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TRIBUNA

Agapito Maestre. Milei, ¿Qué trae Milei?

martes 09 de julio de 2024, 20:07h

Milei, ¿Qué trae Milei? (Ediciones Clásicas, Madrid, 2024, págs. 180.), es un libro muy adecuado para quienes desconfíen de los profesionales de la opinión y el relato y quieran conocer” les passions de l´âme” intelectual sobre los que se asienta el Presidente de la República Argentina.

Agapito Maestre ha hecho un inteligente análisis, con fines no sólo recordatorios y biográficos, de algunas ideas vitales que el progresismo ha querido ocultar y desprender de la cultura, pero que habrán de seguir siendo imprescindibles para cualquiera que tenga una mente viva. Entre el olvido y la manipulación de la historia, el progresismo ha extendido un tipo de totalitarismo fluido, que se mantiene por la mentalidad servil de muchos integrantes de la sociedad, ajenos a los principios y valores indispensables para que progrese la justicia en los Estados.

Agapito Maestre, en una estupenda síntesis muy bien articulada, expone determinados principios de los pensadores que más han influido en Javier Milei, con una acertada elección de sus principales aportaciones, caso de Adam Smith, Friedrich Hayek, Josepth Schumpeter, Ludwig von Mises, Ayn Rand, Jean François Revel, etc., componiendo un curso especial de historia del pensamiento moderno, cuyas aportaciones bien interconectadas, deberían formar parte constitutivamente de la realidad presente, sin pretensiones ser un recetario, incluso hipotético, ni sometidos a un orden previo, que habría que recuperar para la economía, la política y la moral. El lector podrá comparar sus ideas con las siniestras fantasías de los principales ideólogos del progresismo, caso de, por ejemplo, Antonio Gramsci, Antonio Negri, Jacques Lacan, Ernesto Laclau, impulsores de la explotación de los partidos colectivistas dominantes sobre gran parte de la sociedad.

Como un antídoto contra el progresismo totalitario, el Catedrático de la Universidad Complutense destacará entre otros aspectos: 1. La importancia del libre comercio (Adam Smitt) como limite al intervencionismo estatal y al dominio ejercido por las grandes corporaciones contrarias a las libertades y a la propiedad. ¿Son transparentes las medidas adoptadas por los grandes centros económicos internacionales? ¿Acaso los poderes oligárquicos globalistas no tienen como objetivo apropiarse de todas las propiedades de los individuos que integran las sociedades? Las oligarquías globalistas se ha propuesto que el individuo acepte el lema: “No tendrás nada y serás feliz”. Puesto que la felicidad no podrá extenderse a todos, se espera que las oligarquías globalistas se sacrificarán por el bien de la gente, diciendo sotto voce a cada uno: “expropiaremos tu propiedad para que podamos acumular infinitas riquezas y seamos muy infelices”.

La defensa del libre comercio internacional y del laissez faire, exige rechazar, además del proteccionismo, del intervencionismo de los Estados, la detallada regulación jurídica y la extendida vigilancia sobre las poblaciones, el control globalista por las instituciones supranacionales.

2. Para que haya progreso es indispensable que sea muy estrecha la relación entre moral, economía y libertad. El libre mercado deberá estar vinculado a la virtud cívica (Mises), opuesto a la moralina del estatismo totalitario que crea la mayor separación entre las oligarquías y el resto de la sociedad. El despotismo extremo de la intervención en la vida social y privada seguramente transformará a las personas en esclavos o en seres automatizados, y les impedirá salir de su estado, ya que ni siquiera podrán tomar conciencia de su situación, ni llevar cabo “la espontaneidad creativa”.

3. La recuperación de la figura del empresario, tan denostado por el izquierdismo –las únicas almas nobles son las que viven de los impuestos recaudados-, que sostiene que el crecimiento económico deberá surgir únicamente del ámbito público y de las grandes corporaciones. Sin embargo, la innovación (Schumpeter) raramente brota del Estado y menos aún el aumento de la productividad.

4. Defensa del interés egoísta, el natural interés propio, opuesto al cinismo solidario colectivista. La mayor parte de las instituciones que se constituyen para implantar los valores progresistas, satisfacen los bolsillos de los que se lucran a costa de la desgracia de quienes aparentan proteger. En realidad, no buscan emancipar a los explotados, sino hacerles dependientes de las ayudas y aumentar el número de parásitos para reforzar su dominio.

5. El riesgo (Hayek) tan contrario a la pasividad y al servilismo, de los que quieren hacerse responsables de formar su propia personalidad y afrontar la vida con libertad. El riesgo “nunca es una amenaza sino una oportunidad de la sociedad” (pág. 57).

6. En oposición a la búsqueda de la sabiduría (Allan Bloom), se ha la implantado la educación obligatoria ideologizada y burocrática, establecida bajo una pedagogía en confrontación total contra la verdad, cuyo resultado ha sido formar seres muy débiles, con “mentes vacías” (pág. 150), que reclaman el derecho humano a los placeres ilimitados e ininterrumpidos (homo ultra festivus). La etapa de educación superior, por ejemplo, se ha convertido en un microcosmos que tiene como presupuesto habilitar administrativamente a ejercer una profesión, con absoluta indiferencia a la formación integral.

7. La propiedad como valor fundamental para progresar y respetar la integridad de la persona, así como límite al intervencionismo del poder. Los Estados Sociales, cada vez más degradados y muy poco democráticos, justifican la expropiación de la propiedad al interés formal de la distribución aleatoria por aumentar la justicia social. dejando a los individuos con una posesión relativa y limitada en el tiempo. Al mismo tiempo, las oligarquías propician el aumento de la inseguridad jurídica para garantizar el saqueo de la propiedad por los Gobernantes y los grandes capitales transnacionales

8. La información veraz (Revel), así como la obligación de investigar rigurosa y precisamente “los acontecimientos de los hechos y sucesos” (pág. 162) para evitar el “vaciamiento crítico de la cultura occidental” (pág. 155).

Agapito Maestre subraya la gigantesca tarea que se ha propuesto Javier Milei: conseguir que Argentina salga del crítico situacionismo económico, con un ejercicio del poder, político y ético al mismo tiempo, que ha de ser muy diferente el intervencionismo socialista, máximo robador de las propiedades del pueblo que son transferidas a las oligarquías.

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