Después de 5 años en la Moncloa, Pedro Sánchez todavía no ha cumplido una sola vez con su obligación de someterse al control de la Oposición en el Congreso de los Diputados. Todavía no ha contestado a una sola pregunta. Se limita a irse por la tangente e insultar al PP. También resulta inaudito que Núñez Feijóo no le reproche tal desprecio al Parlamento. El líder del PP suele ser contundente y brillante al denunciar las muchas tropelías del Gobierno. Pero calla sobre lo más inexplicable. Que el presidente jamás le responde sobre el tema que le plantea. Se va por las nubes.
Denunciábamos en nuestro último editorial, que veinte años después del mayor atentado terrorista sufrido por España, el PSOE prefiere calumniar al PP antes que rendir homenaje a los 193 asesinados y los 1.800 heridos, algunos de los cuales todavía sufren graves secuelas. Y así actuó en el Senado, donde durante el control al Gobierno sobre el caso Koldo, recurrió a “las mentiras de Aznar sobre el 11-M” en lugar de aclarar las responsabilidades de su Ejecutivo en la nauseabunda corrupción sobre las mascarillas.
Este miércoles, en el Congreso de los Diputados no ha cambiado de táctica. Ha pedido la dimisión de Ayuso a una pregunta de Feijóo como si la inspección fiscal al novio de la presidenta de la Comunidad de Madrid fuera comparable con la “corrupción política y económica” que ejecuta Sánchez, con los separatistas, y con el caso Koldo. Pero, como decíamos, Feijóo debería denunciar este desprecio continuo de Pedro Sánchez al Parlamento. Y esta inadmisible tomadura de pelo al transformar el control al Gobierno en una suerte de control a la Oposición.