Los británicos, hartos de este frenesí regulatorio, que es incompatible con cualquier idea de soberanía nacional, sabedores de que Alemania, corazón del Imperio europeo, quería otra vez sustituir la política por una burocracia militarizada, como en la época de Prusia – el bueno de Eduardo VII ejemplificó en su sobrino Guillermo II la manía que ha tenido siempre Alemania de regular la vida de los demás, además del gas mostaza para las salchichas – tuvieron el sabio acierto de escapar del prusianismo rampante de la Comisión Europea, ente tan empíreo que no lo eligen los pobres terrícolas europeos, y volver a la splendid isolation del marqués de Salisbury; y hoy los partidos nacionalistas, únicos representantes de las Naciones que hicieron grande a Europa, y opuestos a esta uniformidad paneuropea castrense, han duplicado sus votos. En Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Hungría, Chequia – que la palabra “robot” es del checo Karel Capek, en una comedia de 1923 -, Letonia y Austria ( Grossdeutschland ) el hartazgo contra la Srta. Rottenmeier, de dentadura góticamente pavorosa, triunfó, y en los demás países las fuerzas nacionales, hartas de estrechos cinturones de castidad y ventregada de ordenanzas, se convirtieron en la segunda o tercera fuerza nacional. Sorprende su éxito en la misma cabeza de Europa, la Kleindeutschland. Sin Rusia y sin la Gran Bretaña Europa no se comprende, y sin Rusia y la Gran Bretaña Europa sólo puede ser una colonia de Prusia, y ésta de los EEUU - quizás ya desde Pershing -, dada la insignificancia del vaporoso Macron. Aznar, fiel a la secular tradición europea de ententes y alianzas, hizo pactos con Polonia, Eslovaquia, Portugal y hasta Italia, a fin de que los intereses de los medianos se pusieran sobre el pavés también del Consejo de Europa. Pero a Sánchez le parece menos complicado prosternarse directamente – la proskýnesis persa – ante la emperatriz de dentadura góticamente pavorosa. Pero este continente, tan próspero en apariencia, está viviendo al borde de un precipicio, y no hay Triple, ni Cuádruple Entente, que se forme para evitarlo.
Algunos individuos oscuros, los tapados de siniestros intereses, transidos de envidia y rencor populachero, disfrazados de democracia venenosa, han salido también elegidos como bufones en estas elecciones continentales, produciendo en el caso de España todo un rejonazo en el lomo de nuestros nacionalistas. Pero ya decía Dizzy ( Disraeli ), que introdujo el dandismo y la alta cultura en la clase política, pero cuya ola no alcanzó las playas de nuestro cateto país, que el pueblo debe tener también sus parásitos, lo mismo que los tienen los monarcas con los aristócratas. Al pueblo le gusta el espectáculo. Nuestros seis diputados de Vox, hoy verdaderos parsifales perdidos en la partida de póquer que es la UE, junto al resto de fuerzas nacionales, puede ser que consigan bloquear la frenética aspiración de expedir aún más regulaciones y directrices imperiales, pero sus palabras, junto a las de los otros nacionalistas, resonarán en la conciencia de todos los ciudadanos europeos que se sienten ya desnudos de nacionalidad y metidos en una secta prusiana en la que te quitan todo y en la que tu único cometido es la obediencia, y en la que el manto de Elie se transmite de la Srta. Rottenmeier a sí misma. Mientras las naciones de Europa olvidan su pasado, a sus ciudadanos les pasa lo que escribió Tácito sobre el emperador Galba: “omnium consensu capax imperio nisi imperasset”; esto es, tienen derechos políticos siempre que no sean soberanos. La complacencia o pasividad que han tenido las instituciones europeas ante los inmigrantes criminales ha hecho aumentar el etnicismo de las distintas naciones como medio de autodefensa. Si Europa llega al racismo lo será por la Srta. Rottenmeier, Europae fututrix, y sus cómplices irrumatores. Hubo un tiempo en que al káiser Guillermo II gustaban muchos los musulmanes ( léanse sus discursos en Palestina y en Tánger ), ahora la cosa está cambiando un poco en su país. Los agricultores europeos han deslegitimado por completo la Comisión Europea. Odian cervalmente este maldito gobierno europeo. Los apoyos a Ucrania han caído mucho y, por tanto, cada vez será peor vista la anacrónica OTAN, una verdadera alotropía del fascismo que invita a los chirridos de los enormes proyectiles rusos que atornillan el aire y alegran al beligeérrimo Borrell. La idea de una Federación de países europeos tiene ya cien años. Al primero que se le ocurrió fue al gran ministro francés de Asuntos Exteriores Arístides Briand, hombre de tacto e intución, y gran artista de la diplomacia y de la tribuna; pero todas las decisiones de esta Federación – si leemos sus textos – son el resultado de la voluntad directa de todos los europeos, incluidos los rusos, y Briand era liberal. Es por ello que estamos obligados a preguntar, quiénes han desvirtuado los nobles ideales europeístas que ya no encarnan la UE. Los populares, socialistas y liberales son los grandes arquitectos de este gran totalitarismo continental sin naciones y, por tanto, sin Europa, y les unen dos cosas, el credo meticuloso e impertinentemente entrometido de la Agenda 20/30, una especie de nuevo islam, y su oposición frontal a los partidos nacionales. Y es que nada une tanto a los hombres como un enemigo común. Si Europa acaba remilitarizándose, con el pretexto de la estúpida guerra entre Rusia y Ucrania, los amos de este falansterio europeo se atreverán ya a todo. No habrá límites a sus catecismos meticulosos en el castrense convento europeo. La Srta. Rottenmeier se pasa las horas creando inmotivadamente una ansiedad bélica cada vez más profunda en Europa, como si no supiera que esta guerra destruiría Europa. Ni la propia Juana de Arco podría detener una guerra nuclear con su cerbatana. Antes de la IIª Guerra Mundial el hombre era sólo consciente de su propia mortalidad, después de la IIª Guerra Mundial el hombre también es consciente de que la humanidad puede tener también un fin imprevisto gracias a alguna Rottenmeier. Y esa igualdad de condiciones hace que ya no haya separación entre el hombre y la humanidad. Algún pensador cristiano desde Hiroshima ha recitado el Credo poniendo la palabra Humanidad en donde nosotros decimos Jesucristo.
Artículo F de las Disposiciones Comunes del Tratado de la Unión Europea: “La Unión respetará la identidad nacional de sus Estados miembros, cuyos sistemas de gobierno se basarán en los principios democráticos”. Pues eso.
Artículo J.7 de las Disposiciones Relativas a la Política Exterior y de Seguridad Común: “El Parlamento Europeo podrá dirigir preguntas o formular recomendaciones al Consejo”. Esa es la utilidad política de estas elecciones de Junio.