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TRIBUNA

Ideologías

Juan José Vijuesca
miércoles 31 de julio de 2024, 19:35h

Hay tantas clases de ideologías como seres terrenales nos circundan. A pesar de todo ningún humano goza de control directo sobre el ideal de su credo hasta que la doctrina que dice defender le da la oportunidad de sacar tajada. Es la flaqueza de la especie y de ahí la debilidad de la carne que tanto juego da cuando el poder corrosivo abre las puertas a la tentación.

Hay mucho baile de salón por parte de quienes deben exigir a quienes incumplen la ley de mínimos. Libertades que se pierden, las mal llamadas democracias que se arrogan ante el poder omnívoro de un solo mandatario y hasta el plácet de presenciar como las dictaduras se fortalecen ante nuestras propias narices con el beneplácito de gobiernos, sin ir más lejos en el caso de Venezuela. Y me refiero a ello por el efecto contagio que venimos padeciendo en España merced a la falta de un proyecto cabal más allá de mantener la poltrona.

Venezuela transita como uno de esos coches de choque carente de control y a merced de los golpes de unos y de otros. El poder corrupto de quienes gobiernan haciendo apología del progresismo o del estado de bienestar es proporcional a la extrema izquierda con sus apetitos tan insaciables como demanda la ideología comunista y revolucionaria. Es decir, hambre y pobreza para el pueblo cuya identidad está marcada por el origen de lo políticamente infecto merced a sus regidores que así lo sustentan.

No descubro nada nuevo. Una y otra vez la libertad y la honradez viven en el claustro de la mentira y la subordinación de quien mueve los hilos de las tinieblas. Es la dictadura de banda ancha por donde transita a velocidad de crucero el sistema de control con sus tentáculos que todo lo observan y dominan. Es la libertad del racionamiento, de la palabra cercenada, de la rebeldía prohibida, de la franquiciada esclavitud. Y todo esto gusta a quienes van allí gozando del derecho de pernada para abrazarse y jalear junto a quienes se adueñan de la riqueza del pueblo a cambio del sometimiento y la inacción. Y lo llaman Revolución y hablan con pájaros y dioses de dudosa greña.

Es muy revelador que la argucia del poder sea proporcional a la lectura de unas actas que deberían ser fiel reflejo de la libre voluntad del votante, la transparencia del sufragio y la honradez e imparcialidad de todos los actores. Es decir, el bueno, bonito y barato de cualquier democracia que se precie en los ámbitos nacionales e internacionales. Sin embargo eso solo es el espíritu que no el hecho en sí cuando la dictadura venezolana, una vez más, se arroga al fraude electoral bajo sospecha de que ésta es la práctica habitual cuando la vidorra del señor Maduro y toda su cofradía ad ventum tiene fijado su plan de pensiones vitalicio en el Palacio de Miraflores. O sea, presunto pucherazo a babor y a estribor.

Los dictadores actúan como lo que son y en franca ideología comunista, como la de Venezuela, conviven con la única simiente de la maldad que no es otro catecismo que el de vaciar el país de libertades para conquistar, no solo las riquezas propias y ajenas, sino también ciscarse en la honrada población que en definitiva es la que padece la satrapía más abyecta del régimen bolivariano. Por cierto, país riquísimo con las mayores reservas de petróleo del mundo.

Y el siglo XXI se alimenta de estas dictaduras mientras hay voces que delinquen con solo expresarse en vocablos: «Han sido unas elecciones democráticas» «Ha ganado la voluntad del pueblo libre» Sin ir más lejos la vicepresidenta Yolanda Díaz, no ajena a su solidaria vinculación con el comunismo profundo ha invitado a «reconocer el resultado electoral» Así, tal cual; o sea, tan trasparente ella como sus encomiables lecciones del reparto equitativo entre los que cobran del bolsillo del contribuyente y los que no llegan a final mes.

Y claro, como olvidarnos del padre de los pobres José Luis Rodríguez Zapatero, que sin duda movido por su altruismo y llevado por las andas de su contemplación mariana, cambió su oficio de contador de nubes allá por tierras leonesas, por la de valedor de la caritativa obra del régimen chavista de Maduro para con su pueblo, que desde hace años diecinueve millones de personas necesitan ayuda humanitaria y el 26 % de los niños no acuden a la escuela, por no hablar del hambre, la persecución y la violación extrema de los derechos humanos.

Y nosotros esperando el santo advenimiento como si aquí fuéramos ajenos al contubernio mientras se cierne sobre España idéntico truco ideológico.

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