¿Pública, privada o concertada?
Carlos Madrid Casado
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carlosmadrideducamadridorg/13/6/13/19/26
domingo 16 de noviembre de 2008, 18:26h
La educación, se entiende. Primaria y Secundaria, para más detalles. La verdad es que no es nada fácil contestar esta pregunta así, en abstracto, sin precaución alguna. A la mínima uno puede dejar atrás la raya que separa el artículo razonado del panfleto, y comenzar a rodar cuesta abajo por la calle de la propaganda. Hasta donde alcanzo, una posible metodología bien puede ser replantearse la pregunta desde dos puntos de vista muy distintos. Por una parte, como padre. Por otra, como ciudadano.
A día de hoy, cualquier padre sabe perfectamente que la educación pública está masificada y que el porcentaje de inmigrantes que pueblan las aulas públicas no deja de crecer. Si la familia es de clase alta, no tendrá problema en costearle a sus hijos una educación privada. Si la familia es de clase media, la escuela concertada supondrá a priori la mejor opción para ofrecerles una educación de cierta calidad a un precio más o menos asequible. ¿Y si la familia es de clase baja? Muy probablemente su única salida sea una escuela pública cuya declive en los últimos años es innegable. Y, sin embargo, por más que algunas autoridades quieran ocultarlo disfrazando las estadísticas, la educación pública aún sigue ganándole la partida a la educación privada donde más duele, en la Selectividad (el Bachillerato no es, por ahora, concertable). Por ejemplo, en Madrid, la desviación típica de la nota de Selectividad con respecto a la nota del expediente de un alumno de la pública es, aproximadamente, de un punto (es decir, la nota media de los exámenes estará un punto arriba o abajo con respecto a la nota que trae del instituto público). Pero, ¿a qué no saben cuál es la desviación típica de un alumno procedente de la privada? ¡Casi cuatro puntos! Esto quiere decir que su nota media en los exámenes de Selectividad experimentará una variabilidad de hasta cuatro puntos arriba o abajo con respecto a la nota que trae del centro privado. Y teniendo en cuenta que no se puede pasar de 10, lo más probable es que sea para abajo. ¿Cómo es esto posible? Que cada lector saque sus propias conclusiones, que yo saco las mías acordándome de aquellos versos de Quevedo a un poderoso caballero...
Pese a estos datos, por más que los defensores de la educación pública –entre los que me cuento- no quieran verlo, la lógica de los padres de clase media, que son los que inclinan la balanza a favor de la concertada, es aplastante. Y no se les puede culpabilizar por tomar la decisión que mayoritariamente toman. Lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que no se les deba incitar a exigir a las diversas administraciones una educación pública de calidad, por la que pagan y a la que tienen todo el derecho... en cuanto ciudadanos.
No hace falta ser socialista para defender la escuela pública. Desde una perspectiva liberal –y para cualquier liberal no anarquista, Educación, Sanidad, Justicia y Defensa son competencias de un Estado mínimo–, la educación debería ser pública o privada. O lo uno, o lo otro. Sin término medio. O elegimos el sistema público, o elegimos la oferta educativa privada que más se ajuste a nuestros intereses y capacidades. Por consiguiente, atención, en un Estado liberal no debería haber lugar para la educación concertada, engendro a medio camino entre lo público y lo privado.
Aquí, el error de las Comunidades Autónomas gobernadas por el PP y, en especial, Madrid, es gravísimo. Los conciertos educativos, conviene recordarlo, son un invento del PSOE de González allá por la década de los 80, para garantizar la escolarización mientras el sistema público ampliaba y mejoraba su oferta. Con la extensión de la red de centros públicos, la posibilidad de nuevos conciertos educativos carece de justificación teórica. Entre concierto y concierto, por ejemplo, la Comunidad de Madrid ha olvidado que la escuela concertada concita, subvencionada con dinero público, los peores vicios –para un liberal– de la escuela privada y de la escuela pública.
