Milei. ¿Qué trae Javier Milei? es el título del nuevo libro del profesor Agapito Maestre, editado en Ediciones Clásicas Madrid con una portada ejecutada por el gran pintor expresionista Manuel Prior. Milei es el centro, pero sobre todo el pretexto, a partir del cual el profesor Maestre se acerca a las fuentes intelectuales del economista libertario, ahora Presidente de Argentina.
El libro del profesor Maestre consta de diez capítulos, siendo seis de ellos una exposición de los siguientes autores de referencia del liberalismo económico: Adam Smith, Juan Bautista Alberdi, Friedrich Hayek, Ludwig von Mises, Milton Friedman y Joseph A. Schumpeter. Otro capítulo está dedicado a la crítica que el economista Milei hace de la teoría de John M. Keynes en Desenmascarando la mentira keynesiana. Finalmente, tres capítulos están consagrados a otros tres autores que debe conocer todo aquel que quiera formarse un concepto adecuado y completo del liberalismo: Ayn Rand, Allan Bloom y Jean-François Revel.
Las ideas reunidas en esta obra son un revulsivo contra el socialismo, el cual siempre ha coartado, y lo sigue haciendo, las libertades fundamentales de los ciudadanos. Friedrich Hayek, en Camino de servidumbre, fijó la esencia del liberalismo en «el reconocimiento del individuo como juez supremo de sus fines». En cambio, la autonomía del individuo no es reconocida por el socialismo, el cual degenera en totalitarismo al pretender «abarcar la infinita variedad de las diversas necesidades de las diferentes personas que compiten por los recursos disponibles y asignar un peso definido a cada una de ellas». El socialismo se empeña en hacer posible lo imposible: definir el significado último de lo social. Aunque tenga que pasar por encima de un cadáver. O de cien millones.
El mutualismo entre socialismo y totalitarismo no es un enemigo construido ad hoc por el liberalismo, sino que es una realidad que el propio Keynes reconoce en su Teoría general, publicada en la Alemania nacionalsocialista de 1936: «La teoría del producto en su totalidad que este libro tratará de ofrecer es, por mucho, más fácilmente adaptable a las condiciones de un Estado totalitario que la teoría de la producción y distribución de un producto dado bajo las condiciones de libre competencia y en buena medida de laissez faire».
El fracaso del socialismo en la vieja Europa no impidió que muchos intelectuales, carentes de escrúpulos y repletos de ilusiones mesiánicas, repitieran la experiencia totalitaria en el Nuevo Mundo. El venezolano Carlos Rangel dio cuenta de ello en Del buen salvaje al buen revolucionario. En este punto, la reivindicación de la obra del argentino Juan Bautista Alberdi es fundamental. Su obra Bases y puntos de partida para la organización política de la República fijó los principios de la Constitución Nacional Argentina promulgada en 1853. Precisamente en este texto, Alberdi rechaza el indigenismo, colaborador necesario del socialismo sudamericano: «En América todo lo que no es europeo es bárbaro: no hay más división que ésta: primero, el indígena, es decir, el salvaje; segundo, el europeo, es decir, nosotros, los que hemos nacido en América y hablamos español, los que creemos en Cristo y no en Pillán». Casi tres décadas más tarde, Alberdi escribió La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual. Basta el apunte de estos dos títulos para sostener que el liberalismo, el anhelo de la libertad hecho idea y programa políticos, se ha desarrollado paralelamente a un lado y otro del charco.
Allan Bloom, en Gigantes y enanos, sostuvo que la educación para la libertad consiste en «el estudio de los pensadores más profundos del pasado, porque sus obras constituyen el cuerpo del saber que debemos conservar para continuar siendo civilizados y porque todo lo nuevo que sea serio debe basarse en dichas obras y tenerlas en cuenta». En este sentido, la lectura del libro del profesor Maestre es un auténtico ejercicio de educación para la libertad, una magistral exposición de las ideas de los pensadores liberales más importantes que nos alienta para plantarnos frente a las fauces del socialismo y gritar: ¡Viva la libertad, carajo!