Tal vez sea cierta la decisión de Pedro Sánchez al encerrarse para meditar sobre su eventual...
Tal vez sea cierta la decisión de Pedro Sánchez al encerrarse para meditar sobre su eventual dimisión. Pero si no fuera así, si se tratara de una finta política, como han denunciado Alberto Núñez Feijóo y José María Aznar, habrá que convenir que le ha salido espectacularmente bien. En un momento en el que su imagen estaba seriamente deteriorada, Pedro Sánchez ha conseguido lo que más podía favorecerle: una reacción positiva, muy positiva, para él. Los veinte partidos que le apoyan, incluido Podemos, incluido el díscolo Puigdemont, han hecho público su apoyo al líder socialista. Se han convocado actos y manifestaciones de adhesión y las redes sociales están inundadas por el lagrimeo de los fervorosos fans sanchistas. De cara a las elecciones catalanas, tan complicadas e inciertas, de cara a las europeas, tan alarmantes e imprevisibles, Pedro Sánchez ha quedado abiertamente robustecido.
Algunos de los colaboradores más cercanos del César de alpargatas niegan lo que afirman Feijóo y Aznar y creen que, a pesar del tsunami de adhesiones y del frenesí de los sanchistas, Pedro Sánchez, acosado en el hogar por su mujer y sus hijas, se podría mantener en la insólita escapada.
Si esa eventual dimisión se confirmara, el Rey tendría que abrir consultas para proponer al Congreso de los Diputados un nuevo nombre que alcanzara las mayorías que la Constitución exige. Se habla de una vicepresidenta del Gobierno y de varios ministros y dirigentes autonómicos, como posibles ocupantes del palacio de la Moncloa. Sin embargo, en el caso, para muchos improbable, de que Pedro Sánchez se retirara, el PSOE dispone de un peso pesado indiscutido, de un político de envergadura nacional y de la más alta proyección internacional: Josep Borrell. La solución inteligente a la eventual tocata y fuga de Pedro Sánchez sería Borrell. Europa respiraría tranquila y quedaría garantizada la estabilidad española.