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LOS SANCHISTAS EXIMEN A CHAVES Y GRIÑÁN

miércoles 17 de julio de 2024, 13:27h
El actual Tribunal Constitucional debió ser una Sala del Tribunal Supremo, formada por...

El actual Tribunal Constitucional debió ser una Sala del Tribunal Supremo, formada por magistrados profesionales independientes. Adolfo Suárez se opuso al proyecto porque su sagacidad política le aconsejaba la formación de un Constitucional manipulable. Desde su creación, y aparte algunas excepciones encomiables, el Tribunal Constitucional ha estado politizado en mayor o menor grado. Su historia ha sido turbulenta y en ocasiones ha herido gravemente la independencia de la Justicia española.

Todos sabían que el actual Tribunal Constitucional eximiría a Chaves y Griñán de los graves delitos por los que fueron condenados. Entre 1980 y 2018 los eres se convirtieron en el mayor caso de corrupción de la Historia española. Sustrajeron a los parados por encima de los 680 millones de euros. Nadie ponía en duda que la mayoría de los magistrados del Tribunal Constitucional, nombrados a instancias del PSOE sanchista, cumpliría los propósitos del poder ejecutivo. También lo harán, cuando llegue la hora, respaldando la Ley de Amnistía. El poder ejecutivo, en fin, ensalzado; y el poder judicial, humillado. El órgano presidido por Conde-Pumpido se muestra moldeable para los periodistas. En todos los medios de comunicación se sabe lo que va a decidir. El poder ejecutivo, encarnado de forma cesárea por Pedro Sánchez, es el que ordena y manda.

El actual presidente del Gobierno se ha esforzado por controlar desde el primer momento al poder judicial. Jueces y magistrados se han resistido a la voluntad sanchista que terminó haciéndose con el Tribunal Constitucional, impregnado por el poder ejecutivo de forma alarmante.

Pedro Sánchez ha dictado su lección regeneracionista en el Congreso de los Diputados sobre los bulos y falsas noticias olvidando reconocer que la censura comunista fue y lo es todavía, en Corea del Norte, en China, en Vietnam, en Venezuela, en Cuba… la más altiva y agobiante de todas las censuras. El comunismo ha ejercido y ejerce sobre los medios de comunicación y sobre los profesionales del periodismo un control implacable, quebrantando de raíz la libertad de expresión. Son muchos los periodistas, que todavía ejercen y que soportaron la censura franquista, que están satisfechos con su condena y superación; pero saben lo que significa la otra censura, la impuesta por la extrema izquierda en muy varias naciones. Y no entienden, en consecuencia, por qué el PSOE sanchista ha cerrado alianzas con diversos partidos de ideología comunista.