En una nave industrial abandona en las afueras de Madrid aparece un macabro hallazgo: una maleta que contiene el torso de una mujer. El descubrimiento lo hace una pareja de yonquis que han tomado el lugar como cuartel general para inyectarse la droga. Tienen miedo de dar aviso, pero finalmente, deciden comunicárselo a la Policía.
Antes de esto, en la novela de Manuel Marlasca (Madrid, 1967), se nos retrotrae a otro asesinato: el del doctor Vergara: “El doctor Juan Vergara saludó a su asesino. Lo vio en la acera de enfrente al salir del portal y le hizo un leve gesto con la cabeza cuando sus miradas se cruzaron durante un instante”. Este crimen está sin resolver y no se ha encontrado al culpable, pero cuando el grupo X de Homicidios ha de encargarse del asesinato de la mujer descuartizada, sospechan que, aunque el modus operandi no es igual, la mano asesina es la misma y han de buscar a un escurridizo y meticuloso sicario, que incluso puede combinar su actividad delictiva con una vida normal.
El homicida ha puesto mucho cuidado en descuartizar a su víctima, con el objetivo de que a través de los restos no resulte posible averiguar quién ha sufrido tan horrible final. No obstante, a medida que va avanzando la investigación, se conoce la identidad de la víctima. Se trata de Minerva Caviedes, una prostituta de lujo, que también era confidente de la agente Julia Zaldívar, que se convertirá en esencial para resolver el enrevesado caso, pues esconde una red de trata de mujeres que, además, mediante grabaciones, extorsionaba a los clientes, por lo general hombres pudientes y de respetables profesiones que bajo ningún concepto querían que su familia y ámbito laboral se enterasen de que contrataban los servicios de meretrices.
Por eso, accedían al chantaje y daban grandes cantidades de dinero a cambio del silencio. Y más aún, el crimen cometido en la persona de Minerva Caviedes -¿ha sido asesinada por su condición de confidente?-, revelará insospechadas y turbias ramificaciones que irán apareciendo a medida que nos adentramos en una trama que nos tiene pegados a la novela.
Manuel Marlasca es un veterano periodista, especialista en sucesos desde hace décadas, trabajando en distintos medios de comunicación tanto de prensa como de radio y televisión, labor que le ha valido diversas distinciones como, entre otras, la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco y el Premio Guardia Civil. Hasta el momento había publicado varias obras de true crime: Territorio negro; Cazaré al monstruo por ti: 'El pederasta de Ciudad Lineal y El Solitario: el atracador que se gustaba demasiado -en colaboración con un grande de la novela policíaca, Lorenzo Silva-, entre otras.
En Tú bailas y yo disparo, da el salto a la ficción, aunque, claro está, sin perder de vista la realidad criminal que tan bien conoce. Y lo hace con buen pie, sumergiéndonos en una investigación policial, y creando personajes creíbles, como los agentes Jaime, Jimmy, Valle, Luis Mangas y Paula Vicente -un acierto que pertenezcan a distintas generaciones-. Luchan sin ahorrar esfuerzos, pero no son superhéroes estilo Marvel, y sí muy conscientes de sus limitaciones y cargas: “¿Te crees que eres la única que lleva una mochila encima? No, inspectora. Somos policías en un sistema imperfecto, lleno de injusticias y de agujeros por los que se cuelan los hijos de puta con los que toda sociedad está obligada a convivir para preservar el equilibrio de nuestro ecosistema”, le dirá Jimmy Valle a una de sus compañeras.