Justo cuando se cumplía el primer aniversario de las elecciones generales, Pedro Sánchez pudo constatar esta semana que las dificultades para sacar adelante iniciativas clave de la legislatura siguen estando ahí y que Junts es el principal factor que puede hacer dudar sobre su estabilidad.
Cuando después de muchas negociaciones que en algún momento estuvieron al borde del fracaso, logró cerrar los acuerdos que permitieron su investidura por mayoría absoluta, en Moncloa y en Ferraz eran conscientes de que la formación de Carles Puigdemont querría evidenciar el valor de los votos de sus siete diputados.
Sin ellos, dando por sentado el rechazo de PP y Vox a las propuestas del Gobierno, nada podría salir adelante, y eso es lo que volvió a quedar patente el pasado martes en el Congreso, cuando su oposición a los objetivos de estabilidad que deben servir de base a los presupuestos de 2025 tumbó los planes del Ejecutivo.
La imprevisibilidad de Junts estaba asumida incluso después del acuerdo de investidura, pero eso no fue óbice para que sorprendieran algunas de sus decisiones como un primer rechazo a la aprobación en el Congreso de la ley de amnistía y sigan sorprendiendo otras como la que esta semana obligará al Gobierno a presentar próximamente una nueva senda de estabilidad para las cuentas del Estado.
"Jarro de agua fría"
Fue un auténtico "jarro de agua fría", como reconocen a EFE fuentes del Ejecutivo y como se pudo escuchar con otras palabras al ministro Ernest Urtasun, quien en una conversación privada recogida por cámaras y micrófonos de televisión tras esa votación, aseguraba que en principio estaba todo atado y que había sido una "hostia" al Gobierno.
Un sobresalto que fuentes socialistas atribuyen a un "ataque de celos" de Junts por las negociaciones entre el PSC y ERC para llegar a un acuerdo que permita la investidura de Salvador Illa, que tienen como elemento central una financiación singular de Cataluña y que puede estar muy próximo a la espera de lo que decidan las bases republicanas.
La incógnita es lo que hará Junts en Madrid si Illa consigue la Presidencia de la Generalitat frente al intento de Puigdemont de ser él quien vuelva a ese cargo o, de lo contrario, que se repitan las elecciones.
Por el momento, el expresident ratificó este sábado en un acto en territorio francés que regresará a España cuando se celebre el debate de investidura, asumiendo el riesgo de ser detenido porque no se ha beneficiado aún de la ley de amnistía, pero advirtiendo a Sánchez de que debería impedir lo que considera que sería una "detención ilegal".
Puigdemont puede atraer foco de atención con sus actuaciones pero no impediría que Illa fuese president, según el análisis que hacen las fuentes citadas sobre lo que puede vivirse los próximos días.
Presupuestos y estabilidad
Pero cuando las Cortes recuperen su actividad tras el paréntesis veraniego, los siete votos de Junts seguirán siendo decisivos y, sin ellos, no podrán prosperar los presupuestos que el Gobierno afirma que sigue preparando con la intención de que sean avalados por el Parlamento.
Presupuestos y estabilidad son elementos que van muy ligados, y la oposición recuerda a menudo que el propio Sánchez, con Mariano Rajoy en la Moncloa, le reprochaba que sin presupuestos no se puede gobernar.
Una vez que Sánchez renunció a presentar los de este año, cobra más relevancia que puedan aprobarse los del siguiente, y en el Gobierno no se plantean un escenario sin nuevas cuentas del Estado, se muestran convencidos de que las habrá, no ven en peligro la estabilidad, instan a esperar a la evolución de los acontecimientos y repiten que se agotará el mandato.
Sí hacen una reflexión sobre el escaso interés que puede tener Junts en que la legislatura tocara a su fin por el riesgo que tendría para ellos la hipótesis de un Gobierno de PP y Vox cuando aún le queda recorrido de aplicación a la ley de amnistía.
La aprobación de la prórroga de las medidas del plan anticrisis es uno de los aspectos positivos que destaca el Gobierno de una semana en la que ha visto también cómo los votos de Junts junto con los de los diputados de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal impedían su reforma de la Ley de Extranjería para el reparto entre comunidades de menores migrantes.
Una semana en la que miembros del Ejecutivo y de la dirección del PSOE han elevado el tono contra la actuación del juez Juan Carlos Peinado, que en la investigación que sigue contra Begoña Gómez está decidido a tomar declaración como testigo a Sánchez en el Palacio de la Moncloa el próximo martes tras rechazar la petición de hacerlo por escrito.
Impulsar la legislatura
El presidente del Gobierno y la cúpula socialista mantienen el convencimiento de que no hay nada, de que todo forma parte de una campaña contra él y de que el caso acabará archivándose.
Pero en el Ejecutivo reconocen que el ruido que se genera con este asunto y reveses como el propiciado esta semana por Junts dificultan trasladar mensajes positivos sustentados en los buenos datos económicos del país y que la legislatura coja velocidad de crucero después de la sucesión de elecciones que ha habido en el último año.
La esperanza que expresan es que eso ocurra a la vuelta del verano si es que finalmente se esfuma la amenaza de una repetición electoral en Cataluña y si logran reconducir la relación con Junts pese a que Illa pueda ser president.
Son condicionantes para un nuevo curso político sobre el que Sánchez expresará esta semana públicamente sus expectativas si mantiene la tradición de comparecer en rueda de prensa antes del paréntesis veraniego.
Esa comparecencia no será al menos este lunes, como se había barajado en principio, y el martes, tras presidir la última reunión del Consejo de Ministros, se mantiene por el momento su declaración en Moncloa ante el juez Juan Carlos Peinado antes de trasladarse a Palma para el despacho de verano con Felipe VI.
El punto de arranque del nuevo curso será el 27 de agosto, cuando Sánchez volverá a reunir a sus ministros y ya con una incógnita desvelada: Illa president o convocadas nuevas elecciones en Cataluña.