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AL PASO

Las lecciones del post-brexit

Juan José Solozábal
martes 02 de abril de 2024, 17:42h

Repaso mis notas tras las estupendas intervenciones en el seminario de la Universidad Autónoma Retos y Desafíos del Estado español en el siglo XXI de los profesores Susana Sánchez e Ignacio Molina sobre el post-brexit: ambos intervinientes consideran la situación actual británica como “difícil”, cualesquiera sean los indicadores económicos o institucionales que se elijan.

1-El Reino Unido sigue inmerso en una crisis de desconcierto y perplejidad, resultado del enfoque predominante en el modo de afrontar la posición de la Gran Bretaña en las actuales circunstancias políticas y económicas, que es el nacionalismo, y que resulta claramente insuficiente o equivocado. No tiene nada de extraño que el resultado haya sido el de un País aislado, en retroceso económico y profundamente dividido.Tom Nairm, el brillante intelectual socialista escocés, hasta cierto punto lo había anticipado en su The Breakup of Britain de 1977. El desastre del Brexit hay que achacarlo a la inadecuada respuesta que en las crisis suele ofrecer el nacionalismo. La pasión nacionalista obnubila, de modo, decía Orwell , que “el nacionalista frecuentemente deja de estar interesado por lo que ocurre en el mundo real”, y disparata. El Brexit fue, sin duda, la respuesta nacionalista equivocada a la incomodidad que la integración en Europa suponía a quien había dejado de encabezar un Imperio (a la llegada de Isabel II al trono una cuarta parte de la población mundial era su súbdita; a su muerte hasta la Commonwealth como débil forma política vacilaba) y que no podía asegurar la preferencia de su derecho sobre el ordenamiento común, resignándose a una posición de paridad con el resto de las naciones miembros de la Union. Esto no quiere decir que el Brexit no pudiera encontrar una explicación en el encaje deficiente de Gran Bretaña en las instituciones europeas. Gran Bretaña no estuvo en el momento fundacional de la Unión y no pudo apaciguar las reticencias de sus ciudadanos al respecto, se trate de los conservadores o de los laboristas, aquellos vinculados a la idea imperial del Reino Unido, estos a una visión centralizada de la economía y el ideal socialdemócrata (nacionalizaciones: dirección publica de la economía; servicio nacional de salud). Bogdanor, en su excelente monografía sobre el Brexit, apunta a tres razones de fondo del desencuentro británico con la Unión. Razones históricas y geográficas: desinterés por lo continental. Razones psicológicas: implicación emotiva en el imperio. Razones económicas: nulo interés en la protección de la agricultura . Este contexto refuerza el contraste entre el fondo institucional de Europa y el Reino Unido. Además, y sobre todo, el Reino Unido veía reforzada su idiosincrasia (mejor sería decir su complejo de superioridad ), pues tras la Guerra es el único país que no cambia o requiere de una Constitución ni ha visto interrumpida la vida democrática.

2-La segunda observación general se refiere al modelo constitucional británico que es, como es sabido, eminentemente pragmático y acumulativo, pero también algo torpe, y puede resultar inoperante o equívoco especialmente en las situaciones delicadas en las que se necesita una guía para afrontar el futuro. Pensemos en el sistema de descentralización territorial, en su devolution, diverso en sus manifestaciones, dependiendo de la nación de la que estemos hablando, pero que no tiene la fijeza y las garantías compartidas imprescindibles para ofrecer un horizonte de estabilidad y homogeneidad en el que no se produzcan desigualdades y disfunciones inevitables(La West Lothian Question es una expresión bien gráfica de lo que decimos, por cierto comentada con brillantez recientemente por Luis María Diez Picazo). La constitución territorial británica no puede entenderse desde el patrón federal por dos motivos: no se asume la homogeneidad del federalismo, pues realmente no hay instituciones separadas en el caso de Inglaterra; ni se acepta verdaderamente la limitación de la soberanía del Parlamento general, que todavía dispone de la titularidad en relación con las competencias devueltas y que incluso puede proceder a suspender la autonomía, como se ha hecho en más de una ocasión en el caso de Irlanda. Ciertamente el proceso del Brexit está mostrando que la premisa básica de la devolución, esto es, que la soberanía del Parlamento es compatible con la pretensión escocesa a la autonomía, es algo dudoso. Mejor expresado, lo que está ahora mismo en cuestión, es el mismo principio de la soberanía del Parlamento, quizás poco apropiado en el gobierno de un Estado multinacional, como muestra el arreglo de la devolución. Esto dicho, sin reparar en la confusión del sincretismo constitucional actual para explicar el juego del referéndum en el sistema constitucional o la necesidad de encontrar una explicación a la congruencia de la liberación del derecho del Reino Unido del control del Tribunal de la Unión y su necesaria observancia del patrón de la Convención, según el Tribunal de Estrasburgo.

3-La tercera cuestión manifiesta en la crisis de la democracia británica tiene que ver con el descrédito y la falta de ejemplaridad que está demostrando su clase política. Manuel Aragón suele referirse a la importancia que en el funcionamiento de nuestras democracias, tiene la adecuación de la clase rectora a ciertos estándares éticos sin los cuales los dirigentes caen presos de la inconsecuencia o la corrupción. Fintan O´Toole en Foreign Affairs o Gary Younge en The New Review of Books se han referido a la desmoralización que Boris Johnson indujo cuando celebraba fiestas mientras se imponían severos controles a la población durante la Covid. Una investigación pública sobre la pandemia ha puesto al descubierto la incompetencia, las luchas internas y el desprecio de los nuevos líderes de Gran Bretaña, con una de las tasas de mortalidad por Covid más altas del mundo occidental. Por primera vez en muchos siglos, frente a una amenaza común, los escoceses miraron a Edimburgo en busca de liderazgo, y los de Gales miraron a Cardiff. “La amarga verdad, apunta el sagaz Fintan O´Toole, era que sus respectivos primeros ministros, Nicola Sturgeon y Mark Drakeford, no tenían que ser espectacularmente brillantes para parecer impresionantes en comparación con el inductor del caos Mr.Johnson”.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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