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Ensayo / Novela

Antonio Robles: Extranjeros en su país

martes 23 de abril de 2024, 00:23h
Actualizado el: 23 de abril de 2024, 14:59h
Antonio Robles: Extranjeros en su país

Última línea. Málaga, 2024. 473 páginas. 19,95 €.

Por Rafael Fuentes

Se aproximan las elecciones catalanas, que se celebrarán el próximo 12 de mayo. Un momento especialmente óptimo para sumergirnos en la lectura de Extranjeros en su país, de Antonio Robles, que ahora, con numerosos pluses que la enriquecen, podemos disfrutar gracias a la feliz iniciativa del sello Última línea, de reeditar la obra, al hilo de que se han cumplido tres décadas de su primera aparición. El libro ha tenido no pocos avatares, que son claro ejemplo y confirman lo que en él se denuncia.

En los años noventa, el periodista, escritor, exdiputado y profesor Antonio Robles, nacido en la localidad zamorana de Fermoselle pero afincado en Barcelona, se propuso publicar su trabajo. Pero la tarea se convirtió en imposible: “Busqué inútilmente una editorial en Barcelona y sólo encontré críticas, indiferencia o disculpas; incluso intentos hubo de adquirir los derechos con ánimo de que no saliera a la luz nunca o, si salía, lo hiciera en condiciones comerciales y mediáticas disminuidas”, confiesa el propio Robles en un jugoso texto, “Historia de tres ediciones accidentas”, incluyendo una suculenta anécdota con José Manuel Lara, el todopoderoso dueño de Planeta, que abre el volumen.

Finalmente, Extranjeros en su país, vio la luz en la madrileña Ediciones Libertarias, donde “la inclusión de la cláusula de cesión exclusiva de la primera edición iba aparejada al pago de sus gastos”. Robles la firmó con el pseudónimo de Azahara Larra Servet -repárese en lo significativo de su elección-, y el libro fue silenciado en Cataluña, desapareciendo de sus librerías. Luego, en 2006, la malagueña editorial Sepha se interesó por el texto y apareció una segunda edición en 2008. Señala Robles que al releer el manuscrito vio que mantenía su vigencia y que su función primordial “no sería denunciar una realidad social ocultada, sino certificar con hechos sus estragos”.

Aumentada con colaboraciones debidas a Pau Guix, Iván Tubau, Marita Rodríguez, Inger Enkvist, Ana Losada, Gonzalo Sichar y el catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona , su ciudad natal, Francesc de Carreras, a quien debemos el epílogo, y varios apéndices -entre otros el “Manifiesto de los 2.300, en defensa de la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña-, esta tercera edición incrementa la oportunidad de su denuncia y la certificación del acoso y derribo por parte del nacionalismo identitario a miles y miles de ciudadanos en Cataluña, convertidos en “extranjeros en su país”.

Entre las numerosas virtudes de su obra, Antonio Robles ha tenido el acierto de presentarla de manera muy atractiva, a medio camino entre el ensayo y la novela, vivificando así su tesis con personajes creíbles. Y muy sugerente, el guiño a Miguel de Unamuno, en su nivola Niebla, cuando el personaje creado por Robles visita y se comunica con su creador, en este caso, acorde con los tiempos, a través del ordenador: “Mis ojos no podían salir de su asombro. De golpe, aquella pantalla se había sembrado de signos coherentes que me hablaban... ¡Me había contestado!”

Los protagonistas de Extranjeros en su país son Adrián, y su pareja, Montse, ambos profesores en un instituto catalán de Enseñanza Media, el García Lorca. El primero, un castellanohablante, y la segunda, una convencida catalanista. Adrián, inmigrante en Cataluña, domina el catalán y no reniega, sino muy al contrario, de su tierra de adopción. Pero se va dando cuenta de que el nacionalismo cercena la libertad de expresión y quiere manipular la historia de Cataluña para acomodarla a su sectarismo. Esto, por ejemplo, se aprecia en uno de los momentos de la novela, cuando un seudohistoriador pronuncia una conferencia en el instituto de título ya elocuente: “Catalunya: història d´una nació persegida i explotada”.

El instituto es un excelente microcosmos en el que vemos cómo actúan los nacionalistas, que han hecho de la lengua y su forma torticera de “normalización” su principal caballo de batalla, haciendo de la escuela un vivero del nacionalismo. Tildan de franquistas y fascistas a quienes no siguen sin rechistar sus consignas, y les tratan como “apestados”. En el día a día del centro de enseñanza, Robles lo refleja perfectamente, y asistimos a situaciones como el rechazo de un artículo de uno de los estudiantes, con quien Adrián se solidariza, en la revista del instituto por estar escrito en castellano: “Se despotricaba contra la osadía de Adrián y su propensión al centralismo jacobino”.

Antonio Robles, autor también de otros títulos, como, entre otros, Historia de la Resistencia al nacionalismo de Cataluña, 1979-2006, y coautor de El libro negro del nacionalismo y Los catalanes sí tenemos rey, nos ofrece una obra tan valiente como imprescindible. Robles es cofundador y primer presidente de la Asociación por la Tolerancia, un bien que el nacionalismo radical se ha propuesto desterrar. Frente a ello, como hace Antonio Robles, no debemos guardar silencio.

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