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TRIBUNA

Hoy ha sido un gran día

lunes 13 de mayo de 2024, 19:50h

Hoy es un gran día, san Isidro Labrador. Las campanas, después de la petardería y de las tracas nocturnas a cargo de los presupuestos generales del Estado, han echado sus badajos al aire dando paso a la predicación del sumo sacerdote del sanedrín. En efecto, el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, ha defendido la autonomía y la independencia del ministerio público y -contrariando el clamor popular (no sólo del Partido Popular)- se ha cerrado en banda descartando dimitir: “si dimito, dices, caro superfiscal, dejo la Fiscalía al pairo de intereses de muchos tipos” (y tipas, claro). Pues, como proclamas, dolido y estoico, “mi responsabilidad es estar aquí, dirigir y defender esta institución”. Hay que defender numantinamente la plaza aunque no sea por oposición sino a dedo, ¿qué pasaría si dimitieses? Sodoma y Gomorra y el diluvio universal. Como autoproclamas con toda humildad, tú ocupas el espacio de la neutralidad, eres un milagro okupando el espacio vacío.

Desde el no lugar y el vacío, el Olimpo es tuyo: “no puedo salir a hablar ni bien ni mal ni regular de ningún responsable público porque me estaría situando en un campo que no es el mío, que es el jurídico”. Tu campo es el lugar metacampal; hablas desde el no-lugar del Olimpo, aunque algo esté fallando en tu comunicación con los mortales, pues el mundo entero te malentiende, querido responsable del ministerio público. Como muy bien dices, “tanto España como el resto del mundo tienen un problema con la desinformación, que daña gravemente a la democracia”, así que ante la cósmica incomprensión te verás obligado a reinstaurar el ministerio de información y turismo. Antes lo había ironizado Campoamor: “tanto fue lo que él habló/ que, aunque ya no llegue a hablar,/ nunca llegará a callar/ a donde el hablar llegó”.

Puro bulo ajeno, frente a tanta desinformación y desde tu objetividad sin manipulación sigue diciéndonos, pastor de ovejas descarriadas, la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad, oh César. Perdón y clemencia, señor. En cuanto al recurso contra tu designación como fiscal general, que ha de resolver la Sala de lo Contencioso Administrativo del Supremo, sigue respetando como vienes haciéndolo a la judicatura “diga lo que diga y haga lo que haga”. Qué día tan grande, qué raza, qué patriotismo, no te merecemos, don Álvaro, la fuerza del sino. Con ayuda del señor Tezanos, todas las encuestas españolas y mundiales te serán favorables por partenogénesis.

Pero passons outre. Antes también había días grandes, más grandes incluso que ahora. Beethoven compuso y tocó sus últimas obras maestras “de oído”, aun siendo severamente sordo, porque no es necesario oír para musicar. Seguramente por eso el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, sintiéndose otro Beethoven, nos habla sin palabras. El último gran concierto del genial músico fue para él, silencioso por la oclusión de sus oídos, pero llegándole los ecos de la Hörersaal. Música en las manos de Beethoven, música en las manos de sus oyentes que se la agradecían bendecidas durante larguísimos minutos desde el gran auditorio. A esa conjunción puede denominársela con/cierto.

Dicho esto sobre los conciertos de Beethoven y los desconciertos del tal Álvaro García, me viene al pelo lo que sigue. España es el segundo país de calvos en el mundo según tengo leído, así que lo de la canción española representando a Eurovisión hubo de poner a los más calvos los pelos como escarpias. El fenómeno mob, (muchedumbre) consiste en organizar a través de Internet citas a ciegas en las cuales una gran cantidad de personas que no se conocen se reúne en un lugar durante unos pocos minutos para seguir las instrucciones de quien organiza esa reunión para nada, sólo para hacer bulto: plenitud del vacío y silencio de los corderos todavía más vociferante que los rugientes ultrasur.

Hoy ha sido también un gran día para Suiza, cuyo ganador/ganadora de Eurovisión, un tal Nemo, que en latín quiere decir Nadie, lo mismo que el astuto Ulises intentando escapar del cíclope. Como tal Nemo no le queda otra que declararse no binario, ya que no es nadie del cual pueda predicar algo concreto. No binario, fluido, indefinido, polimorfo a fin de “librarse de las cadenas”, la emancipación gradual y absoluta de todo lo personal. Nemo ha superado el pudor de todas las vírgenes y la probidad de todos los santos.

España quedó la número 22, un poquito por debajo de lo previsto. Nuestra representante, que seguramente se creía María Callas, no tiene voz ni para escribir a máquina, pero se presentó con unos leones cachas locas estrafalarios ofreciendo desnudaciones y superyacencias a la interminable gradería. Qué gran lenguaje, que fina etereidad, la naturaleza esflorece, el ánfora del mundo rebosa de espiritualidad. En las escuelas budistas se estudian dos idiomas, tibetano y chino. El tibetano no solamente es el idioma patrio, sino que además permite elegir dos tipos distintos, el ordinario y el honorífico. La lengua vulgar es para dirigirse a la servidumbre y a otras personas de clase baja, y el honorífico para hablar con personas de nuestra misma o superior condición social: ¡al caballo de un noble había que hablarle en estilo honorífico! Uno de aquellos criados, al encontrar a un aristocrático gato en el patio, debía dirigirse a él de este modo: ‘¿querría dignarse el honorable Minino venir a beber esta indigna leche?’[1].

El lenguaje de Eurovisión ¿es noble o vulgar? Cuando lo vulgar se vuelve noble y lo noble vulgar se ha alcanzado el acmé del gozo. Qué hermosa aventura musical la de estas Zorras y zorros ennobleciéndonos con su vulgaridad. Seguramente la moda pide cosas así, como dicen en Guanacaste (Costa Rica), a la historia no le soltamos el rabo, aunque nos cague. A esta chabacanería hemos vuelvo gracias al lavado de cerebro de Eurovisión, que es las bombas (fétidas) por otros medios. Toda Europa en el gargajo, y a pasarla bien, excelente concierto.

Pero en fin, en gracia del mareo que esto haya podido producir en ustedes, mis lectores, dejémoslo así.

[1] Rampa, L: El tercer ojo. Autobiografía de un lama tibetano. Ed. Destino, Barcelona, 2003. p. 18

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