, John Sellar.
Más que el precio, "el problema de la caza de elefantes parece estar más íntimamente relacionado con problemas de gobernabilidad y de inestabilidad política" en ciertas regiones de África, como es el caso de la República Democrática del Congo (RDC), explicó. Con situaciones de conflicto como la que se vive en Congo los recursos naturales tienden a ser excesivamente explotados, recalcó Sellar.
Marfil procedente se elefantes muertos
El cargamento de colmillos vendidos por los cuatro países fue constituido a partir de marfil recuperado en su mayor parte tras la muerte natural de los elefantes o luego de que estos fueran abatidos por razones distintas a cualquier intento de comerciar sus colmillos.
"En Occidente vemos a los elefantes como animales casi místicos y grandiosos, pero las comunidades que tienen que compartir su hábitat no lo viven así. Un elefante necesita grandes cantidades de alimentos cada día y cuando no lo logra puede representar un peligro, al punto de que a veces la única opción es abatirlo", sostuvo Sellar.
Las existencias de marfil recogidas en esas circunstancias son almacenadas por los gobiernos, que requieren de la autorización de la CITES para ponerlas a la venta en el mercado internacional. Los países acordaron a través de esa Convención, adoptada en 1989, prohibir todo comercio internacional de marfil para proteger a la población de elefantes, que en ese entonces empezaba a verse como una especie amenazada, pero se ha recuperado de manera importante en las últimas dos décadas.
Posteriormente se autorizó una venta experimental en 1999, luego de la cual no hubo otra hasta ahora. Los recursos recaudados serán destinados por los gobiernos, por un lado, a la protección de los elefantes, mediante la compra de equipos útiles para la lucha contra la caza y ciertas obras, como pozos para esos animales. El dinero también será utilizado para ayudar a las comunidades que viven en el hábitat natural de los elefantes.
Los precios a los que los países africanos vendieron su marfil variaron: 164 dólares por kilo fueron pagados por el marfil de Botsuana, 153 por el de Namibia y 142 por el de Sudáfrica y Zimbabue, según datos facilitados por la CITES.