En Las otras Ucranias de Putin. Geoenergía y secesionismo en el espacio post-soviético, los profesores Peña-Ramos y Amirov coordinan una obra coral rigurosa desde el punto de vista científico, que nos acerca a los apaños que Rusia hace de la cuestión energética. En la presentación, Jesús Núñez Villaverde describe el comportamiento de la Rusia actual y su deseo de ser considerada una potencia global, aspiración para la que emplea unos medios en muchas ocasiones alejados de la diplomacia.
A partir de esta meta, debemos analizar la política exterior desarrollada por Vladimir Putin, teniendo presente dos aspectos que se hallan conectados. Por un lado, que “Rusia no es la URSS, lo que implica que no posee el mismo hard power militar, ni sus capacidades económicas; y tiene solo la mitad de su población” (p.27). Esta debilidad la ha compensado con su fortaleza en el sector energético y la manipulación de tensiones territoriales en el espacio post-soviético: “El poder de la actual Rusia se basa en gran medida en sus recursos naturales, concretamente energéticos, y no tanto en su potencial militar” (p.128). Por otro lado, el incremento de su rechazo hacia todo lo que implique occidental-liberal, convirtiéndose Rusia en el paradigma de las denominadas democracias iliberales.
Conviene señalar un tema que aparece de forma transversal en el libro, como es la evolución de Rusia durante los últimos treinta años, es decir, desde la implosión de la URSS en 1991. Al respecto, se ha constatado que el deseo de colaboración con Occidente que caracterizó a los gobiernos encabezados por Boris Yeltsin en la última década del siglo XX, ha mutado en el antagonismo presente. Esta trayectoria tiene como punto de partida 2007, momento en el que Vladimir Putin pronunció un discurso desafiante en la Conferencia de Seguridad de Múnich, alejado del apoyo brindado a Estados Unidos tras el 11-S y el inicio de la guerra contra el terrorismo.
Asimismo, otra cuestión aparece perfectamente diseccionada en la obra que tenemos entre manos. En efecto, si bien la agresividad de Moscú ha aumentado en el panorama internacional, en particular en “su extranjero cercano”, en este mismo escenario gozan de una notable vitalidad aspiraciones secesionistas en ciertos enclaves de Europa del Este y Asia Central, las cuales vienen siendo “hábilmente” explotadas hasta la fecha por Rusia, arrogándose el rol de mediador. Dicho con otras palabras, las motivaciones que guían el comportamiento ruso en ningún caso resultan altruistas, puesto que en todo momento persigue garantizar sus intereses energéticos, base fundamental de su economía y de su influencia.