Alberto Núñez Feijóo ha hecho unas moderadas declaraciones en el diario ABC...
Alberto Núñez Feijóo ha hecho unas moderadas declaraciones en el diario ABC en las que acierta en muchas cosas, de manera especial cuando afirma: “Pedro Sánchez pretende deslegitimar cualquier investigación a su Gobierno, a su partido o a su entorno”.
Parece claro que uno de los objetivos del presidente del Gobierno al publicar su debatida carta a la ciudadanía, amenazando con dimitir, algo que nunca pensó hacer, consistía en provocar la reacción entre las gentes que le deben su puesto de trabajo y sus ingresos económicos para que, entre otras cosas, se negaran a aceptar cualquier crítica de la oposición a su persona o a su entorno. A esa actitud solo puede calificarse como de un golpe bajo a la libertad de expresión.
Pero Pedro Sánchez no se ha equivocado, al menos a corto plazo. Todos sus paniaguados reaccionarán a cualquier crítica y hablarán del “fango” con que se embarra la democracia española. Ha hecho bien Alberto Núñez Feijóo en anticiparse y denunciar ante la opinión pública que la desmesurada reacción de Pedro Sánchez pretende cuartear la crítica y, si fuera posible, eliminarla.
Como en toda la Europa democrática, los medios de comunicación se expresan en España con claridad y los dirigentes políticos tienen la obligación de aceptar las críticas, con la posibilidad de replicar si consideran que son injustas. El periodismo cumple así con una de sus dos funciones esenciales: con el ejercicio del contrapoder, elogiando al poder cuando el poder acierta, criticando al poder cuando el poder se equivoca, denunciando al poder cuando el poder abusa.
Y no. El periodista no es ni debe ser impune ante la Justicia. Si vulnera alguna ley, al expresarse en su medio, corresponde a los jueces, no a Pedro Sánchez, investigarle, sentenciarle y condenarle si así lo decide el magistrado dentro del Estado de Derecho. Pero la doctrina que ha expuesto Pedro Sánchez sobre los medios de comunicación está más cerca de Mussolini que de la democracia pluralista plena establecida en Europa por las Monarquías y las Repúblicas parlamentarias.