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DESDE ULTRAMAR

Mpox. No es cosa menor

Marcos Marín Amezcua
jueves 22 de agosto de 2024, 20:17h
En mal momento rebrota o se refuerza la llamada viruela del mono conocida ahora con el despistante nombre de Mpox, por aquello del «Monkeypox», literal viruela símica. México reporta hasta el martes 20 de agosto de 2024 a unos 53 casos y Ciudad de México, la que más.

La viruela símica a la que ahora endilgan el otro confuso nombre, es de temer, porque las enfermedades no tienen palabra y se ha advertido que sí puede ser mortal. Apenas medio salimos a tirones y empujones del COVID-19 con sus repuntes y cepas y como un lúgubre cuento de nunca acabar ya llegamos al Mpox.

Le pueden cambiar la denominación, como si trocarla aminorara sus efectos, aderezarla, edulcorarla si se prefiere, pero no podemos comportarnos con tal como si nada hubiéramos aprendido de la fatídica pandemia por COVID-19. Y me resulta catastrófico que se minimice a una y nos conduzcamos como si nada con esta otra.

Que sí, la OMS nos lo dice, los gobiernos lo repiten: la Mpox está controlada, vigilada, los riesgos calculados, se reitera el llamado a una prevención, pero el asunto de fondo es que ahí está el virus y nos comportamos como si nada, o eso parece.

Y en mal momento arrecia la fuerza de este padecimiento que incluye considerársele mortal. Y decimos que en mal momento ante el desacuerdo mundial –pese a los llamados desde 2021– a que los países concertaran un protocolo universal para afrontar pandemias que impidan esta vez sí, el retraso, la lentitud para encontrar una vacuna; y apenas el 31 de mayo pasado se alcanzó un muy sufrido acuerdo concluyendo ¡que sí se requiere elaborarlo! Menos mal. ¿Así o más timoratos?

Que tal protocolo si es necesario –¡qué novedad!– lográndolo admitir más con prisas que con certezas, advirtió, eso sí, que no había pretextos para no estar preparados ante inevitables futuras pandemias y henos aquí, ya con una rondando que amenaza serlo.

Yo no me siento seguro con este nuevo padecimiento. Remonos nos veremos si nos pilla sin acciones concretas, certeras, científicas que atajen la viruela del mono que desde 2022 insisten en llamarla Mpox.

A raíz del COVID-19 había un proyecto para que en un máximo de cien días desde que una pandemia fuera declarada, se respondiera contando con soluciones desafiantes y efectivas. Ha quedado en nada. Los mecanismos necesarios deben estar alerta para que, en caso de que esta emergencia sanitaria ya declarada por el OMS escale, se asuma de manera responsable, para que no pasase de ahí, de ser posible.

Acciones contundentes es lo que se necesita, no un informe de mayo pasado publicado en México para denostar al gobierno mexicano por su manejo de la pandemia de COVID-19, firmado más por opositores, médicos ligados sectores afectados por el actual gobierno al cancelarles jugosos negocios con los que lucraron siempre con la salud de los mexicanos y que con bata impostada de científicos, disfraz, ante todo, lo emitieron con deleznables tintes politiqueros, amañados y vergonzantes por pretender sacar raja política de los muertos y no ser una guía de acciones a efectuar o a prevenir pandemias. Pontificaron como si pudieran ofrecer un verdadero ejemplo contrastado de manejo eficaz de la pandemia. Mentirían citando alguno. Porque en 2020 no había sino dudas y desconocimiento de cómo hacerlo. Punto. Imposible ser distinto, porque nadie sabía la fórmula exacta. Han actuado mendaces los autores del tal desinforme, como si no hubiéramos vivido la pandemia recordando sus detalles y oyendo todos lo que no había, pretendiendo así, engañar hoy a la gente. Falaces.

Tal desinforme, es un trabajo que pinta más a político que a científico, más a elucubrar culpables a modo y denostaciones convenientemente políticas e irresponsables, que a plantear con claridad y prontitud oportunidades de actuación futura. Por cierto, acusa un exceso de mortandad y de ahí se basan para el bulo de que se ocultaron muertos por COVID-19 y descalifican las cifras oficiales –aportadas por todos los gobiernos de todos los signos políticos, lo olvidan, pese a pertenecer y simpatizar con algunos de ellos– queriendo solo señalar al gobierno nacional que no les simpatiza. Van, así, arguyendo que el gobierno federal no registraba de manera oficial todos esos muertos fallecidos entre que apareció la enfermedad y se supo a detalle que lo era. Reprochan no ser tildados de COVID-19. Explotan la ignorancia natural confundiéndola a modo y mañosos, con culpabilidad explotable para ellos políticamente, como pretenden con ruindad.

Pretenden sumar 500 mil muertos cuando se desconocía la causa real de su muerte a inicios de la enfermedad, pues la ciencia es clara y la ley también: debe asentarse certezas, lo que se sabe. Y no se sabía. Y no saber impide dar lugar a inventar que murieron por COVID-19 ante la carencia de evidencias científicas y solo porque les conviene creerlo. Necean con hacerlo. Qué ridículo: un informe científico apela a no ser científicos. Sea, pues. Si son serios, no caben expresiones tales como suponer, creer, sospechar o afirmar sin fundamento y lo hacen, como lo hacen porque les cuadra políticamente. Miserables. El desinforme en comento se calla deliberada y mañosamente que un médico serio no pondrá en su reporte una muerte no sabida o declarada oficialmente, inventándose lo que quiera consignar para que alguien se quede tan orondo y lucrando con esas muertes como los autores del desinforme, apartados completamente de la más elemental ética. ¡Ja! y se llaman científicos. ¿Qué hay mucha más gente finada y era por COVID-19? eso no lo sabrán ni lo sabremos a toro pasado. Los informes científicos deben ser eso, no golpeteo político como lo es tal.

La viruela símica no debe de minimizarse. El COVID-19 costó siete millones de personas fallecidas y 2 billones de dólares de los EE.UU. a la economía mundial. Y…¿aprendimos algo? Tengo severas dudas. El otro día, para no ir tan lejos, una alumna enfermó de COVID-19 y la reacción de la directora irresponsable y su asistente pedían casi, casi callarlo. Qué poco aprendieron de la pandemia y de la responsabilidad social de comunicar al colectivo cada caso, que de ninguna manera debe conducir a estigmatización. No cabe la menor duda. Aunque lo nieguen y minimicen quienes toman a chunga la pandemia anterior. Ominosos.

Como apostilla, quepa reconocer la tarea emprendida por el titular de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien declaró el 14 de agosto pasado como emergencia de salud pública de importancia internacional al Mpox y a quien le toca siempre bailar con la más fea. Solo recordemos que nadie se postuló para sustituirlo al final de su anterior mandato. Lo dejaron solo, viéndose impelido a quedarse.
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