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Trump, el Joker americano rubio

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 24 de julio de 2024, 19:07h

En 2017, el destacado escritor inglés-indio Salman Rushdie publicó una de las primeras novelas que recogió a Donald Trump como personaje literario: La decadencia del Nerón Golden, vieja imagen recurrente de algún dictador tocando el arpa mientras desde su balcón mientras mira cómo se incendia su Roma.

Aquí voy a explorar una imagen en el mismo gran espacio interpretativo de la literatura: Trump como el Joker americano rubio, basado en la película de Todd Phillips y guion conjunto con Scott Silver, exhibida en 2019 en México como Guasón (de guasa, broma, bromista) y con un premio Oscar para el actor Joaquin Phoenix.

De la película rescato dos escenas: cuando Joker es entrevistado por el conductor de un programa de espectáculos (Robert de Niro), con el ánimo de burlarse un poco del payaso, pero encontrando alguna referencia de ligero tono social. Joker llega con otro estado de ánimo: se niega al juego del conductor y al final de la entrevista Joker le hace una pregunta al entrevistador: “¿qué obtienes cuando cruzas a un solitario enfermo mental con una sociedad que lo abandona y lo trata como basura?”

El periodista entrevistador se queda pasmado y entonces Joker le contesta: “obtienes lo que te mereces”, y de un bolsillo oculto de su traje saca una pistola y le dispara a sangre fría en la cabeza al periodista, todo en medio de carcajadas grotescas.

La policía llega a la estación de televisión y arresta a Joker para llevarlo a un hospital de enfermos mentales. Al salir del estudio, en la calle se advierte una manifestación de centenas de personas gritando de alegría y todas portando una máscara de joker, como consecuencia de la entrevista y del asesinato difundido en vivo; con tranquilidad, Joker mira la calle a través de la ventanilla de la patrulla de policía y se alegra de que en las calles los Joker no dejan de carcajearse. El conductor del vehículo policía, enojado, le dice a Joker: “toda la maldita ciudad esté en llamas por lo que hiciste”. Joker contesta: “lo sé, ¿no es hermoso?” En el hospital lo atiende una doctora que le había recomendado antes escribir en una libreta sus pensamientos, pero Joker le entrega su cuaderno con hojas en blanco: “es la vida”.

El Trump de Rushdie sobre Nerón Golden tiene una versión americana más cerca en Joker que aquel gobernante romano que tocaba la lira mientras se incendiaba Roma. Algo parecido presentan coincidencias entre ciertos sectores críticos de Trump, pero poco se están preocupando por explicar la existencia de Trump como producto de las contradicciones sociales de una sociedad americana en proceso de descomposición.

Trump no polarizó a la sociedad estadounidense, sino que fue el factor de cohesión para diferentes corrientes que habían sido marginadas por el modelo de control del poder de una élite partidista, con pocas diferencias entre republicanos y demócratas.

En el escenario electoral de 2016 Trump emergió desde el fondo de la sociedad popular resentida que carecía de mecanismos e instancias de representación política. Sobre todo, fue la sociedad que financiaba al Estado con el pago de impuestos, pero recibía abusos de burócratas dominados por intereses económicos. El mismo Trump representaba la rebelión de un empresario archimillonario que hizo su fortuna trampeando al Estado que llegó a representar durante cuatro años como presidente legal.

La campaña personal de Trump para imponerse con el candidato republicano por encima de las corrientes y grupos de poder de ese partido están dejando un mensaje antiinstitucional: el enemigo es el Estado y sus abusos fiscales, independientemente de que se trabaje para ese aparato burocrático. Trump prefigura un populista autoritario por encima del Estado.

Trump llegó al poder para recuperar las reglas del juego de los primeros habitantes originales de las Trece Colonias: el Estado al servicio de la sociedad y no al revés. Trump tiene en el fondo la propuesta de redinamizar el motor social del imperio estadunidense: la sociedad ajena a los intereses de las elites, pero en un Estado que depende de la fuerza de las redes elitistas del poder. Y en lo político-religioso es puritano tipo siglo XVII.

En su primera presidencia Trump tuvo clara la reconfiguración del Estado y sobre todo la desarticulación de lo que caracterizó como el Estado profundo como una red de intereses sobre todo económicos y la destrucción del aparato legislativo que se conoce como el pantano. Pero ya en la Casa Blanca, su propuesta se desdibujó, no pudo vencer a los grupos de poder y al final sus adversarios se pusieron de acuerdo para desbarrancarlo en las elecciones de 2020.

Trump no es producto extraño a la estructura del régimen estadunidense; si acaso, es una figura no tradicional. Su discurso de su primera campaña dejó la impresión de que buscaría la destrucción del viejo régimen, pero ahora se presenta para un segundo mandato prácticamente sin discurso, sólo viviendo de sus pocas glorias pasadas.

Las principales oposiciones a Trump vienen del seno de la estructura de dominación imperial de EU, aunque falta que esas tendencias puedan convertirse en votos. Y de nueva cuenta, Trump enfrentará como nunca el conflicto dicotómico entre los 538 votos de los colegios electorales que son los que determinan la presidencia y el voto popular. En 2016 Trump ganó los colegios, pero no el voto popular; hoy hay indicios de que el voto popular le dé la mayoría, pero no los votos suficientes de los colegios electorales para entregarle la presidencia cuatro años más.

Al final, siguiendo la propuesta de Phillips, Trump es más Joker que Nerón.

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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