Para la joven teresiana «madre Mercedes» era yo en plena guerra civil el hijo de lo que se llamaba, los "malos". Los malos eran malhechores desalmados muy capaces de quemar conventos y de asesinar monjas y sacerdotes.
Pero enigmáticamente fui el alumno predilecto de la «madre Mercedes» durante los años que beneficié de sus lecciones. Por eso decidió que yo sería su alumno para presentarme al concurso de superdotados.
En 1978, cuando la televisión sueca me llevó a Ciudad Rodrigo, la «madre Mercedes» obviamente me recordaba precisamente:
¡Fernandito! ¡Africanito!
Exclamó amorosamente cuando me volvió a ver. Cuarenta años después de mi marcha ¿definitiva? de Ciudad Rodrigo a Madrid. Y por fin en 1955 a París.
La «madre Mercedes»… y mi padre hicieron de mí lo que soy. Platón asegura que ‘El amor todo lo transforma ... hasta el cobarde se vuelve un héroe'.
«Cada solución ¿incrementa y agudiza los problemas?».