No es verdad que la posible fusión del BBVA con el Banco Sabadell vaya a tener “efectos perniciosos en la economía y en el empleo”, como dice el ministro Carlos Cuerpo. El rechazo del Gobierno obedece a su empeño en entrometerse en todo, incluso en unas posibles operaciones bancarias que se producen dentro de la libertad de mercado. Pero para la izquierda, la libertad no es más que un obstáculo a su afán totalitario.
La realidad es otra. La OPA hostil del BBVA al Banco Sabadell se produce en plena campaña electoral en Cataluña. Y Puigdemont ya se ha opuesto rotundamente a la operación al considerar que el Sabadell es un banco “de obediencia catalana”, A pesar, de que trasladó su sede a Alicante ante la crisis política en la Comunidad Autónoma derivada del intento de golpe de Estado del 1.O. Pero para Sánchez, los deseos del golpista catalán son de obligado cumplimiento. Pues necesita imperiosamente los 7 escaños de Junts para permanecer en La Moncloa. Como reconoce el PP, el rechazo del Gobierno no es más que una “sobreactuación” ante las elecciones del domingo.
Pero lo cierto es que el Gobierno todavía no ha enseñado sus cartas. La operación de compra “por las malas” del BBVA se enfrentará a un via crucis legal y regulatorio ya que, además de la demanda del propio Banco Sabadell, necesita el ‘sí’ de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, de la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia, del Banco Central Europeo y del Ejecutivo europeo en Bruselas.
Al fondo de ese largo camino se encuentra el Gobierno, que puede invocar mecanismos como el llamado “escudo antiopas” para desarticular la compra. Sería otro lamentable episodio de política intervencionista ya que, superados los trámites técnicos, los únicos que deberían tomar la decisión final son los accionistas del Banco Sabadell, como corresponde en una economía libre de mercado.