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Ensayo

Chelo Aparicio y Ana Aizpiri: Las víctimas de la yihad

lunes 20 de mayo de 2024, 00:30h
Chelo Aparicio y Ana Aizpiri: Las víctimas de la yihad

Prólogo de Fernando Reinares. Espasa, Barcelona, 2024. 512 páginas. 24,90 €. Libro electrónico: 9, 99 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Las víctimas de la yihad. Españoles asesinados en atentados terroristas, Chelo Aparicio y Ana Aizpiri nos brindan una obra oportuna y necesaria que hace justicia con todos aquellos españoles asesinados por el terrorismo yihadista. Ambas periodistas subrayan el significado político y el carácter de referentes morales de las víctimas de aquel, evitando que puedan caer en la invisibilización.

Las autoras siguen un orden expositivo adecuado, empleando para ello dos planos complementarios. Por un lado, uno de carácter geográfico, en el que explican en profundidad los atentados yihadistas cometidos en diferentes partes del mundo que se han cobrado víctimas españolas. En este sentido, recorren desde el norte de África (Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto) hasta Asia y Oriente Medio, sin olvidar Estados Unidos con el 11-s.

Este último acontecimiento resultó fundamental a la hora de encarar la amenaza terrorista en los años venideros: “Los atentados marcaron el inicio de una época en la que el mundo iba a enfrentarse al reto de un terrorismo global, el yihadismo, llevado a cabo por hombres y mujeres sin límites morales, dispuestos a inmolarse y a atacar los blancos más fáciles: civiles indefensos en lugares públicos […]. Su propósito no era solo infligir un daño simbólico. Bin Laden creía que Estados Unidos, en tanto que entidad política, podía ser destruido. Era natural, por tanto, que Bin Laden deseara atentar contra la Casa Blanca y el Capitolio” (págs. 63 y 64).

Por otro lado, cuando abordan la figura particular de la víctima, siguen una estructura que va de lo general a lo particular. Al respecto, aportan una explicación rigurosamente contextualizada del atentado, recogiendo reacciones en forma de testimonios, tras lo cual nos acercan el perfil profesional y, sobre todo, humano de la víctima, dotándola, por ello, de visibilidad. Este esquema se ve completado en algunas ocasiones con el relato de supervivientes de atentados discriminados o indiscriminados.

Con todo ello, en cifras globales, el terrorismo yihadista ha dejado en España 230 muertos, 193 como consecuencia del 11-M, además de decenas de heridos. Los perpetradores han sido tanto organizaciones terroristas como lobos solitarios “individuos que no estaban afiliados a ninguna organización yihadista, normalmente autorradicalizados e imbuidos de la propaganda yihadista a través de distintos canales y recursos online” (p.166). Estos lobos solitarios han desarrollado un terrorismo low cost, como por ejemplo en Torre Pacheco, Murcia, donde el terrorista empleó un Wolkswagen Golf que lanzó contra una terraza.

La obra, por otra parte, nos permite conocer la trayectoria de las dinámicas terroristas, aspecto que incrementa su valor. Así, hoy en día, África y sobre todo el Sahel, se han convertido en el epicentro del terrorismo, sin olvidar que en ese mismo enclave se ha consolidado otra amenaza transnacional y asimétrica como es la delincuencia organizada. En este apartado, Aparicio y Aizpiri profundizan en las deficiencias estructurales de la región, detectando un rasgo cada vez más repetido: ante la incapacidad de las autoridades políticas para la garantizar la seguridad del país, aquellas optan por medidas tan contundentes como ineficaces, sobresaliendo la formación de una suerte de “milicias ciudadanas”, lo que en última instancia incrementa la violencia y la vulneración de derechos humanos.

Buceando en la historia más reciente, las autoras muestran al lector cómo España se convirtió ya en los años 90s de la pasada centuria en la base principal para Al Qaeda. Así, aquí se establecieron yihadistas procedentes de Chechenia, Afganistán y Bosnia. Además, Abu Dahdah también envió a muchos reclutados en nuestro país a campos de entrenamiento en el exterior, en concreto a Bosnia, Indonesia y Afganistán.

El siguiente paso fue la comisión de atentados contra los intereses de España, por ejemplo, en 2003 en Marruecos, lo que para el profesor Fernando Reinares supuso “un presagio del 11-M” (p.186). En íntima relación con este argumento, citando a José María Irujo, las autoras señalan que “la semilla de la yihad se sembró al menos una década antes de los atentados de los trenes” (p.180), por lo que “la explicación del 11-M como una consecuencia del apoyo del Gobierno de José María Aznar a la guerra de Irak es una simplicidad” (p.181).

En conclusión, una obra rigurosa que sirve para recordar, con las víctimas como eje principal del relato, cómo el terrorismo yihadista tiene unos precedentes muy anteriores al 11-S de 2001. Lo que no ha variado es su finalidad (imponer un proyecto totalitario político-religioso) ni los medios utilizados (el empleo sistemático de la violencia, legitimado mediante el recurso al binomio lenguaje-comunicación).

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