I-Disfruto, tras la finalización del curso, de la situación envidiable de los alumnos oyentes, que en mis tiempos, sin tener que presentarse a examen elegían libremente las clases que les apetecía escuchar, fuera del agobio de someterse a plan alguno y mucho menos de examinarse de lo aprendido. Soy, en efecto, un oyente que después de leer las noticias y comentarios que le interesan, acude a las conferencias o sesiones académicas que le place. Toma notas e incluso se permite en ocasiones on the corner hacer observaciones, formular críticas o preguntar algo.
De las recientes elecciones celebradas en Francia y Reino Unido, y por lo que hace al primer caso, debe registrarse la utilidad del ballotage, que ha cerrado el paso a la ultraderecha, manteniendo piadosamente a Macron, sin infligirle el castigo que su temeridad culpable merecía por convocar anticipadamente elecciones legislativas. El problema de Francia obviamente no es la formación inmediata de un gobierno parlamentariamente viable, sino tratar de afrontar una crisis nacional que asegure al País un rol importante en la política europea que satisfaga la necesidad de reconocimiento que tan vivamente sienten desde siempre los franceses; asumir una política de integración y de comprensión correcta del juego de pluralismo y los valores de la cultura tradicional republicana (igualdad y laicismo); y desatar, en el marco del Estado social, una economía cohibida y ultraprotegida.
Las elecciones en el Reino Unido han deparado sorpresas por su alcance efectivo, y no previsto, por lo menos en sus últimas consecuencias, y algunas enseñanzas que especialmente desde la orilla española merecen ponderación y estima. La primera consideración a hacer se refiere a la eficacia del sistema electoral para afrontar radicalmente la situación desastrosa que tantos años de conservadurismo han supuesto para Gran Bretaña. No es poco mérito del sistema electoral mayoritario su capacidad para producir gobiernos que con una base renovada asuman la tarea pendiente. En efecto lo que le queda a Starmer, simplemente un honrado socialdemócrata, es restaurar servicios públicos esenciales, como el de la salud, instaurar una política migratoria de rostro humano, y recuperar la economía, liberándola de la frivolidad ultra liberal.
Obviamente no se puede pasar por alto la quiebra del espejo escocés en el que nuestros soberanistas no han dejado de mirarse desde hace muchos años. Los nacionalistas han pasado de tener 48 diputados en Westminster a contar ahora con nueve representantes. Una auténtica debacle consecuencia de la firmeza judicial ante el nacionalismo, confirmando la titularidad estatal de la convocatoria de referendos en Escocia, al lado de la propia experiencia del autogobierno, en el que no han faltado los escándalos de los líderes primero y después la ineficiencia de la gestión publica del independentismo. En cualquier caso lo que muestran los resultados escoceses es que el camino hacia la independencia es más complejo de lo que parece y ciertamente ofrece no solo la opción de ida sino también de vuelta. Si el laborismo lee correctamente los resultados no se le ocultará cierta dimensión coyuntural de los mismos, pues el objetivo de derrotar al conservadurismo era compartido por muchos ciudadanos más allá de su adscripción socialista; y debe continuar empeñándose en la profundización del pluralismo nacional y el federalismo del sistema político británico.
