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Poniendo el poderío chino en perspectiva

martes 05 de febrero de 2008, 18:43h
Allá por el año 1500 la economía china era un 56 por ciento mayor que la de Europa Occidental, aunque la renta por habitante fuera ligeramente inferior. El dinamismo tecnológico, demográfico y militar europeo -coincidentes con el declive y aislamiento chinos- provocaron un vuelco en la situación. Para principios del siglo XVII la economía europea ya había superado a la china en tamaño. En 1900, después de dos siglos de industrialización, la renta por habitante europea era casi seis veces mayor que la china. Las guerras civiles y las catastróficas políticas de colectivización del campo, industrialización pesada y revolución cultural de Mao no hicieron sino contribuir aún más al atraso chino. En 1978, poco antes de que se inaugurara la famosa política china de puertas abiertas (al comercio y la inversión, claro), los europeos disfrutábamos de un nivel de vida 13 veces superior. La maltrecha economía china no llegaba ni a una cuarta parte del tamaño de la economía europea o de la norteamericana.


En los casi treinta años transcurridos entre el comienzo de la transición hacia la economía de mercado y la celebración de los Juegos Olímpicos en Pekín este verano, China ha batido todos los récords de crecimiento económico, impulso comercial, migración hacia las ciudades, envejecimiento poblacional y polución medioambiental. Nunca en la historia de la humanidad se había producido una transformación tan intensa por parte de un país tan grande y potencialmente influyente. De continuar las tendencias, apuntan los expertos, China podría poner punto final definitivo a 500 años de declive y humillación.


Aunque no deben subestimarse la capacidad de trabajo y adaptación de China, conviene poner su creciente poderío económico en perspectiva. Gracias a la interesada colaboración norteamericana, japonesa y europea, China se ha convertido en el taller del mundo. Todos los días enormes buques portando miles de contenedores zarpan de alguna de las nuevas terminales de carga construidas a lo largo de la costa. Hace unos días tuve ocasión de visitar por segunda vez la localizada en Yantian, a pocos kilómetros de Shenzhen, en la zona del delta del Río Perla. La capacidad de carga y el nivel de actividad eran mucho mayores que hace un año, durante mi primera visita. China ha aprendido a fabricar cachivaches de todo tipo, si bien todavía son pocos los que sabe diseñar o vender por sí sola. La relación comercial de China con el mundo desarrollado es de una dependencia brutal. Eso sí, gracias a su elevada tasa de ahorro, China tiene una carta muy poderosa en la mano, al ser un importante tenedor de deuda pública norteamericana, país que ha contribuido al 'boom' chino mediante un aumento desaforado del consumo financiado a través del endeudamiento exterior.


La economía china seguirá creciendo y sus atletas quizás deslumbren al mundo este verano. Pero ya a nadie se le escapan los tres retos vitales a los que se enfrenta la que pronto pudiera ser la primera economía del mundo. En primer lugar, tal y como acabo de apuntar, China es dependiente. Su economía no puede crecer sin vender en los mercados desarrollados y sin abastecerse de energía. China es mucho más dependiente de mercados y de fuente de energía extranjeros que Europa o Estados Unidos, pero carece de la influencia cultural, diplomática y militar para abrirse camino en una economía global en la que todos compiten por acceder a los mismos recursos.


En segundo lugar, el crecimiento económico chino ha venido acompañado de un envejecimiento acelerado de la población y de un deterioro agudo del medio ambiente. Tanto uno como el otro son problemas caros y arduos de resolver. Y para coronar todos los males potenciales, la brecha entre la realidad socioeconómica y el sistema político no hace más que aumentar. China también pasará a la historia como el mayor anacronismo de la economía política. Los grandes pensadores de la Ilustración nos convencieron de que las libertades políticas y económicas eran dos caras de una misma moneda. Aunque lo dudo, China quizás pueda romper con los moldes establecidos y liderar un nuevo modelo político-económico, aunque espero que no resulte exportable al resto del mundo. Mientras estas y otras posibilidades van tomando cuerpo, continuaré visitando China una vez al año para comprobar con mis propios ojos cómo se hace la historia.

Mauro Guillén

Catedrátido de Sociología

MAURO F. GUILLÉN es director del Lauder Institute en la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania

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