“Durante varias décadas nos hemos ido viendo con una frecuencia que solo empezó a menguar cuando la edad decidió que el principal obstáculo para hacer algo fuéramos nosotros mismos. Nuestros encuentros tenían poco de académico: comer, beber, comentar la actualidad, criticar al prójimo y contar chistes [...]. Las últimas veces que nos vimos estaba en baja forma. Pero como hablaba de sus achaques con el tono brusco y un punto impertinente con que siempre se enfrentó a las contrariedades y, en general, a quien le llevaba la contraria, no me lo tomé demasiado en serio”, escribe Eduardo Mendoza, en un artículo aparecido a raíz del fallecimiento este 27 de abril de Francisco Rico (Barcelona, 1947-2024).
En pocas líneas, el autor de Tres enigmas para la Organización, su última novela, nos ofrece un gran retrato del Rico más cercano, sobre quien concluye: “Fue un hidalgo, un pícaro y un poeta”. La necrológica de Mendoza da cuenta de que la dedicación del gran filólogo a la literatura clásica no le impidió desatender a sus contemporáneos, manteniendo amistad con el propio Mendoza, Juan Benet, Javier Marías, y Félix de Azúa, entre otros. Con la desaparición de Francisco Rico, la filología española se ha quedado huérfana. Nos queda el ejemplo de su figura y de una obra que iluminó como pocas los estudios, ediciones críticas e investigaciones literarias.
Catedrático de Literaturas Hispánicas Medievales en la Universidad Autónoma de Barcelona, profesor visitante y doctor honoris causa en varios centros de enseñanza superior de dentro y fuera de nuestras fronteras, académico de la Real Academia Española (RAE) –donde fundó y dirigió su imprescindible Biblioteca Española, formada por más de un centenar de títulos-, y acreedor de numerosos galardones, desde que se publicó su primer trabajo, La novela picaresca y el punto de vista (1970), completó una obra ingente, presidida no solo por el rigor y la precisión sino también por el amor hacia las letras. Esto, sin embargo, no le convirtió en un erudito encerrado en una torre de marfil. Muestra de ello fue su pertenencia al Foro Babel –iniciativa a favor del bilingüismo en Cataluña frente a la política excluyente del castellano de la Generalidad-, y su oposición al independentismo y el procés, como manifestó sin ambages y en repetidas ocasiones. Así en su ensayo Paradojas del independentismo (2018), aun a costa del desdén de las autoridades catalanas.
Francisco Rico fue especialista en la literatura medieval y renacentista, y en nuestro Siglo, alzándose sobre todo como un excelso cervantista, editor de El Quijote, que nos sirve magistralmente. Y, junto a Cervantes, dedicó especial atención al humanismo y a Francesco Petrarca (1304-1374), su figura por excelencia. Precisamente en el escritor de Arezzo se centra este volumen, recién aparecido, donde se recopilan cuatro ensayos fundamentales sobre el autor del Cancionero: “Poeta, pensador, personaje”, que da título al libro, “Petrarca en el escenario”, “De la filología a la filosofía” y “Posteridad’. Algunos inéditos en español, la iniciativa de Arpa nos permite disfrutarlos ahora convenientemente reunidos.
La biografía de Petrarca, que se aborda sobre todo en el primer trabajo, encierra no pocos interrogantes e incertidumbres, que Rico desentraña, pues como bien señala, aunque existen muchas noticias y testimonios proporcionados bastantes veces por el propio protagonista buscaban sobre todo el establecimiento de una trayectoria ideal. Petrarca fue muy hábil en la promoción de sí mismo y parece que su célebre Laura no existió sino que es un entramado literario compuesto muy probablemente por la idealización de varias mujeres.
Este libro de Francisco Rico está repleto de su soberbia erudición pero su lectura es ágil y nos acerca a un Petrarca más allá de su pedestal, tan genial en su producción y en lo que significó en la cultura occidental (“implicándose en cuerpo y alma concibió la institución de una nueva cultura como tarea no ya de escritor, sino de hombre”) como con claroscuros y contradicciones en su vida y personalidad (“El gusto de Petrarca por la soledad y por la naturaleza era genuino y profundo, pero no era menor su afán de distinguirse por ese gusto”). Algo que convierte la visión de Rico sobre Petrarca en particularmente atractiva.