De un tiempo a esta parte, la guerra Israel-Hamás se ha ido recrudeciendo desde que el 7 de octubre del pasado año, grupos armados de Hamás y la Yihad Islámica Palestina lanzaron un brutal ataque contra Israel -que vivía la fiesta de Sucot- desde la Franja de Gaza, capturando a numerosos rehenes, muchos de los cuales se encuentran aún en manos de sus captores. El cruento episodio desencadenó la respuesta israelí, Operación Espadas de Hierro.
Aunque inscrito en el eterno conflicto árabe-israelí, quizá ningún momento más apropiado que este para leer Al final de la noche, la última novela del escritor israelí Nir Baram (Jerusalén, 1976), que nos llega después de Las buenas personas y La sombra del mundo, igualmente publicadas por Alfaguara. Aunque en Al final de la noche, el escritor y colaborador del periódico Haaretz, no aborda la situación de hoy, resulta muy instructiva la visión que refleja en la novela del Jerusalén de la décadas de los ochenta y noventa del pasado siglo, con el trasfondo de la Primera y Segunda Intifadas, para lo cual, como ha declarado el propio Nir Baram, toma no poco de sus vivencias personales de su niñez y adolescencia.
Esa experiencia la relata a través de los recuerdos del protagonista de Al final de la noche, Yonatán, un escritor que ha ido a un festival literario en Ciudad de México y se queda varado en el hotel, cuando el encuentro ya ha finalizado y prácticamente todos sus participantes –autores, editores, periodistas y publicistas- se habían marchado, pero no Yonatán: “No sabía a ciencia cierta cuánto tiempo había pasado allí, cuántos días había transitado entre el sueño y la vigilia a través del sopor crepuscular intermedio, sin ver nada claro en los sueños ni estando despierto. Figuras y sucesos nebulosos irrumpían de tanto en tanto en su consciencia, desplazándose en un resplandor blanco que lo abarcaba todo. Lo asaltaban el hambre, o bien la sed, o la náusea, para desaparecer inmediatamente, como si una noria gigante de sensaciones girara ante sus ojos, y en cada giro brillara en lo alto una impresión para enseguida dar lugar a otra, dejando tras ella una pálida estela evanescente”.
Yonatán debería regresar a Tel Aviv, pero no puede, y permanece en un México con ciertas resonancias de Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, sumido en alcohol y extrañas fiestas La razón que aduce para no volver es que su amigo Yoel ha fallecido. ¿Pero es así? Sea como fuere –descúbranlo en las páginas de la obra-, evoca esos recuerdos en Jerusalén, en los que su amigo desempeña un destacado papel.
En Al final de la noche, se transita entre el pasado y el presente de su protagonista, un logrado personaje de Nir Baram, entre la Historia y cómo esta impregna la cotidianidad, en una potente historia, con escondidos secretos armada con no poco de bildungsroman.