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Caudillo Ortega

Jordi Canal
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jcanalelimparciales/7/1/7/19
jueves 13 de noviembre de 2008, 22:39h
Parece claro, tres días después de la celebración de elecciones municipales en Nicaragua –el pasado domingo 9-, que las irregularidades de todo tipo han presidido el proceso. No se conocen todavía los resultados definitivos, pero sí sabemos que ha habido falsificaciones, impedimentos para ejercer el voto, mucha tensión y, asimismo, dos muertos y más heridos. El FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) se proclama vencedor. Tanto la oposición política como la Conferencia Episcopal y numerosas organizaciones ciudadanas denuncian el fraude.

No puede decirse que todo ello haya supuesto una sorpresa. Desde hace tiempo las cosas van de mal en peor en Nicaragua. La prohibición de la presencia de observadores nacionales y extranjeros en estas elecciones; la encarnizada persecución judicial de todos aquellos que se atreven a criticar la deriva autoritaria de la pareja presidencial, Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, que controla los medios de propaganda oficiales; y, asimismo, la intimidación del adversario y la violencia usada contra las oposiciones –piénsese en los temidos Consejos del Poder Ciudadano, de inspiración cubana-, ya presagiaban la manipulación de los resultados. Varias ONGs, así como el periodista Carlos F. Chamorro, el Movimiento Autónomo de Mujeres o, entre otros, Ernesto Cardenal han padecido en sus carnes ya, en los últimos meses, las iras del nuevo poder sandinista. La fragilísima democracia nicaragüense camina hacia el abismo de la dictadura.

Hace unas semanas, estando en México, tuve la ocasión de escuchar y ver en televisión al poeta, sacerdote y ex ministro de Cultura sandinista Ernesto Cardenal, en la actualidad víctima de las garras del poder orteguiano-murillista, que declaraba tener miedo de seguir hablando. ¡Extraordinaria afirmación de alguien que no calló nunca frente a los Somoza! Sobre Daniel Ortega pesan acusaciones de corrupción y nepotismo, por no hablar del espeluznante episodio de los abusos sexuales durante años a su hijastra Zoilamérica Narváez o del pacto mafioso de 2000, que le consolidó en el poder mientras sacaba de la prisión al espoliador Arnoldo Alemán, del Partido Liberal.

En Nicaragua se está asistiendo, tras la victoria electoral de Daniel Ortega en 2006, a una progresiva e imparable erosión de las libertades. Una lenta -o no tan lenta- marcha hacia el autoritarismo y la laminación democrática a la venezolana. En el prólogo que Sergio Ramírez escribió en 2007 para su interesante libro Adiós muchachos. Una memoria de la revolución sandinista (1999), el escritor y ex vicepresidente nicaragüense denunciaba ya, con acierto, que resultaba imprescindible “apartar de las instituciones la sombra del caudillo”. Los organismos internacionales deberían implicarse decididamente –como hicieron en otras épocas no tan lejanas, favoreciendo la lucha sandinista contra el somocismo- a fin de evitar la consolidación en este país centroamericano, tan castigado en los últimos tiempos en lo económico y social, del nuevo régimen del Caudillo Ortega.

Jordi Canal

Historiador

JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

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