II-Pero como decía al principio en esta columna me proponía verter algunas reflexiones que me han suscitado diversas intervenciones académicas. En primero lugar me gustaría aludir a la sesión de celebración de los diez años del Rey Felipe Sexto tras su proclamación en la Real Academia Española. Se trataba de intervenciones breves pero exponentes todas ellas no solo de finura espiritual sino excelentemente dichas. Así me gustó mucho una evocación del tiempo de la pandemia como ocasión de superación del miedo y la zozobra mediante la creación y la fabulación. Se nos mostró en otra intervención la disposición de un pensamiento español sobre el Estado y los límites de los gobernantes que resultó de gran interés: una versión nuestra de la razón de estado con un propósito justificador a la par que limitador. Volvimos a escuchar esa alabanza del pluralismo que formula Baltasar Gracián, y que a mí me ha llegado, a través de Azorín, sobre el pluralismo territorial y la necesidad de forzar el ingenio para gobernar sobre unas tierras tan complicadas, “integradas por naciones diversas”, como las españolas. Otro interviniente reclama para el parlamentarismo leonés su debido reconocimiento ya que nuestras Cortes, en representación de los “hombres buenos”, pueden considerarse prefiguradoras de una cierta base nacional, sin adscripción estamental. Otras dos cosas me interesa recalcar de la reunión, de otro lado reproducida en la web de la Academia. Me refiero a un brillante análisis de los contenidos de los discursos del Rey, a cargo de una académica filóloga que arroja luz correcta sobre la función propositiva del monarca de la que alguna vez ha hablado Juan Pablo Fusi. Se trata de aclarar una función constitucional, pero soslayando los problemas estrictamente jurídicos como pueden ser la intervención del Gobierno en la elaboración de esos mensajes o la disposición de un amplio margen para elaborar una política constitucional no partidaria por parte del Monarca. En su turno, el director de la Academia Santiago Muñoz Machado en una equilibrada exposición pidió no soslayar el dinamismo en la interpretación de la Constitución, abriendo el paso, cumplidas las exigencias de oportunidad y de consenso, a la reforma constitucional, y no a solo cambios constitucionales, esto es, mutaciones constitucionales lícitas, siguiendo a Jellinek.
Pero, como decía con anterioridad, he asistido a eventos académicos de un alcance, si se quiere ver así, más constitucional. Así me ha llamado la atención favorablemente la presentación de un libro sobre los lobbies en España que ha dirigido el profesor Ridao y que tuvo lugar en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Se trata de un estudio que intenta superar la visión se supone que abusiva de los lobbies en España, como ocurre en otros países, acercándose a la actividad lobística como un modo de participación, mejorando desde un punto de vista técnico el contenido de los proyectos normativos y especialmente las leyes, y en definitiva asegurando una mayor observancia de la norma en la comunidad, al implicar a los destinatarios en la propia regulación. Como corresponde al Estado Autonómico y ha sucedido en otros ámbitos materiales, la regulación que se proyecta en el nivel nacional de la actividad lobística ha de verse favorecida por la experiencia previa ya ensayada en el nivel autonómico, pues este tipo de normaciones ya se han aprobado en Cataluña y Valencia.
He asistido esta vez a través de internet a la presentación de un libro bien valioso sobre la amnistía. El acto tuvo lugar en la fundación Ortega Marañón y acudieron dos brillantes académicos de la Universidad Autónoma de Madrid, además del autor del libro (profesor Paz-Ares) que se propuso el análisis de la ley de amnistía bajo el prisma del principio de proporcionalidad, mostrando las dificultades que la ley tiene para superar ese canon de corrección jurídica de acuerdo con los estándares de la adecuación, la necesidad y el daño mínimo. Me llamó la atención la esperanza que se formuló en ese acto de que cuando finalmente se pida al TC el control de la ley, el Tribunal no excluya de su jurisdicción al Preámbulo de dicha disposición, a pesar de le falta de normatividad en sentido riguroso de los Preámbulos y de que el Tribunal no disponga de habilitación para establecer el canon de la corrección histórica.
Era mi propósito, según decía al comenzar la columna, dar cuenta de la sesión organizada en la Universidad Autónoma por el grupo de investigación sobre Justicia constitucional que dirige la profesora Ahumada, donde más allá de la justificación actual de la jurisdicción constitucional se plantearon algunos problemas referidos, tanto a aspectos institucionales como a desarrollos doctrinales concretos de diversos Tribunales, de gran interés para evaluar la actividad del nuestro. Pero este “al paso” ya se ha alargado desmedidamente. Mejor proseguimos el comentario en una próxima ocasión.