Pese al indisimulado afán de leer y analizar del lado de la opinión pública con cierto optimismo los resultados de las últimas elecciones vascas, la realidad impone su dura ley. En esencia, los sufragios postreros vienen a evidenciar una vez más que el fondo de la raza en aquel territorio hispano conserva intacta sus características de los tiempos más recientes. No obstante el asaz parcial y muy venturoso retroceso del ancho sector partidario de la independencia y del leve reflujo de la marea emancipadora, la secesión de dicha parcela sustancial del ser histórico español continúa concitando el anhelo de muchos de sus habitantes. Las cuestiones en debate han amortiguado algunas de sus asperezas; la administración semeja imponerse a la ideología; la juventud parece más imantada por los temas socioeconómicos que por los políticos; la atención, múltiples veces la obsesión por el lugar de Euskadi en el mundo que se configura a nuestra vista acapara una gran porción de sus reflexiones y querencias; la conciencia de una globalización inevitable se instala en sus trabajos cuotidianos…
Pero, con todo, la picazón independentista y su ideal de absoluta autonomía siguen erguidos y lozanos en la mente de los jóvenes vascos y con incomparable más fuerza en los círculos de sus habitantes más adultos y provectos.
Por ello, ejemplos y trayectorias como la del antiguo catedrático de Instituto de Bilbao así como de su Universidad de Deusto D. Armando Besga suscita espontáneamente la admiración sincera. Sin duda con alguna exageración cabría compararse sus hazañas con las de Hércules: tales son la magnitud de sus afanes cívicos y el ardor de sus quehaceres como auténtico de la pluma. Pue, en efecto, no existe a lo largo de la ancha geografía de nuestro país un servidor de Clío con jornadas más maratonianas e incesables. Su producción en varios campos de la historiografía hispana se visibiliza como una de las más densas y dilatadas de la España hodierna. Trimestralmente ve la luz una obra enjundiosa y a menudo polémica en punto a la problemática más candente de sus conciudadanos. Naturalmente y sin mayor esfuerzo puede y debe suponerse que la atañente a su patria natal imanta los títulos de su infatigable péñola. Dada la vastedad y calidad de su obra sería arbitrario recomendar alguna, aunque justamente en ello nos adentraremos en el próximo y último artículo consagrado al trascendente asunto de la independencia de Euskadi.