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TRIBUNA

Faltan líderes

Juan José Vijuesca
miércoles 04 de septiembre de 2024, 19:38h

Por razón de orden social basado en el respeto con la vida y la dignidad de todos, a pesar de mi condición de creyente, confieso estar preparado para no poner la otra mejilla. Y eso no es una descortesía hacia la fe que profeso. Todo lo contrario. No creo en los líderes actuales a la vista de los resultados tan adversos en lo que a integración se refiere. Y aquí no queda otra que aplicar aquello de ‘a donde fueres haz lo que vieres’ y santas pascuas.

Tenemos ante nosotros la penosa y calamitosa corriente de la inmigración irregular que igual que nos llega nos invalida a la hora de darle sentido a la vida de quienes vienen sin rumbo fijo. Resultan grotescas las políticas de actuación en una Europa tan desnortada en sus políticas integradoras como ineficaces. Cada país elige un modelo y cada modelo hace lo propio con tal de arreglar el fiasco humanitario descontrolado. No hay criterio común y lejos queda aquello del «welcome refugees», y tanta estrujada campaña a modo de foto en el Opens Arms para irradiar al mundo entero que el paternalismo de ciertos países, sobre todo por parte del gobierno Sánchez, era poco menos que la entrada al pórtico del nuevo mundo. Error manifiesto teniendo en cuenta el fracaso de estas políticas tan erráticas como inexplicables por los resultados que se están dando, en buena parte por culpa del efecto llamada y que cada palo aguante su vela.

La vida humana es la única variable que tienen las personas para optar a una segunda oportunidad; ahora bien, nunca sobre la falsedad de un gesto postinero o de un presunto precio entre reservados pactos por vayan ustedes a saber el fondo de la cuestión. Todo menos el buenismo que han creado como estigma de nuevo valor en venta como si los españoles no supiéramos discernir entre hospitalidad bien entendida y el todo vale a cualquier precio.

Y en esas estamos cuando la auténtica integración no alcanza más que a unos pocos en proporción a los miles que arriban día tras día. Todo ello está sirviendo para blanquear lo deficitario de unos acuerdos basados en la disociación de la realidad que no sobre la eficacia de una directriz sólida como corresponde. Aquí en España las competencias del Estado llevan tiempo dándole la espalda al problema migratorio y sobre todo a la irregular manera de proceder. Son avalanchas de seres humanos ‘sin papeles’ que colapsan los propios medios humanitarios ya sean de primeros auxilios o demás ayudas de caridad. Después cada cual a buscarse la vida ante ese relativismo social como única esperanza de que un maná caiga del cielo y si te he visto no me acuerdo. Y a partir de ahí ¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde?

La crisis migratoria irregular ha explotado en España y también en el orden del día de otros países de acogida. Lo que otrora se pintaba como un idílico escenario para labrarse un futuro ha durado hasta que la convivencia se ha convertido en una panacea que en nada garantiza el progreso y la prosperidad de tantos hombres, mujeres y niños, ni siquiera para las sociedades de admisión integradora que ahora proceden a expulsar a los ilegales o a cuantos delincuentes andan aprovechando que todo el monte es orégano.

No creo en la supremacía de unos frente a otros, pero sí que hay ideas mejores que otras, más respetuosas con la vida y la dignidad de todos. De ahí que la tabla rasa de acoger a cientos de miles de personas, sin orden ni concierto, haya dejado de ser una solución humanitaria para convertir todo este dilema en esa especie de boomerang que a la postre desvanece el ímpetu de la generosidad y las buenas obras hacia los más necesitados.

A falta de líderes buenas son tortas y ahora mismo nos caen por todos lados, de manera que un servidor no piensa poner la otra mejilla. Pues eso.

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