www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ESCRITO AL RASO

Iker Jiménez, el periodismo con alma

David Felipe Arranz
lunes 18 de marzo de 2024, 20:36h
Actualizado el: 18/03/2024 22:40h

Hemos trabajado durante años con periodistas, compañeros de profesión, mucho en el oficio escrito y radiofónico, y otro tanto en el ámbito audiovisual: las del periodismo y del periodista son, qué duda cabe, biografías cruzadas, y a veces, en este cruce y en esta pasión trabucamos algún descubrimiento, pues las vidas del periodista son siempre preparatorias para la epifanía. El encuentro con Iker Jiménez fue telefónico, en los estertores pre-navideños de la maldita pandemia cuando, camino de la Fundación Jiménez Díaz, en diciembre de 2020 y en el interior de una ambulancia que iba con una velocidad agónica de trote cochinero, recién infectados de gravedad del coronavirus, recibimos su llamada, nos infundió ánimo, nos dijo que íbamos a salir de aquella con la ayuda del bendito doctor Camacho... y así fue. Eran los prolegómenos de un viaje al conocimiento, a la difusión de la cultura y la investigación en la televisión en abierto y en un canal privado, la cuadratura del círculo, en definitiva.

Después, y a través del tiempo, las llamadas fueron destilándose hacia el cine, la presencia de lo cinematográfico en “Horizonte” y “Cuarto Milenio”. Nos detenemos ahora en lo esencial y pasamos de largo lo que ya es sabido: que es uno de los grandes profesionales de la información de nuestro país, una patria dada a enturbiar la pujanza de los valientes y los independientes. Iker lo es, lo que muestra sin lugar a dudas y sin estorbos su singularidad, teniendo en cuenta que no obedece a ningún grupo, partido ni lobby, a ningún otro interés más que a su olfato. Iker es un periodista en su espontánea y alegre inspiración de la actualidad y lo desconocido, que partiendo del presente y de la actualidad siempre va por delante de los demás, porque con sus debates y temas lleva al telespectador al porvenir y nos obliga a una revisión del pasado también, a las viejas leyendas e historias ocurridas en otro tiempo. Esto, inexplicablemente –o sí– molesta muchísimo a algunos.

En su trabajo vale el dossier, el empellón de la exclusiva, el abrir bien los ojos como él hace y abrirlos de súbito, además, para retratar cual instantánea los momentos destacados que vivimos, sus ráfagas, que se suceden con vertiginosa rapidez; Iker Jiménez es hijo de su tiempo, un habitante del siglo XXI español, y por eso su biografía está tan lograda, porque es la escultura de su vida y la cabeza de puente que él mismo fue en sus tiempos mozos. Estamos seguros de que Iker Jiménez se vio y se proyectó en sus tiempos de la revista Enigmas o de la SER, o incluso mucho antes, cuando no encontraba respuestas a ciertos fenómenos e historias y tampoco existían más allá de dos o tres referentes que se atreviesen a abordar la existencia enigmática de las cosas. Iker cada semana quiere dar algo de la verdad que suele oscurecer la hipocresía en el mundo, porque sabe que la mayor riqueza, la única que merece la pena, es conocer el fundamento de las historias ambiguas, desbrozar allí donde la retama impide ver, crecer sabiendo lo que nos sucedió mientras nos tocó vivir.

¡Lograr eso es admirable! Una luz entre el fárrago del audiovisual, moviéndose en el triquitraque de las caprichosas audiencias, pronunciando en sus editoriales las palabras que hay que pronunciar para afrontar el miedo, la duda o la incertidumbre que atravesamos en este tiempo de confusión: “yo no tengo la respuesta, pero sí me hago preguntas”, nos insiste cada domingo, al filo de la medianoche. Iker Jiménez tuvo el retortijón informativo en la pandemia que la mayoría no tuvieron porque miraron hacia otro lado, y se anticipó a todos, convocando a sabios y científicos, y en este país de inquisidores fue juzgado, pero recibió el favor de quienes lo veían cada semana, en una suerte de servicio público mientras sufríamos un apagón informativo o nos entretenían con chistes o cocina en otros canales. Hombracho lleno de sangre y energía inagotables, fue él quien dijo esa verdad de a puño: “sé que es políticamente incorrecto lo que digo, pero es lo que siento, y no tengo las respuestas”. El periodismo debería hacerse preguntas cada día, cuestionar las respuestas interesadas de los poderes, pero en nuestro país hace tiempo que periodistas de trapo, zurcidos por dentro, han claudicado de su función, salvo excepciones como la de Iker Jiménez. Demasiado humano, acaso. Su trabajo tiene una obra sobrante, salida de quebraderos y madrugadas en blanco, y que nos sorprende siempre por su contraste, su frescura y su atractivísima puesta en escena. Iker atesora ya un legado extravasado, un rezongo lleno de sinceridad, un ventarrón de Vitoria que refresca nuestra sed informativa. Por eso Iker Jiménez tiene la ventaja para su éxito de que no descuida la parte más emocional e íntima de la noticia, del reportaje, porque prevé que los hechos también están escritos en el corazón y la psique de las gentes y es capaz de penetrar en ellas como Pedro por su casa, frente a la elementalidad noticiera y deliberadamente simplificada de las pamplingracias del infortainment y obediente de tantos otros golillas voluntarios del Poder. A él le va la complicación, porque ese es el periodismo verdadero, el que él practica, el periodismo con alma.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (13)    No(1)

+
0 comentarios