De hecho, como recientemente ha reconocido el PSOE-PSM en su Ponencia Marco del Undécimo Congreso Regional, dando marcha atrás en su tradicional enfrentamiento, la escuela concertada se ha convertido en una especie de segunda red pública, a la que denomina «pública concertada». En efecto, esta red en la sombra se sufraga mayormente a costa de los impuestos de los contribuyentes. Con la diferencia de que éstos no pueden elegirla libremente, pese a pagarla indirectamente. Hay que superar una prueba de admisión en que el punto decisivo se otorga conforme a los criterios particulares del concertado. Y, de ser admitidos, ni siquiera se puede exigir todo a lo que se tendría derecho de estar en la pública, pese a pagarla (ahora, no sólo indirecta, sino directamente, con el adecuado donativo). ¿Quieren ejemplos? Bastará con dos. Uno: pese a la dependencia pública que manifiestan, los centros concertados se niegan sistemáticamente en las comisiones de escolarización a acoger el mismo porcentaje de alumnos inmigrantes de que se hacen cargo los centros públicos. Dos: cuando un alumno presenta necesidades educativas especiales, los centros concertados invitan a firmar a los padres un documento de descargo en el cual éstos se muestran de acuerdo en que, de permanecer en el centro, su hijo no tiene por qué recibir esa atención especializada que precisa (Circular de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid del 19 de febrero de 2008). Y, en caso de no firmar, su hijo derivará inmediatamente a la pública. Supongo que no extrañará a nadie que un alumno público cueste tres veces más que un alumno concertado. No compiten en las mismas condiciones. La educación concertada resulta muy cómoda para el poder, pero no tanto –cuando no cumple– para los individuos, padres y ciudadanos. Es el liberalismo mal entendido.
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Profesor de Bachillerato
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¿Pública, privada o concertada?
Últimos comentarios de los lectores (3)
8835 | arturo kortazar Azpilikueta Martikorena - 15/11/2018 @ 13:16:33 (GMT+1)
La lucha entre lo público y lo privado enmascara la batalla por el poder y el control del dinero, vendiéndolo como servicio público. ¿Quién tiene el poder realmente? Quien controla el dinero, fundamentalmente las entidades financieras más que los gobiernos, que son las responsables de las bonanzas económicas como de las crisis. No se trata de dar mejor calidad del servicio público, ni dar libertad de elegir al ciudadano de quién quiere que le preste el servicio público, si no más bien se trata de conseguir controlar los presupuestos públicos para que cada uno pueda meter a los suyos a cobrar, porque el trabajo es una simple justificación para dar el dinero a quienes quieren... Cuando se transfiere dinero a una entidad privada o concertada, en realidad lo que se está haciendo es transferir el poder a una persona física o jurídica privada, que decide quien está y quien no, quien cobra y quien no, y en definitiva quien vive y quien no.
La izquierda apuesta siempre por lo público, por lo menos la más progresista, mientras la derecha por lo privado, con la justificación falsa de que el servicio es más barato, mejor y más eficiente, pero claro, metiendo para llevarse el dinero cada uno a los suyos. Cuando se habla de salvar la educación y la sanidad pública por parte del progresismo, lo que se quiere decir es que se quiere salvaguardar una forma de repartir la riqueza pública a través de los salarios en los presupuestos, porque en el sector privado está todo en función de quien conoces y de quien eres hijo, de una forma descarada, independientemente de si estás en política o no.
