A causa de la victoria de la Selección de fútbol salieron espontáneamente a la calle en toda España un gran número de personas que manifestaban una natural alegría deportiva. Con el cinismo acostumbrado, el Gobierno ha valorado la victoria como un éxito progresista, ocultando que había fracasado en sus esfuerzos por destruir la mentalidad nacional deportiva. Estaban seguros de que el éxito que tuvo la ideologización del futbol femenino al emponzoñar su victoria en el mundial, podría repetirlo con la Selección masculina. Sin embargo, los jóvenes jugadores tuvieron un espíritu de equipo, sin importarles la raza o la procedencia deportiva, demostrando una profesionalidad y un orgulloso sentimiento que lograron conectar con la gente. Se impusieron a los profesionales que intentaron amargarles la victoria, resistiendo a los que, desde varios medios de comunicación, vertían ácidas consignas con el propósito de enemistar a los jugadores entre sí.
Se pudo ver la diferencia entre los que apoyaban deportivamente a la Selección española y los mercenarios plumillas, que intentaron politizar la victoria por los caminos de la lucha ideológica, al objeto de ocultar la realidad deportiva.
Debido a esta experiencia, a partir de ahora, previsiblemente, con el correspondiente equipo gestor, confeccionarán una estrategia para evitar estas situaciones y crearán un equipo balompédico en el que se ampliará el número de participantes hasta que se logre una perfecta representación democrática de todos los géneros hasta entonces descubiertos. Dado que el objetivo ideológico se mantiene, los profesionales de la toxicidad ideológica, toda una primera y segunda línea de combate político que entrará en acción, convertirán el fútbol en un deporte progresista inclusivo. Todos los mercenarios que viven de crear enfrentamiento y tensión entre los jugadores intentarán envenenar la relación entre ellos y de cara al exterior harán lo posible para que se extienda la indiferencia hacia la selección nacional hasta justificar su desaparición. Será sustituida por unas selecciones racial-separatistas, que pronto serán reemplazadas por una selección globalista. Estará integrada por una mixtura de jugadores que hayan demostrado suficiente capacidad para rechazar la xenofobia, el racismo, el heteropatriarcado, y que sean los más esforzados antiespecistas e hiperventilados feministas, veganos, animalistas, que se alimentarán preferentemente de insectos y plantas no sufrientes, aboguen por la desaparición del CO2 (?) y por extender el carné en el que quede reflejada la huella de carbono. El seleccionador apenas valorará que el jugador tenga condiciones y aptitudes para jugar al fútbol. Y, a semejanza de las jugadoras feministas progresistas, se les exigirá estar en permanente estado de cabreo y tristeza humanitaria.
P.D. Incomprensiblemente los jugadores de la Selección en el Palacio de la Moncloa no demostraron actitud servil exigida ante el amado líder. Al contrario, pasaron orgullosamente erguidos y no se arrodillaron a la manera en que hacen los que han dejado de ser mentalmente un homo erectus de tanto humillar la cerviz para sacar unos indignos emolumentos. ¿Será debido a que el progreso consiste en que la gran mayoría de los seres humanos adopten la expresión corporal de los reptiles?