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La victoria del sandinismo

martes 11 de noviembre de 2008, 23:52h
El partido del presidente nicaragüense Daniel Ortega, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), se ha alzado como ganador de las elecciones municipales celebradas este domingo, al conseguir 91 de 146 alcaldías. Sin embargo, la jornada electoral ha estado marcada por la violencia, ya que los enfrentamientos entre los simpatizantes del partido del Gobierno y la oposición derechista, el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), se han cobrado la vida de dos personas y provocado decenas de heridos.

Los datos preliminares del Consejo Supremo Electoral (CSE) confirman la victoria del sandinismo con prácticamente la totalidad de los votos escrutados, aunque la oposición ha denunciado fraude electoral. Por eso, el organismo nicaragüense de observación electoral Ética y Transparencia ya ha pedido al Gobierno y a las autoridades electorales de Nicaragua que presenten "los verdaderos resultados" de los comicios municipales.

La violencia desencadenada parece el resultado del clima tenso creado por el gobierno y la oposición, que han cargado el evento de muchos significados: días antes del voto, el actual mandatario, Ortega, había anunciado que las elecciones servían para certificar el alto grado de aprobación de su gestión política, esperando una especie de “plebiscito”; mientras, por otro lado, la oposición se apresuró a presentar las votaciones como una ocasión para demostrar los “limites” del actual gobierno. Por eso no se trataba de una simple “votación” administrativa.

De esa manera, a diferencia de otras elecciones municipales, los contrincantes han decidido llevar el proceso a un grado de politización extrema, cargándolo de un valor que va más allá de su efectivo peso. Ortega, preocupado por su gestión política y consciente de los límites de la actividad de su Gobierno, ha entendido la trascendencia de la jornada electoral. Por eso, el presidente había dado tan claramente la cara a favor de Alexis Arguello, candidato en Managua y apoyado abiertamente el oficialismo.

El riesgo de que el resultado positivo pueda representar un “cheque en blanco” concedido por el pueblo a Ortega parece real; la victoria del sandinismo podría favorecer el intento presidencial de consolidar su poder, procediendo a unas reformas constitucionales, incluyendo su reelección. El proyecto autoritario de Ortega probablemente seguirá en marcha, ya que el mandatario considera posible prescindir de la oposición y de la negociación. Mientras el país necesita un cambio de sistema y del modelo político representando por el actual gobierno, Ortega seguirá adoptando medidas anacrónicas y de dudosa utilidad. Las elecciones, con sus anomalías y supuestos fraudes, no parecen mejorar el clima político nacional y podrían traer como consecuencia un empeoramiento de la situación del país. Nicaragua necesita cambios ya.
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