José Luis Ábalos está jugando limpio con el PSOE sanchista, a pesar de todo. Ha anunciado...
José Luis Ábalos está jugando limpio con el PSOE sanchista, a pesar de todo. Ha anunciado que votará sí a la ley de Amnistía, cuando crecen los recelos de que alguna Autonomía ordene a sus representantes en el Congreso de los Diputados el voto negativo.
El problema interno de Pedro Sánchez en este momento, sin embargo, es cómo detener el encontronazo entre su número 3, Santos Cerdán y el diputado Ábalos, instalado en el grupo mixto. En su día, cuando Felipe González, expelió a Pedro Sánchez de Ferraz, José Luis Ábalos y Santos Cerdán fueron los compañeros inseparables del destituido en la compleja singladura de regresar a la Secretaría General del PSOE. Ábalos lo sabe casi todo. Cerdán, también. Ábalos parece dispuesto a sacrificarse y callar para no comprometer al presidente. A lo que no parece dispuesto es a que le sacrifiquen a él y que Santos Cerdán se vaya de rositas.
Si se desborda la situación y la responsabilidad del caso Koldo recae fundamentalmente sobre Ábalos, sin que el partido haga nada, el diputado del grupo mixto podría tirar de la manta e implicar a Santos Cerdán. El número 3 del partido tiene la obligación de dar la cara y defender a Ábalos. Si no lo hace y se enmascara tras las veladuras de Ferraz, el PSOE sanchista se puede encontrar con que el exministro diga: “Hasta aquí hemos llegado”. Y desvele circunstancias y cifras que implicarán a Santos Cerdán y de rechazo a otros compañeros y simpatizantes.
A Pedro Sánchez no le llega la camisa al cuerpo. Políticamente está en manos del prófugo golpista Puigdemont. Socialmente se puede ver metido en el fangoso lío de corrupción del caso Koldo, si Santos Cerdán y Ábalos no llegan a un acuerdo, lo que por el momento no se ve probable. Es cierto, sin embargo, que a Sánchez le sobra habilidad y mano izquierda para restablecer una relación sustancial que garantice su estabilidad.