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México: sin virtud ni fortuna

martes 11 de noviembre de 2008, 22:34h
Es difícil ser optimista, particularmente en México. El cúmulo de malas noticias nubla cualquier logro del gobierno acerca del cual escribir. La muerte del Ministro del Interior y de un alto responsable contra el narcotráfico constituyó un golpe demoledor a la imagen del gobierno.

Un viejo y sabio político mexicano repetía:”En política lo que parece es”. El día del accidente (4 de noviembre) por la mañana, un periodista bien informado publicó un artículo acerca de los enemigos del fallecido Ministro dentro del propio gobierno, naturalmente fue una coincidencia, pero la opinión pública sospecha siempre de las explicaciones sencillas, aunque sean verdaderas y sensatas.

Las explicaciones de los asesinatos de Kennedy, Palme o Rabin, aunque lejanos, no son aceptadas por todos. El tufo de la conspiración rodeará siempre los magnicidios y aumenta la imaginación de la gente, estimulada por libros y películas. Si a ello se suman las explicaciones gubernamentales insuficientes o contradictorias, como en el caso del asesinato del carismático candidato del PRI en 1994, se dan todos los ingredientes de un thriller.

Todo ello ha concurrido para que el accidente del 4 de noviembre parezca una acción más del todopoderoso sindicato del crimen organizado. Esta percepción distorsionada no es gratuita. Ha sido aumentada por el escandaloso número de muertos (más de 4 400 en este año), el asesinato de altos mandos policiales y las recientes detenciones de importantes funcionarios responsables del combate al narcotráfico.

Tan sólo hace unas semanas el gobierno presumió de las operaciones que desembocaron en la detención de infiltrados en los niveles superiores de los servicios de “inteligencia”, así como en la Interpol y en la Embajada estadounidense. Hace falta John Le Carré para escribir la historia de la lucha contra el narcotráfico en México.

A la mala fortuna se añade la falta de virtud. La carencia de oficio se hace sentir y las explicaciones oficiales se han caracterizado por su tono dubitativo: “No hay indicios de que no haya sido un accidente”. Más valdría un tajante “no especulemos, debemos esperar los resultados de las investigaciones”. No será fácil explicar a la opinión pública cómo se desplomó un avión oficial conducido por militares en pleno centro de la ciudad en forma súbita.

No cabe duda de que el actual gobierno tiene mal fario, además de falta de oficio. Si faltara un detalle, el senador John McCain visitó México en su campaña y el presidente Calderón cometió el error de recibirlo y declarar: es el candidato que comprende mejor a nuestro país. El Jefe del Estado no olvidará el 4 de noviembre en el resto de su vida.
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