Lo público busca dar un servicio público repartiendo la riqueza generada por los impuestos a través del trabajo y los salarios, que para participar en el reparto de la tarta tienes que tener contactos políticos para ingresos medios y altos generalmente, para cobrar una miseria no necesitas la política ni conocer a nadie, hay cuatro millones de inmigrantes que están así, y entre la gente que no posee patrimonio privado del que poder vivir, la mayor parte de la población... Y lo privado busca ganar dinero dando un servicio, cobrándotelo a precio de oro, si puedes pagarlo lo tendrás, y si no tendrás que carecer de ello aunque lo necesites... Es decir, lo privado quiere beneficios y ganar mucho dinero a tu costa. Por ejemplo, están las compañías privadas de salud, que con la edad suben las cuotas, sabes cuánto pagas cuando entras, pero jamás sabes lo que vas a pagar cuando sales, de joven apenas pagas nada, y si se incrementa el uso del servicio a medida que te haces más mayor, en consecuencia te elevan las primas mensuales, hasta que no las puedes pagar, tanto que a partir de unos años avanzados, de 70 o 75 años, ni siquiera puedes contratarlos porque siempre resulta deficitario para la compañía sanitaria de seguros por el excesivo uso que hacen los usuarios del servicio. Y te pueden echar cuando quieran, vía precios, a veces sin motivo o razón.
Es evidente, que la gestión privada es más costosa y va peor que la pública, aunque digan y vendan por doquier lo contrario, al haber muchos más intermediarios que quieren cobrar del sistema, y sobre todo las empresas privadas quieren que el trabajo que tienen que realizar dos trabajadores, lo haga una solo, para ahorrar costes, y el dinero de beneficio se lo lleva el empresario porque es un negocio y para eso están, conclusión, entonces habrá personal menos preparado ganando menos sueldo, más desidia e ineptitud, y los caterines de los comedores escolares con la comida de peor calidad, etc... y esto no lo hace el personal de la administración. El problema de lo público es que no hay medidas para mandar al paro a los muchisimos funcionarios que una vez sacada la plaza de oposición, con cumplir el horario y hacer cuatro pijadas, se dedican vivir bien, lo que les queda de vida, con la existencia asegurada porque el cobro es vitalicio. Y si hay medidas para hacer esto, nadie las lleva a cabo porque el dinero público es de todos y de nadie en particular... Asi ninguna gestión puede ser totalmente buena, es como en las empresas privadas, que la gente que lleva muchos años y son unos perros porque lo saben, o lo sabian hasta ahora, no les podían despedir, por los altos costes del despido, ya que la indemnización era muchisimo dinero a desembolsar para la empresa... Asimismo me consta que hay muchísima gente inútil colocada a dedo en las empresas privadas, incluso más que la pública, el mecanismo de entrada es por contactos puro y duro, a las que no se les echa ni a tiros porque les colocó la dirección o los dueños del negocio, y son intocables, y no precisamente por las leyes de protección de derechos laborales. Por no hablar de quienes tienen comportamientos legalmente punibles, como algún alto directivo de banco indultado o que no fue ni juzgado. Estoy de acuerdo en que debe de haber mecanismos de motivación para mejorar el trabajo del empleo público, y de castigo por el incumplimiento de los deberes inherentes al puesto, pero generalizar en que los trabajadores de la función pública son más vagos e inútiles y están peor preparados que los de la privada, es totalmente falso, y es un tópico más que debe desterrarse... Las empresas privadas solamente dan servicios que son rentables, es decir que dan beneficios, y las públicas no necesariamente, porque está la rentabilidad social, que lo privado no lo tiene en cuenta nunca.
ARTURO KORTÁZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA ©
8374 | jose - 23/07/2018 @ 17:39:23 (GMT+1)
En el artículo 27 de la Constitución se reconoce la libertad de enseñanza. Pero libertad de enseñanza no se refiere a que se pueda elegir centro educativo, sino a la libertad de enseñar con diferentes idearios o proyectos educativos. Si yo quisiera abrir un negocio o empresa y lo primero en lo que pienso es en que me la subvencione el estado qué pensarían mis competidores.
4988 | Alfredo Agustin - 14/03/2017 @ 18:21:47 (GMT+1)
Hay posibilidad de recibir esa diferencia de coste por niño en la escuela concertada para poder ofrecer el mismo servicio en casos de necesidad de educación especial, o o tiene que hacer frente a ese gasto por otros medios???
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