En mi adolescencia en el repertorio de los malos [éxito teatral: un drama de otro malo "Echegaray, ¡ay!] figuraban sorprendentemente los "boy-scouts" que eran rebajados con el apodo de exploradores.
Hace unos setenta años que oí por última vez la canción irónica que les estaba dedicada a aquellos diablos capitalistas americanizados y fe-liz-men-te-e-li-mi-na-dos:
Exploradores niños mocosos
que con un palo hacéis el oso
la cantimplora y el correaje
pareceis burros que vais de viaje.
Sin embargo, los-bue-nos del "Frente de Juventudes" conducía a su gente a los campamentos ¿con cantimplora, correaje y palo?
Heráclito advirtió. "No se baña jamás en el mismo río".
Las diferencias ni fundaban estilo ni creaban preceptos. Apelotonadas, en la era de la nada, aquí y allá, oíamos los redobles de marchas marciales, sin adivinar cuan largo iba a ser el interregno.
Creo que Jehová firmó con arco iris el fin del diluvio universal, es decir ¿la reconciliación del género humano?
«Se puede razonablemente creer en la existencia de Satanás».